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Desde hace una década China persigue internacionalizar el yuan para superar su dependencia del dólar. Sabe que Estados Unidos puede usar su divisa como arma, ya que todas las operaciones en esta moneda pasan en última instancia por la Reserva Federal. Las sanciones financieras contra Rusia son un ejemplo de cómo puede materializarse este poder: congelando las reservas del banco central o bloqueando los pagos internacionales en dólares. Este hecho y el avance de la guerra tecnológica han acelerado los planes chinos. Otros países siguen una línea similar, como Irán o la propia Rusia, que buscan alternativas al billete verde.
Sin embargo, aunque cada vez más voces alertan del fin del predominio del dólar y al yuan como potencial sucesor, los datos reflejan una realidad muy distinta. Casi un año después de la invasión rusa de Ucrania, el yuan representa el 2,4% de los pagos globales frente al 42,3% del dólar, que se usa en el 50% de los préstamos y en el 90% de todas las operaciones de divisas. Es decir, el poder del billete verde sigue siendo aplastante. En el fondo nadie quiere dejar de usarlo ni tiene el poder para sustituirlo.
Todo el mundo quiere dólares, incluida China
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