Un nuevo Gobierno y viejos desafíos para Kosovo

Tras unas elecciones parlamentarias anticipadas, Kosovo se enfrenta de nuevo a un futuro político incierto. En el aspecto internacional, el diálogo con Belgrado para obtener el reconocimiento de este último y las relaciones con los socios europeos colmarán la agenda política exterior. Sin embargo, mejorar el sistema sanitario o educativo continuarán siendo una demanda constante de la ciudadanía en política interior. ¿Podrá el nuevo Gobierno en Pristina hacer frente a estos viejos retos?
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Un nuevo Gobierno y viejos desafíos para Kosovo
Fuente: Christie R. Smith

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El 6 de octubre, los kosovares acudieron a las urnas para elegir la composición del nuevo parlamento y votar por el nuevo primer ministro durante los próximos cuatro años. Este afrontará una serie de retos que llevan presentes en la política kosovar desde la independencia del país en febrero de 2008. El diálogo enquistado con el antiguo Estado matriz, Serbia, seguirá siendo de absoluta prioridad en el ámbito internacional, así como la integración en la Unión Europea. A esto último habrá que añadir las mejoras en política social para revertir la situación de precariedad laboral —con unos niveles de desempleo extremadamente altos—, un sistema educativo y sanitario deficiente y la lucha contra la contaminación en las grandes ciudades. 

Los resultados de las elecciones han dejado un panorama político muy polarizado, donde los partidos de la oposición han sido los principales ganadores de estos comicios. Ninguna de las fuerzas políticas ha podido conseguir una mayoría clara que les permita formar un Gobierno en solitario. El partido vencedor de las elecciones, el partido nacionalista albanés Vetëvendosje (LVV), necesitará apoyo externo para formar gobierno, y parece que el segundo clasificado, la Liga Democrática de Kosovo (LDK), aceptará las condiciones del primero para poder entrar en el Ejecutivo y gobernar en coalición. Por otro lado, las otras tres fuerzas políticas principales, el Partido Democrático de Kosovo (PDK), Alianza para el Futuro de Kosovo (AKK) y NISMA, que gobernaron en coalición en la última legislatura, han pagado el desencanto de la ciudadanía por las promesas no cumplidas y no podrán formar Gobierno juntas. Si se confirma la coalición LVV-LDK, sería la primera vez que Kosovo es liderado por un partido de izquierdas, y también la primera vez que el PDK no entra en el gobierno desde el final del conflicto. 

El partido nacionalista y de izquierdas Vetëvendosje ha ganado las elecciones parlamentarias en Kosovo con una diferencia de menos de seis mil votos respecto al segundo, la Liga Democrática de Kosovo. Fuente: Europe Elects.

En cualquier caso, habrá que esperar para ver si el nuevo Ejecutivo en Pristina cumple el cuatrienio de mandato marcado por la Constitución de la antigua provincia serbia. Los cuatro últimos Gobiernos cayeron por mociones de censura que tuvieron mucho que ver con la inestabilidad política interna del país. Sin embargo, la celebración de las quintas elecciones en doce años no parece ser un problema exclusivo de la región balcánica, ni mucho menos, ya que existen países dentro la UE como España que están a las puertas de volver a las urnas por sexta vez en once años.

En el caso kosovar, la convocatoria de estos comicios ha estado relacionada con el conflicto que asoló la región a finales de la década de 1990. La citación del antiguo primer ministro Ramush Haradinaj, alias Rambo, para testificar en calidad de sospechoso en el Tribunal especial para Kosovo condujeron a la dimisión de éste el 19 de julio de 2019. Su salida desembocó en una moción de censura y la celebración de estas últimas elecciones. Por otro, si se confirma la imputación por crímenes de guerra, sería la tercera vez que el antiguo líder del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) hace frente a estas acusaciones, pero la primera ante el recién creado Tribunal especial para Kosovo, un órgano judicial localizado en la ciudad neerlandesa de La Haya que goza de una pésima reputación en la comunidad albanesa de Kosovo, pues investiga únicamente los crímenes cometidos por el UCK durante el conflicto.

Para ampliar: “Kosovo y Serbia: enterrando los fantasmas de los Balcanes” Pol Vila en El Orden Mundial, 2018

Belgrado y Pristina, vecinos condenados a entenderse

El próximo primer ministro heredará el sempiterno litigio entre Kosovo y Serbia por el reconocimiento internacional de la independencia del primero. Las relaciones entre los dos vecinos se encuentran en horas bajas desde que Pristina decidiese imponer aranceles del 100% a todos los productos serbios y bosnios. Este golpe a la economía serbia —e indirectamente también a la kosovar—, en respuesta a la campaña serbia para evitar el acceso de Kosovo a organismos internacionales, ha detenido el diálogo auspiciado por la Unión Europea entre Pristina y Belgrado.

Es de prever que el proceso de normalización de las relaciones entre los dos vecinos no se pondrá en marcha de nuevo hasta finales de año, o incluso mediados de 2020, una vez se hayan celebrado elecciones parlamentarias en Serbia. El Ejecutivo serbio, liderado por Aleksandar Vučić, prometió no volver a sentarse en la mesa hasta que se retiraran los aranceles, mientras que Kosovo, por su parte, ha exigido el reconocimiento de Belgrado para eliminar los aranceles. Si LVV se hace con el poder, es muy probable que se retiren los aranceles, pero también muy plausible que se apliquen otras medidas de retorsión en contra de Belgrado. Albin Kurti, líder de LVV y posible futuro primer ministro, ha sido muy crítico con las concesiones del antiguo Ejecutivo a la parte serbia. 

En lo que a las relaciones con Belgrado se refiere, no parece que el nuevo Gobierno kosovar tenga prisa en sentarse con Vučić para resolver el litigio enquistado. Además, es muy poco probable que la controvertida idea del intercambio de territorios entre los dos países vuelva a ponerse encima de la mesa. Tanto LVV como LDK han mostrado su negativa a dicho acuerdo, que dígase de paso, goza de una popularidad muy escasa en todo Kosovo. No obstante, mientras no haya reconocimiento por parte de Belgrado, el asiento de Kosovo en las Naciones Unidas permanecerá bloqueado. El enfriamiento de las relaciones entre los dos Estados balcánicos tiene lugar en medio, además, de una exitosa operativa diplomática serbia que ha conseguido reducir el número de países que reconocen a Kosovo

Reunión entre el presidente de Kosovo Hashim Thaçi, la alta representante de la UE Federica Mogherini y el presidente de Serbia Aleksandar Vučić, de izquierda a derecha, en el marco del proceso de normalización de las relaciones entre Kosovo y Serbia, en junio de 2017. Fuente: EEAS

En medio de esta incertidumbre política, la comunidad internacional ha aumentado el foco de importancia en el pequeño país balcánico. Estados Unidos, aliado acérrimo de Kosovo, parece dispuesto a apostar para llevarse el reconocimiento de resolver el conflicto entre Belgrado y Pristina. Trump no solo ha designado a un nuevo enviado especial para los Balcanes, sino que también ha nombrado a Richard Grenell, actual embajador de EE. UU en Alemania, como enviado especial para el diálogo entre Pristina y Belgrado. Este nombramiento tendrá que trabajar codo con codo con el próximo alto representante de la UE, Josep Borrell, que será el encargado de amparar el proceso de normalización de las relaciones entre las dos partes.

El antiguo líder socialista ya mencionó en octubre de 2019 que el acuerdo entre los dos países balcánicos será el objetivo principal de su mandato, y por tanto, su primera visita oficial en su nuevo cargo será a Pristina. Aunque las relaciones entre EE. UU. y la UE no pasan por su mejor momento, ambas coinciden en un punto: Kosovo debe retirar los aranceles comerciales para restablecer relaciones con Serbia. Sin embargo, en Kosovo se viene teniendo un cierto desapego a lo dictado por la UE, donde algunos de los países miembros siguen bloqueando la liberalización de visados para los ciudadanos kosovares, después de años de promesas fallidas. 

Encauzar las relaciones con Belgrado será una tarea primordial para el nuevo Ejecutivo kosovar. No obstante, se espera que el Gobierno que se forme en los próximos meses intente de una vez por todas zanjar las preocupaciones más importantes de la ciudadanía, entre las que no está ni mucho menos la normalización de las relaciones con Serbia, sino la alta tasa de desempleo, la corrupción, el nepotismo y unos sistemas sanitarios y educativos deficientes, que no cubren las necesidades básicas de los kosovares. Si Kurti acaba formando Gobierno tendrá cuatro años para poner en marcha las políticas sociales que viene predicando desde hace años. Si fracasa, el pueblo kosovar habrá perdido todas las ilusiones con la clase política. 

Pol Vila

Madrid, 1993. Grado en Relaciones Internacionales por la URJC y Máster en Derechos Humanos por el Instituto de Estudios Políticos de París. Aquí escribo sobre los Balcanes y justicia internacional.