Cuando el escritor estadounidense Ingersoll Lockwood escribió la serie de libros de Baron Trump, nunca pensó que más de un siglo después sus historias sobre un niño arrogante alimentarían la teoría conspirativa de que Donald Trump es un viajero en el tiempo. Para algunos usuarios de redes sociales, las aventuras del pequeño Baron y el país que narran esconden paralelismos evidentes con el actual presidente. El libro no sería una ficción: los planes del republicano para Estados Unidos se vendrían cocinando desde entonces.
Más allá de la anécdota, Donald Trump no necesita una máquina del tiempo para parecerse a los políticos del siglo XIX. Su visión de la política exterior, muy centrada en la expansión territorial y la competición geopolítica, así como sus reformas internas, en las que grandes empresarios como Elon Musk ganan poder, recuerdan al contexto de ese siglo. Un viaje al pasado que amenaza con recortar derechos y aumentar las desigualdades en Estados Unidos, pero también con destruir un orden internacional liberal ya debilitado.
El regreso del imperialismo clásico
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