La cita olímpica que cada cuatro años reúne a los mejores atletas del mundo se remonta al 6 de abril de 1896. Aquel día, los reyes de Grecia inauguraron los primeros Juegos Olímpicos modernos en el estadio Panathinaikó de Atenas. Inspiradas en las justas de la antigua Grecia, fueron las primeras Olimpiadas en quince siglos.
Los antiguos griegos celebraban los Juegos en honor a Zeus, dios supremo de la mitología helena. Comenzaron en el 776 a. C. y reunían a atletas de toda Grecia en el santuario de Olimpia. Participaban varones libres y durante las doce primeras ediciones solo existió la prueba de la carrera a pie del stadion, una especie de maratón. Con el tiempo se añadieron diecisiete pruebas, que se repartieron en cinco días. En total, los griegos celebraron 293 olimpiadas consecutivas, hasta que el emperador romano Teodosio I las prohibió en el año 393 por considerarlas una fiesta pagana.
Los primeros Juegos Olímpicos modernos
Si los Juegos Olímpicos volvieron a celebrarse fue gracias al barón francés Pierre de Coubertin. Como pedagogo, a Coubertin le interesaba el papel del deporte en la educación y la confraternización de la juventud mundial, por lo que en 1894 propuso restaurar las Olimpiadas en el Congreso Atlético Internacional de París. La idea era reunir a atletas de todas partes y promover la paz y la convivencia entre los pueblos, igual que los Juegos antiguos.
Para ello, Coubertin reunió a los representantes de los once países que integraban el Congreso y juntos crearon en 1894 el Comité Olímpico Internacional (COI), que retomaría la cita cuatrienal. El COI acordó que los deportistas tendrían que ser aficionados y que el dinero por la venta de entradas sería para las sociedades de los atletas. Coubertin creía que el amateurismo olímpico y el deporte sin ánimo de lucro propiciarían unos Juegos pacíficos, apolíticos y democráticos.
El entusiasmo de Coubertin y la labor del COI resultaron en los primeros Juegos Olímpicos modernos, que se celebraron en Atenas entre el 6 y el 15 de abril de 1896 ante unos 80.000 espectadores. A la cita acudieron 241 atletas varones de catorce países, la mayoría europeos, que compitieron en diez deportes distintos. El primero en coronarse fue el estadounidense James Connolly, que ganó el triple salto, y destacó el griego Spyridon Louis, que ganó la prueba más simbólica de los Juegos, la maratón, con más de siete minutos de ventaja.
Las Olimpiadas, del sueño de Coubertin al mundo globalizado
Desde que Atenas acogiese las primeras Olimpiadas modernas, los Juegos han cambiado. En 1900 se admitió la participación de atletas femeninas y con el tiempo se han sumado países y deportes. La edición de Tokio 2020, aplazada un año por la covid, concentró a 11.711 atletas de más de doscientos países, que se enfrentaron en 47 deportes. Además, desde 1924 se celebran los Juegos Olímpicos de Invierno como complemento a los de Verano.
No obstante, poco queda de las Olimpiadas concebidas por Coubertin. Desde que el español Juan Antonio Samaranch dirigió el COI entre 1980 y 2001, los Juegos Olímpicos se han convertido en un negocio mundial que admite a deportistas profesionales. En apenas veinte años, los ingresos del COI por derechos de televisión pasaron de 88 millones de dólares en 1980 a más de 1.331 millones. Ahora cada ciclo olímpico genera cerca de 5.700 millones.
Entretanto, los Juegos no han conseguido alejarse de la política, como también pretendió Coubertin. En la primera mitad del siglo XX se suspendieron por las dos guerras mundiales, que rompieron la llamada tregua olímpica internacional, y en 1936 Adolf Hitler los utilizó para difundir propaganda nazi. Más adelante, durante la Guerra Fría, se convirtieron en un elemento de confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que boicotearon respectivamente las Olimpiadas de Moscú 1980 y Los Ángeles 1984. Washington, por su parte, retomó la medida en 2022 con el boicot a los Juegos de Invierno en Pekín.