¿Qué es el colonialismo?

Las potencias europeas fomentaron el colonialismo durante siglos con fines económicos, religiosos e ideológicos. Este sistema estableció rutas comerciales y permitió el intercambio de ideas, tecnologías y materias primas por el mundo a través del dominio y explotación de pueblos y territorios
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¿Qué es el colonialismo?
'Fundación de Santiago', por Pedro Lira Rencoret (1888). Fuente: Museo Histórico Nacional de Chile (Wikimedia Commons)

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El colonialismo es un sistema político y económico en el que un Estado o metrópoli domina y explota a otro pueblo denominado colonia. Se establece a través de la fuerza y conlleva componentes religiosos o ideológicos. Lo instalaron principalmente las potencias europeas sobre el resto del mundo entre los siglos XV y XX. Las metrópolis impusieron sus sistemas y estilos de vida sobre los pueblos colonizados, obstaculizando su participación en la administración de sus territorios o llegando a esclavizarlos. La descolonización del siglo XX puso fin a los grandes dominios coloniales y puso en evidencia su legado.

Un sistema para una nueva era

Aunque ya habían existido colonias por el mundo desde la Antigüedad, el colonialismo se considera desde la expansión europea a partir de los siglos XV y XVI. Europa estaba inmersa en las ideas del Renacimiento y el humanismo, que pretendían perfeccionar la cultura política y filosófica greco-latina. Tras la guerra de los Treinta Años, que enfrentó a las principales potencias del continente y terminó con la Paz de Westfalia de 1648, empezaron a consolidarse la identidad y los Estados modernos europeos. Ya en el siglo XVIII surgió el movimiento cultural e intelectual de la Ilustración, que defendía el uso de la razón y la lógica.

El colonialismo respondió a las necesidades del Viejo Continente en esos siglos de cambio. Las monarquías europeas, buscando recursos y mercados, se lanzaron a controlar nuevos territorios. La primera etapa del colonialismo dio inicio a la Edad Moderna, con exploraciones ultramarinas que buscaban nuevas rutas rumbo a Asia y que dieron lugar al descubrimiento de América en 1492. España y Portugal se dividieron el continente, que conquistaron y colonizaron para explotar nuevos mercados, expandir el cristianismo y reafirmar su superioridad. A estos nuevos imperios de ultramar se sumaron especialmente franceses, ingleses y neerlandeses, con colonias en América, Asia y Oceanía que también mantuvieron durante siglos.

Ya independizados la mayoría de los países americanos, la segunda etapa del colonialismo se dio en África. La Revolución Industrial y los nacionalismos en el siglo XIX fomentaban la competencia entre potencias europeas, que pasaron de las costas a adentrarse en el continente. En 1884 se celebró la Conferencia de Berlín, que fijó normas para explorarlo. Participaron más de una docena de potencias europeas, Estados Unidos y el Imperio otomano, y no hubo representación africana.

Tres tipos de colonialismo

Las metrópolis administraban sus colonias según sus intereses bajo un gobierno directo o indirecto. En ese sentido, pueden distinguirse tres tipos de colonialismo: de poblamiento, de explotación y de protectorados. En el colonialismo de poblamiento, la población indígena era escasa o aniquilada por enfermedades o por la autoridad imperial. Esto fomentó la migración de población colonizadora para repoblar el territorio. Un ejemplo fue el Imperio británico en los actuales Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

En el colonialismo de explotación, la metrópoli aprovechaba los recursos mineros o agrícolas, la mano de obra indígena y esclava, y controlaba las rutas comerciales. Dos ejemplos fueron las compañías británica y neerlandesa de las Indias Orientales, que explotaron los recursos de las actuales India e Indonesia, respectivamente. El Imperio español, por su parte, reunió características del colonialismo de poblamiento y de explotación.

Finalmente, el colonialismo de protectorados se dio en los países árabes y lugares donde ya existían imperios, estructuras políticas sólidas, culturas, lenguas y religiones asentadas. Esto impidió que asimilaran de ciertos principios occidentales. En los protectorados, la población local participaba en la política con una administración propia controlada por la metrópoli. Dos ejemplos fueron el protectorado francés y español en Marruecos y el protectorado británico sobre Egipto.

Las huellas del legado colonial

El colonialismo pasó a cuestionarse de forma general en el siglo XX. El principio de la autodeterminación de los pueblos y las guerras mundiales empujaron las ideas emancipadoras, en especial tras la Segunda Guerra Mundial. La ONU impulsó procesos de descolonización que revelaron brutalidades como las millones de muertes en el Congo belga. Aunque aún quedan territorios por descolonizar, el colonialismo dejó varios legados. Fue clave para la globalización mediante rutas comerciales y el intercambio de ideas, tecnologías y materias primas. Ese proceso aniquiló civilizaciones, dio paso a otras y reconfiguró territorios con fronteras arbitrarias. A la larga, también influyó en la desigualdad entre el Norte y el Sur global.

Asma El Kanfoudi

Madrid, 2000. Estudiante de Relaciones Internacionales en inglés por la URJC. Apasionada de las relaciones entre la Unión Europea, Asia, el Magreb y Oriente Próximo, las migraciones, la seguridad energética y la geopolítica.