La batalla de Berlín: cuando el Ejército Rojo derrotó a los nazis

Tras dos semanas de combates, el Ejército Rojo tomó el centro de la Alemania nazi y puso fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa. Su victoria en la batalla de Berlín propició el suicidio de Hitler y el colapso del Tercer Reich
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La batalla de Berlín: cuando el Ejército Rojo derrotó a los nazis
Tanques soviéticos de espaldas a la Puerta de Brandeburgo, en Berlín, en mayo de 1945. Fuente: Biblioteca de Nériungri (Wikimedia Commons)

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La batalla de Berlín, librada del 16 de abril al 2 de mayo de 1945, fue la última gran batalla de la Segunda Guerra Mundial en Europa, que terminó con la derrota de la Alemania nazi. Los primeros años de la guerra, en cambio, habían sido un éxito para el Tercer Reich. Entre septiembre de 1939 y junio de 1941 se extendió desde Berlín hacia Polonia y Francia sin apenas oposición. Sólo el Reino Unido aguantó las embestidas de la Wehrmacht en la primera fase del conflicto. En pleno apogeo, Adolf Hitler decidió comenzar la operación Barbarroja contra la Unión Soviética, pero esa ofensiva supuso el principio del declive alemán. Los nazis, que habían previsto una invasión rápida, se vieron atrapados por las dificultades climatológicas y la feroz resistencia del Ejército Rojo. Incapaces de tomar Moscú, las fuerzas alemanas tuvieron que retroceder.

Hitler reformuló su estrategia con la operación Azul en junio de 1942. Su nuevo objetivo eran los campos petrolíferos del Cáucaso, al sur de Rusia, pero las tropas alemanas volvieron a naufragar en la batalla de Stalingrado, la más mortífera de la guerra. La nueva debacle precipitó su derrota en territorio soviético. En un intento desesperado por revertir la situación en el frente oriental, los nazis emprendieron la operación Ciudadela en 1943. Sin embargo, la invasión aliada de Sicilia trastocó los planes de Hitler, que tuvo que enviar gran parte de su contingente al sur de Italia. Esa retirada facilitó la contraofensiva soviética que culminaría en 1945 en la batalla de Berlín.

El avance imparable del Ejército Rojo

El éxito de Iósif Stalin en la batalla de Kursk acabó con las esperanzas nazis de conquistar la URSS. Desde entonces, el avance de las tropas soviéticas por el este fue imparable. El desembarco aliado en Normandía en junio de 1944 propició que el Ejército Rojo diera comienzo a la operación Bagration. La ofensiva soviética en el flanco oriental impidió a los alemanes enviar sus divisiones a Francia para contener el ataque de los Aliados. Tras esta acción militar, la Wehrmacht se replegó hasta Berlín. La capital alemana representaba la joya de la corona para Stalin. Después de contener las acometidas nazis, conquistar el corazón del Tercer Reich tenía una importancia tanto bélica como simbólica para el líder comunista.

El Ejército Rojo comenzó a marchar hacia Berlín y traspasó la frontera alemana en enero de 1945. En apenas tres semanas, sus tropas recorrieron el vasto territorio entre los ríos Vístula y Óder, a unos 65 kilómetros de la capital alemana. Los soviéticos, no obstante, detuvieron su avance ante la operación Solsticio de los nazis en febrero, también conocida como la batalla de tanques de Stargardt, que aplazó la batalla de Berlín.

La batalla de Berlín y el colapso del Tercer Reich

El Tercer Reich, sin embargo, no aprovechó la tregua de la URSS para preparar las defensas de su capital. Hitler estaba convencido de que el objetivo de Stalin era Hungría, donde se encontraban los últimos pozos petrolíferos alemanes. Además, los jerarcas nazis temían adoptar cualquier medida que desatara el pánico en la ciudad. La escasa defensa facilitó el avance soviético hacia Berlín el 16 de abril de 1945.

Desde su búnker, Hitler ordenaba resistir a toda costa. Creía que la defensa de la capital tumbaría al Ejército Rojo y cambiaría el curso de la guerra. Sus esperanzas pasaban por que el general Wenck, que batallaba contra los Aliados en el sur de Alemania, socorriera a Berlín y estableciera un corredor con el resto del Reich. Sin embargo, los pocos recursos hacían imposible la misión y la capital alemana estaba condenada a caer.

El hundimiento del Tercer Reich llevó a Hitler a suicidarse el 30 de abril en su búnker junto a su novia, Eva Braun. Tres días después, la bandera de la URSS ondeaba en la capital. La batalla de Berlín dejó cerca de 80.000 soldados soviéticos fallecidos y unas 50.000 bajas alemanas, y significó el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Después del conflicto, los líderes de Francia, el Reino Unido, Estados Unidos y la URSS se repartieron la ciudad en la Conferencia de Yalta. De este modo, Berlín pasaría a simbolizar el telón de acero que separó al bloque capitalista del comunista durante décadas en la Guerra Fría.

David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.