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2022 fue un año de cambio político en América Latina. La región consumó su giro hacia la izquierda tras un periodo de mayoría conservadora. Gabriel Boric asumió como presidente de Chile en marzo, Gustavo Petro obtuvo una victoria histórica en Colombia en junio y Lula da Silva retornó al poder en Brasil tras derrotar a Jair Bolsonaro en octubre. Las cinco principales potencias de la región —Brasil, México, Argentina, Colombia y Chile— están gobernadas por fuerzas de izquierda por primera vez en la historia.
Sin embargo, esta ola progresista viene en un contexto muy diferente al de principios de siglo con la marea rosa. América Latina atraviesa un periodo de polarización política e inestabilidad por la crisis económica y el aumento de la pobreza. El panorama puede golpear a estos Gobiernos en 2023. Mientras tanto, Venezuela volvería a la escena regional e internacional gracias a su petróleo, los diálogos con la oposición y el apoyo al proceso de paz entre Colombia y la guerrilla del ELN.
Un supuesto giro a la izquierda
América Latina comienza el 2023 con una mayoría de Gobiernos de izquierda. Una reconquista consumada en los últimos años a la ola conservadora de la década pasada. Sin embargo, estas victorias están lejos de demostrar una tendencia progresista y esconden el auge de la extrema derecha en la región y una alta polarización. El ejemplo más claro es Perú.
La caída de Pedro Castillo tras haber intentado cerrar el Congreso ha sido el culmen de una guerra constante entre ambos poderes. Su destitución y detención no aliviará en 2023 la crisis política que arrastra el país. La exvicepresidenta Dina Boluarte, ahora en el poder, es rechazada por los seguidores de Castillo y por la oposición de derecha. Su Gobierno sufrirá la inestabilidad por las protestas en distintas regiones y los pedidos de elecciones. La pregunta no es tanto cómo gobernará, sino hasta cuándo.
Brasil no se queda atrás. Lula ha vencido por la mínima en un país fracturado entre sus seguidores y los de Bolsonaro. Con la difícil situación económica y un Congreso de mayoría de derecha, su Gobierno tendrá difícil retomar las ayudas sociales a los más pobres e impuestos a los más ricos, reforzar la defensa del medioambiente o proteger a las minorías étnicas. Además, miles de bolsonaristas se niegan a reconocer los resultados de las elecciones y le han pedido un golpe de Estado al Ejército.
Por su parte, Argentina vivirá elecciones en octubre en medio de la polarización política y una crisis económica e inflacionaria difícil de combatir. La izquierda tiene el reto de remontar unas encuestas que de momento gana el expresidente conservador Mauricio Macri y que auguran un ascenso del ultraderechista libertario Javier Milei. El peronismo, además, acudirá debilitado por sus divisiones internas y sin su mayor baza, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, condenada por corrupción.
En Chile, la polarización se centra en la elaboración y aprobación de una nueva constitución. El proceso quedó estancado el pasado septiembre tras el rechazo de la primera propuesta, de marcado carácter progresista. En mayo se votará el Consejo Constitucional encargado de redactarla, un voto que podría ser conservador para castigar a Boric, y en noviembre tiene que estar lista para un nuevo plebiscito. Sea cual sea el nuevo texto, y si se aprueba, puede avivar la controversia entre sectores políticos insatisfechos.
Pobreza y migración como realidades crónicas
Detrás de la polarización política en América Latina hay indicadores económicos y sociales que golpean a la población. El PIB regional cayó casi un 7% durante la pandemia de la covid-19, y tras esta crisis ha experimentado un estancamiento económico y la mayor inflación en dos décadas. La previsión de crecimiento para estos países, la mayoría economías en desarrollo, será de solo el 1,7%. Un dato que está detrás del 32% de pobreza y el 13% de extrema pobreza en la región.
Los países más afectados son Venezuela y Argentina, aunque gran parte de las monedas latinoamericanas están devaluadas. En El Salvador, que en 2021 hizo oficial el Bitcoin como moneda, el desplome de la criptomoneda y el vencimiento de su deuda pueden llevarle al impago en enero y a una crisis tras perder millones de dólares. Esta pobreza y la violencia son los motivos principales de miles de personas para seguir migrando a Estados Unidos. Para ello será fundamental el futuro del Título 42, un decreto de Donald Trump por razones sanitarias a raíz de la pandemia que permite expulsar migrantes sin dejarles pedir asilo. La Corte Suprema ha impedido derogarlo, alargando el drama humanitario.
Solo en 2022, 200.000 migrantes cruzaron el tapón del Darién entre Colombia y Panamá, y más de 2,7 millones fueron detenidos en la frontera sur de Estados Unidos. Estas personas tendrán que lidiar en 2023 con normas migratorias más duras en los países centroamericanos y en México, y con la violencia de los grupos armados ilegales que se lucran gracias a su situación.
¿Vuelve Venezuela al panorama internacional?
Otra coyuntura a seguir en América Latina en 2023 será la posible vuelta de Venezuela a la política regional e internacional tras años de aislamiento. Las victorias de líderes progresistas le han permitido empezar a normalizar relaciones con países fronterizos como Colombia o Brasil, que hasta la victoria de Petro y Lula le habían aislado. Un ejemplo es la reapertura de la frontera colombiana o la participación de Caracas como anfitriona en el proceso de paz entre Colombia y la guerrilla del ELN, la segunda guerrilla más potente de la historia en Colombia, que no se acogió al acuerdo de paz con las FARC de 2016.
Además, la guerra de Ucrania ha hecho que Venezuela vuelva a ser un país atractivo por sus hidrocarburos. Gestos como la promesa del presidente francés Emmanuel Macron de hablar con Maduro en la COP 27, la vuelta de la petrolera estadounidense Chevron o el alivio de sanciones son el inicio de una normalización de las relaciones de Venezuela con Occidente. Para ello será fundamental el papel del Gobierno de Nicolás Maduro en el exterior. La vuelta a las negociaciones con la oposición son vitales, y le conviene que esta vez salgan adelante para legitimarse dentro y fuera del país.