¿Cuáles ciudades clave en Estados Unidos no son capitales?

En Estados Unidos no es usual que las ciudades más importantes de los estados sean sus capitales. En el fondo hay una razón histórica y otra de representación política
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¿Cuáles ciudades clave en Estados Unidos no son capitales?
Fuente: John-Mark Smith (Pexels)

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En Estados Unidos hay ciudades muy conocidas o que tienen un peso económico importante que no son las capitales de sus estados, como Nueva York, Los Ángeles, Chicago o Miami. En este país es infrecuente que la capital de los estados sea la ciudad más importante, algo que sí es habitual en el resto del mundo. Existen dos razones principales detrás de este fenómeno, una histórica y otra de representación política.

Capitales antiguas de Estados Unidos que perdieron peso

La primera razón es que las capitales se establecieron entre los siglos XVIII y XIX, cuando entonces sí eran ciudades más importantes o tenían alguna relevancia concreta. Por ejemplo, estar en el cruce de dos ríos navegables o en un nudo de ferrocarril. Con el tiempo, otras ciudades les adelantaron en peso poblacional o económico, pero las capitales de los estados no llegaron a mudarse. Es lo que ocurre en California, cuya capital es Sacramento, ubicada más al interior. Esta ciudad tuvo una importancia enorme durante la fiebre del oro del siglo XIX, pero con el tiempo languideció en favor de Los Ángeles, San Francisco o San Diego, en la costa del Pacífico.

La segunda razón de peso tiene que ver con la representación política, ya que Estados Unidos es un país bastante meticuloso con esa cuestión. Es una herencia de su independencia en tiempos de la Ilustración y de los preceptos de la época, desde la división de poderes hasta el republicanismo. Así, muchas capitales en el país buscan —o buscaban en su día— ser accesibles desde todo el territorio al que representaban y que los ciudadanos tardasen un tiempo parecido en poder llegar a ellas. Con ello buscaban evitar que determinadas zonas del estado se sintiesen abandonadas o que se privilegiase el acceso a una urbe concreta solo por tener mayor peso. Es el caso del estado de Nueva York, cuya capital no es la ciudad homónima sino Albany, situada en el cruce norte-sur y este-oeste más importante de la región.

El caso de Washington D. C.

Esta lógica se ha llegado a dar incluso a nivel nacional. Durante la guerra de Independencia de Estados Unidos la capital estuvo en distintas ciudades —allí donde se reunía el Congreso—, desde Filadelfia a Nueva York, pasando por Boston o Baltimore. Sin embargo, en su Constitución quedó clara la intención de que la futura capital del país estaría enclavada en un distrito especial, fuera de la jurisdicción de los estados federados. Esta idea se concretó entre finales del siglo XVIII y principios del XIX en la ciudad de Washington D. C., oficialmente Distrito de Columbia, creada de la nada para ese propósito. Esto último también lo harían Brasil (con Brasilia en vez de Río de Janeiro), Australia (Canberra en lugar de Melbourne), Nigeria (Abuya como reemplazo de Lagos) o Pakistán (Islamabad en vez de Rawalpindi).

En el caso de Estados Unidos, Washington D. C. pasó a ser la capital por una razón política. En 1770 los miembros del Congreso acordaron trasladar la capital, por entonces Nueva York, a un nuevo enclave federal. El presidente, George Washington, decidió dónde estaría la ciudad homónima: a orillas del río Potomac, cerca de otros puertos para facilitar la conexión transatlántica, y más próxima a los estados tanto del norte como del sur. Se trató de un compromiso en el que los federalistas renunciaban a su objetivo de colocar la capital en el río Hudson a cambio de sacar adelante un plan financiero para pagar la deuda estadounidense de la guerra de la Independencia, que terminaría en 1783.

Fernando Arancón

Madrid, 1992. Director de El Orden Mundial. Graduado en Relaciones Internacionales por la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Especialista y apasionado de la geopolítica.