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Mapa comercial imperio español

El mapa comercial del Imperio español

La explotación de América transformó el comercio europeo del siglo XVI. El centro de gravedad económico se desplazó desde los mares interiores del continente hacia el Atlántico
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En poco más de un siglo desde que Cristóbal Colón llegara a América en 1492, el Imperio español construyó el sistema comercial más poderoso del mundo. A través de potentes rutas marítimas que conectaban sus posesiones a ambos lados del Atlántico, la Monarquía Hispánica transportó valiosas mercancías fruto de la explotación de los recursos del Nuevo Mundo.

Apenas dos años después del comienzo de la colonización, el Tratado de Tordesillas estableció en 1494 el reparto del Atlántico entre las coronas de Castilla y Portugal. Se fijó una línea divisoria entre los polos que pasaría a 370 leguas —casi 1.800 kilómetros— de las islas de Cabo Verde. Las zonas al este quedarían bajo dominio portugués y las zonas al oeste bajo el castellano, lo que incluía vastos territorios en América. En la práctica supuso que el actual Brasil quedase bajo control de Portugal.

La expansión que siguió al tratado de Tordesillas fue sorprendentemente rápida: en poco tiempo los europeos habían circunnavegado América. Sin embargo, este dominio era en gran parte marítimo, y la colonización en toda su extensión sólo comenzaría hacia la mitad del siglo XVI. Con el sometimiento de los imperios precolombinos mexica, maya e inca, entre otros, el Imperio español amplió sus dominios desde la actual California hasta el río Biobío en Chile. Durante aproximadamente tres siglos, este vasto imperio fue el más extenso del mundo.

El apogeo de la Monarquía Hispánica se alcanzaría con la incorporación del Imperio portugués en 1580 bajo la Unión Ibérica, en tiempos de Felipe II. Esta ampliación geográfica del mundo conocido para los europeos tuvo un impacto significativo en términos de intercambio comercial y cultural, así como en las dinámicas políticas, económicas y demográficas del Viejo Mundo. 

Tanto es así que, para algunos historiadores, este punto de inflexión se ha bautizado como “la primera globalización”, un periodo marcado por la reducción de las distancias en el tiempo y el espacio y en el que Eurasia, África y América se conectaron por primera vez mediante rutas comerciales duraderas, generando una interconexión no solo comercial, sino también cultural. 

¿Qué es la globalización?

Una transformación económica y demográfica

La explotación de América transformó completamente la economía europea de la época. El centro de gravedad económico se desplazó desde los mares interiores de Europa, como el Báltico o el Mediterráneo, hacia el Atlántico; y los Estados ribereños del Viejo Continente, especialmente los reinos de Portugal y Castilla,  comenzaron a superar en importancia a los centroeuropeos. 

El flujo masivo de oro y plata de las minas de América, como las de Potosí en el Virreinato del Perú, enriquecieron a la Monarquía Hispánica. Sevilla se convirtió en el principal punto de entrada del oro a Europa.

Paralelamente, la ruta del Galeón de Manila, inaugurada en 1565, conectaba Asia con América a través del Pacífico y transportaba mercancías muy valiosas en Europa como seda, porcelana y especias, desde Filipinas hasta Nueva España —el actual México—. Esta ruta, que aportaba grandes beneficios económicos, se convirtió en un ejemplo de comercio global, facilitando el flujo de bienes de lujo a través de distancias geográficas considerables.

El intercambio colonial fue muy desigual. Abarcó la transferencia de plantas, animales, y sobre todo enfermedades, como la viruela o la tuberculosis. Esto último tuvo una influencia decisiva en el continente americano. La población indígena disminuyó de unos siete millones en 1500 hasta quedar solo unos 375.000 en 1860, según datos recogidos en “La Historia del mundo, un atlas” de Christian Grataloup

Por el contrario, la introducción de cultivos americanos en Europa supuso toda una revolución alimentaria. La patata fue el gran remedio contra las hambrunas y permitió un desarrollo demográfico sin precedentes en el Viejo Mundo.

A pesar de la abolición de la esclavitud indígena a través de las Leyes de Burgos, los trabajos forzosos y el sistema de encomienda persistieron. La necesidad de mano de obra llevó a la introducción de esclavos negros en América en 1501, bajo la autorización de Isabel I de Castilla.

El comercio de esclavos durante la Edad Moderna

El comercio de esclavos, también conocido cómo comercio triangular, comenzó a principios del siglo XVI. Se trataba de un proceso complejo que precisaba de la interacción de tres continentes: África proporcionaba esclavos que eran transportados a América, donde trabajaban en plantaciones y minas para producir productos como azúcar, tabaco y plata. Estos productos se enviaban de vuelta a Europa, y desde allí se exportaban al continente africano, completando el ciclo.

La demografía del imperio cambió drásticamente con el comercio triangular, la introducción de esclavos en América, el mestizaje previo y la migración de colonos europeos. Esta mezcla de poblaciones y culturas, en muchos casos forzosa, sentó las bases de la diversidad cultural que es hoy característica de América Latina.

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