La “estrategia del puercoespín”: así se defenderá Taiwán ante una invasión china

Taiwán busca convertirse en una presa imposible de tragar para China. Ante una invasión cada vez más factible, el plan es repeler un desembarco naval con armas muy destructivas y fáciles de transportar para que Pekín desista o acepte negociar. Sin embargo, Taipéi no tiene la garantía del apoyo estadounidense.
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La “estrategia del puercoespín”: así se defenderá Taiwán ante una invasión china
Fuente: Wang Yu Ching/Presidencia de Taiwán (Flickr)

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China llevó a cabo a principios de abril los ejercicios militares más intensos de los últimos años alrededor de Taiwán. Denominados Trueno del Estrecho 2025-A, incluyeron prácticas con fuego real de largo alcance, el despliegue de un portaaviones y el ensayo de un bloqueo marítimo. El portavoz del Mando del Teatro Oriental del Ejército chino afirmó que las maniobras eran “una advertencia severa y una contención forzosa contra la independencia de Taiwán”. Para Huang Chung-tin, investigador del Instituto para la Defensa Nacional y la Investigación en Seguridad en Taipéi, es en cambio “una operación pre-invasión”.

A la creciente asertividad de Pekín se suma el desarrollo de nuevas tecnologías podrían facilitar una operación de este tipo, como vehículos para desembarcar tropas y equipos a gran escala o una máquina para cortar cables submarinos. Todo ello, sumado a la volátil situación global, ha llevado a algunos analistas de inteligencia estadounidenses a concluir que China podría invadir Taiwán en apenas seis meses.

Taiwán apenas tiene opciones de prevalecer militarmente ante el Ejército chino, considerado el tercero más poderoso del mundo, Por eso, los esfuerzos de Taipéi pasan por tejer redes con países amigos y confiar en que esos aliados acudirán en caso de ataque. Para que eso suceda, Taiwán debe resistir los primeros combates y así ganar tiempo hasta que pueda llegar la ayuda. De ahí nace la ‘estrategia del puercoespín’.

Un rival pequeño pero imposible de tragar

La estrategia del puercoespín es la idea de convertir Taiwán, como este pequeño animal, en una presa imposible de tragar para un depredador mucho mayor. Uno de sus promotores fue el Almirante Lee Hsi-min, jefe del Estado Mayor taiwanés entre 2017 y 2019, quien introdujo algunos cambios en el concepto de defensa de la isla, pero no consiguió erradicar algunas de las viejas concepciones arraigadas entre muchos altos mandos militares. El plan no es tanto vencer al Ejército chino —algo imposible dada la asimetría militar— como repeler con éxito un desembarco naval y que China renuncie a la invasión, ya sea para evitar el estallido de una gran guerra o por un acuerdo entre Pekín y otras potencias internacionales. 

Según un análisis de The Economist, la estrategia del puercoespín requeriría armas fáciles de transportar y esconder pero con gran poder destructivo, como los misiles Stinger y Javelin, que resultaron eficaces para Ucrania al principio de la invasión rusa. También elementos navales, como minas submarinas o corbetas de guerra rápidas y maniobrables. Es lo que sugieren los expertos del Pentágono, que han entrenado a las fuerzas taiwanesas y mantienen allí pequeños contingentes de tropas estadounidenses como apoyo. Pese a ello, el Ministerio de Defensa taiwanés lleva años invirtiendo en su lugar en cazas o submarinos. Asimismo, distintos expertos locales en defensa y seguridad insisten en la necesidad de que la isla tenga una industria militar propia, capaz de cubrir todas las áreas de defensa sin depender de otros países.

Mapa del conflicto Taiwán y China

En Taiwán se refieren a la estrategia del puercoespín como “guerra asimétrica”. Esta requiere “precisión, movilidad, letalidad, dispersión y un alto grado de supervivencia y coste-efectividad”, en palabras del ministro de Defensa Wellington Koo, citado en un análisis del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI). “La estrategia del puercoespín se centraría en una batalla decisiva en el litoral de Taiwán, donde las fuerzas chinas serían más fácilmente detectadas y atacadas. Las armas y los sensores tenderían a ser pequeños, económicos, numerosos y fáciles de ocultar”, afirma la autora del análisis, Jane Rickards.

Sin embargo, a Taiwán le está costando desviar presupuesto destinado a armamento convencional. El análisis del ASPI señala que los ministros de Defensa taiwaneses han sido tradicionalmente generales o almirantes retirados con tendencia a promover costosos programas de este tipo, justificados como “beneficiosos para la moral pública”. También, dado que gran parte de esas armas provienen de Estados Unidos, como un indicador de respaldo de Washington, y, por tanto, como elemento disuasorio para China.

El compromiso estadounidense, en duda

Pero ese respaldo está cada vez más difuso. Las entregas del armamento adquirido a empresas estadounidenses por Taipéi suelen retrasarse mucho, lo que crea malestar entre los ciudadanos taiwaneses, muchos de los cuales empiezan a cuestionar ese gasto. Además, no está claro que la Administración de Donald Trump vaya a ayudar a Taiwán ante una invasión china. En julio de 2024, el entonces candidato esquivó una respuesta directa en una entrevista con Bloomberg, pero se quejó de que Taiwán se había llevado el negocio de los chips, dijo que tendría que pagar por su defensa y alardeó de su buena relación con el presidente chino Xi Jinping. Ya como presidente, el pasado febrero se negó de nuevo a responder

Por su parte, el subsecretario de Política del Departamento de Defensa, Elbridge Colby, afirmó en marzo que lo que Taiwán gasta en defensa —menos del 3% del PIB— es insuficiente, y aseguró que debe elevarlo al 10%. En un artículo en el diario Taipei Times, Colby dijo que Taiwán “debe tomarse en serio” este asunto, y que “si Taipéi no invierte en la defensa de la isla, podría llegar un momento en que Taiwán simplemente ya no sea defendible. En ese momento, Estados Unidos tendrá las manos atadas”.

Aún así, en marzo se filtró un memorándum interno del secretario de Defensa, Pete Hegseth, que establecía nuevas líneas guía para las Fuerzas Armadas estadounidenses. El documento deja claro que Washington se dispone a involucrar más al ejército en la protección de fronteras y la lucha contra la inmigración y el narcotráfico, mientras reduce su atención al resto del mundo —incluso si eso supone un riesgo para sus aliados— con una única excepción: Taiwán. El memorándum considera prioritario impedir que la isla sea tomada por una China descrita como la única gran amenaza de Estados Unidos. Sin embargo, no detalla una estrategia al respecto, y más allá de los planes es la decisión la terminaría tomando el propio Trump.

Taiwán está solo ante una invasión china

Es probable que Taiwán, como en tantas otras cosas, esté casi solo ante una invasión china. Japón es una excepción: considera la defensa de la isla un imperativo estratégico nacional, puesto que una conquista china del territorio amenazaría su propia seguridad física y económica. Por su parte, aunque varios países europeos han enviado misiones navales para defender “el derecho a la libre navegación”, su capacidad de proyectar fuerza tan lejos es muy limitada. Y aunque Corea del Sur se ha mostrado más asertivo en esta cuestión que en años previos, sus estrechas relaciones económicas con China contienen su posible participación en una operación bélica en defensa de Taiwán, especialmente si Estados Unidos no la lidera. 

En esas circunstancias, Taiwán no sólo está preparándose militarmente para una invasión china, sino que está preparando a la ciudadanía ante un escenario cada vez más real. Las medidas van desde promover series de televisión que planteen la situación hasta formar a la población en primeros auxilios o en el manejo básico de armas a través del servicio militar. El puercoespín tiene que defenderse por su cuenta. 

Daniel Iriarte

Periodista y analista especializado en cuestiones de seguridad global, sobre todo en las llamadas 'amenazas híbridas'. Fue corresponsal del diario ABC en Estambul y editor de Internacional en El Confidencial, y ha sido enviado especial o reportero ‘freelance’ en más de cincuenta países.