Afsoon Najafi, premio Sájarov: “El velo es un símbolo contra el régimen de Irán”

Las activistas Afsoon Najafi y Mersedeh Shahinkhar recibieron el premio Sájarov de derechos humanos por denunciar la represión en Irán. Pese a que la República Islámica ha contenido las protestas, defienden la fuerza de su movimiento Mujer, Vida, Libertad y exigen sanciones contra los máximos dirigentes del país.
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Afsoon Najafi, premio Sájarov: “El velo es un símbolo contra el régimen de Irán”
Afsoon Najafi durante la entrevista.

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“El velo es sólo un símbolo de un movimiento mayor por la libertad y contra el régimen”. Son las palabras de Afsoon Najafi, activista por los derechos humanos en Irán, que habló con El Orden Mundial en Estrasburgo el pasado diciembre. Najafi y otra activista, Mersedeh Shahinkar, recogieron el premio Sájarov en nombre del movimiento Mujer, Vida y Libertad. Este premio del Parlamento Europeo a quienes luchan por los derechos humanos también fue otorgado de forma póstuma a Jina Mahsa Amini, a quien la “policía de la moral” iraní asesinó en 2022 por no llevar el velo islámico obligatorio.

La muerte de Amini provocó un estallido de rabia que pronto se extendió por todo el país. Miles de mujeres salieron a protestar, quitándose el velo y cortando sus cabellos, al grito de “muerte al dictador” y “mujer, vida y libertad”. El lema, acuñado por las feministas kurdas, ha pasado a representar todo un movimiento feminista y antirrégimen en Irán. Sin embargo, tras más de un año de protestas que han canalizado el descontento social, Teherán ha reforzado la represión, encarcelando, matando y forzando al exilio a iraníes como Najafi y Shahinkar.

 “La República Islámica se ha vuelto más descarada”

Afsoor Najafi y Mersedeh Shahinkar saben lo que es sufrir la represión del líder supremo Alí Jamenei. Najafi perdió a su hermana, Hadis Najafi, en las protestas contra el régimen. Fue asesinada por las fuerzas de seguridad. No les devolvieron el cuerpo hasta que firmaron un documento por el que afirmaban que la chica había muerto por causas naturales. Por su parte, Shahinkar perdió la visión de un ojo tras ser disparada durante una protesta. “Creo que tengo el derecho a manifestarme”, defiende. “Conocía los riesgos, pero nunca piensas que te va a pasar algo. Sales a protestar con esperanza, buscando un objetivo”.

Sin embargo, ambas aseguran que “sólo son un ejemplo más” dentro de la oleada de represión que ejerce el régimen iraní. “La República Islámica se ha vuelto más descarada en sus actos, en su represión, en su comportamiento y en su opresión. Pero como no responden ante nadie, nadie los hace responsables por sus actos”, añade Najafi. Sin ir más lejos, hace apenas dos meses murió otra joven iraní, Armita Geravand. Se cree que la policía de la moral la había agredido en el metro por no llevar bien el velo. 

Según Amnistía Internacional, miles de iraníes han sido detenidos o procesados injustamente en el último año. Cerca de 16.000 sólo en las primeras semanas de manifestaciones, donde además se estima que murieron 481 personas. Muchas son detenciones arbitrarias de perfiles críticos o sospechosos, donde no se garantiza el derecho a la defensa y los detenidos pasan semanas o meses incomunicados y son torturados para que admitan su culpabilidad. A esto se suman los centenares de condenados a muerte relacionados con las protestas. Cuatro hombres ya han sido ejecutados: Mohsen Sehraki, Majidreza Rahnavard, Mohamad Mehdi Karami y Mohamad Hoseini, acusados de haber atacado a miembros de las fuerzas de seguridad y milicias subordinadas de la Guardia Revolucionaria.

“El movimiento sigue fuerte”

La reacción de las autoridades iraníes ha conseguido disminuir las manifestaciones y exiliar a activistas como Shahinkar y Najafi. No obstante, Najafi afirma que “el movimiento Mujer, Vida, Libertad no se ha vuelto menos intenso o menos activo, pero los métodos han cambiado. Inicialmente, los iraníes se manifestaron en las calles y muchos fueron asesinados, ejecutados, arrestados o secuestrados. Pero el movimiento sigue fuerte y las protestas continúan de diferentes maneras”. Algunos ejemplos son las mujeres que salen a la calle sin el velo bien colocado o los estudiantes que rompen la segregación por sexo de las cantinas universitarias comiendo juntos en la calle. Aun así, el régimen sigue reprimiendo manifestaciones esporádicas, como las del aniversario de la muerte de Amini el pasado septiembre.

Estos últimos meses, el mundo parece haberse olvidado de Irán. Conflictos como el de Israel y Palestina copan la atención mediática. Najafi, aunque lamenta la muerte de inocentes palestinos e israelíes, admite que “esto desde luego ha provocado que el movimiento iraní tenga una plataforma menor para denunciar las atrocidades constantes en Irán y la pérdida de vidas durante las protestas”. El premio Sájarov busca precisamente revertir esta tendencia. Para el eurodiputado socialdemócrata alemán Udo Bullmann, miembro del subcomité de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, presente en el seminario para medios sobre los premios el día de su entrega, este reconocimiento a las activistas iraníes es una “llamada a actuar”. 

“Hay que tratarlos como ellos tratan a su pueblo”

Con todo, Najafi defiende que las promesas “tienen que pasar a la acción”. Las dos activistas piden más mano dura internacional. Exigen que más países califiquen de grupo terrorista a la Guardia Revolucionaria de Irán, encargada de defender la República Islámica y brazo ejecutor de la represión, algo que ya hace Estados Unidos. También piden sanciones contra los líderes del régimen y sus familiares: “Hay que tratarlos como ellos tratan a su pueblo, por lo que habría que retirarles sus visados e impedir que sus hijos puedan estudiar en el extranjero”. Esta falta de sanciones personales contrasta con las sanciones económicas que impusieron estadounidenses y europeos por el programa nuclear iraní desde 2006, como el embargo de su petróleo y la desconexión del sistema interbancario Swift. Estas medidas impactaron sobre el PIB, el empleo y la inflación iraníes, pero no amenazaron la continuidad del régimen. 

La fuerza del movimiento Mujer, Vida, Libertad parece contradecir esa noción. Las protestas han demostrado ser un movimiento amplio y transversal, ya que une a mujeres y hombres, pero también a persas, kurdos y baluchis. La fuerza de las manifestaciones y la respuesta del régimen de Jamenei revivieron las comparaciones con el pasado revolucionario de Irán, especialmente con la revolución de 1979 que derrocó el régimen del sah por el modelo actual. Sin embargo, el potencial transformador de las revueltas pronto fue aplastado. Al contrario que en 1979, la República Islámica tiene un mayor control de la fuerza y de la propaganda, así como un sector más amplio de estómagos agradecidos e instituciones dependientes para sobrevivir. 

Aun así, las revueltas del último año ponen de manifiesto el descontento de buena parte de la sociedad iraní. En especial de los más jóvenes, el activo más valioso de la economía del país y el más propenso a exiliarse o migrar. El rechazo al régimen aumentará de forma proporcional a la represión. Aunque no tengan un efecto inmediato, las protestas evidencian un deterioro del sistema que hace peligrar su continuidad a medio o largo plazo. Por el momento, el movimiento Mujer, Vida y Libertad seguirá protestando porque “es lo único que puede hacer”, para lograr lo que Mersedeh Shahinkar y Afsoon Najafi expresan en pocas palabras: “La libertad. Una vida normal”.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.