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Un bloqueo naval impuesto con un pretexto, cazas sobrevolando los cielos de Taipéi y hackeos que impiden sacar dinero de los cajeros automáticos. Bloqueos a la señal de internet y al suministro de agua, influencers llamando a la capitulación y criminales liberados de las cárceles para causar caos. Los países extranjeros evacuando a sus ciudadanos, colaboracionistas armados marchando en motocicletas cantando la versión china de La Internacional y el mensaje del presidente taiwanés llamando a la resistencia interceptado y sustituido por un vídeo deepfake de rendición. Quintacolumnistas montando retenes en las carreteras, acciones mezquinas y heroicas y, finalmente, una invasión armada de la isla.
Todo esto sucede en el tráiler del primer episodio de Zero Day, una serie taiwanesa que recrea lo que pasaría si Taiwán fuese finalmente atacada por China, y que será emitida en 2025. La serie fue presentada a la prensa el pasado 31 de julio en mitad de la celebración de los ejercicios anuales Wanan de autodefensa, mientras sonaban las sirenas de ataques aéreos y los ciudadanos taiwaneses recibían mensajes sobre “amenaza de misil acercándose; busque refugio inmediatamente”. Un inteligente ejercicio de promoción.
Serie ficticia, escenario realista
“El tráiler revela una descripción muy realista de una posible invasión china de Taiwán, y también el uso de China de la guerra cognitiva y la incitación a los disturbios internos”, declaró el experto en seguridad taiwanés Shen Ming-shih a Radio Free Asia. Muchos de esos elementos están presentes en los análisis de especialistas en cuestiones militares a ambos lados del Pacífico sobre las formas que podría adoptar una agresión china contra Taiwán. Desde diversos grados de bloqueo hasta una invasión a gran escala.
La serie es una iniciativa privada, pero sus responsables han explicado que buscan abrir un debate en la sociedad taiwanesa sobre la posibilidad real de una guerra. Perciben que entre sus compatriotas hay complacencia y reticencia frente al tema. Entre ellos está el magnate de los microchips Robert Tsao, que ha financiado una parte sustancial del rodaje.
Tsao es conocido por sus contribuciones a la llamada Academia Kum. Esta organización civil taiwanesa fue creada en 2021 para preparar voluntarios para un conflicto y mejorar la resiliencia de la isla, y se dedica a impartir formaciones sobre materias útiles en ese contexto, desde primeros auxilios hasta planificación de evacuaciones o guerra informativa. El Gobierno taiwanés, por su parte, ha aportado fondos de carácter cultural, mientras que el Ministerio de Defensa ha asesorado a los guionistas y las fuerzas armadas han contribuido a la filmación con sus recursos, como portaaviones, cazas y helicópteros.
“La sensación de que la guerra es inminente es algo que la mayoría de la gente en países pacíficos encuentra difícil sentir como cercano. En Taiwán, casi todo el mundo piensa en ello, pero casi nunca se menciona. Pero si no hacemos tangible ese miedo, si no lo convertimos en drama, va a ser muy difícil que la gente empiece rápidamente a tener un diálogo sobre ello”, comentó el director del primer episodio de la serie, Lo Ging-zim, al diario The Guardian.
Horizonte 2027
¿De dónde viene esa urgencia? La inteligencia estadounidense asegura que el presidente chino Xi Jinping ha ordenado al Ejército que esté en condiciones de invadir Taiwán en 2027, una idea que han expresado tanto el director de la CIA como el jefe del Comando Indo-Pacífico de la Armada. A ello se suman otras acciones de China, tanto agresivas contra Taiwán como de prevención frente a las consecuencias.
China ha violado con cada vez más frecuencia la “zona de identificación de defensa aérea” taiwanesa, ha llevado a cabo ejercicios militares simulando un cerco naval y ha creado almacenes secretos para acumular materias primas básicas de cara a un bloqueo económico internacional. También ha establecido instalaciones de entrenamiento militar que imitan la ruta hasta el palacio presidencial de Taipéi y ha impuesto nuevas regulaciones que castigan el “separatismo taiwanés irreductible” con la pena de muerte. Aunque muchos especialistas creen que esos preparativos no indican necesariamente que China vaya a iniciar una guerra, sin duda contribuyen a la inquietud de la isla y sus aliados.
La situación global de Taiwán tampoco ayuda. Las tensiones a ambos lados del estrecho taiwanés han convertido el reconocimiento internacional de la isla en un juego de suma cero, en el que los países que reconocen a Taiwán no lo hacen con China, y viceversa. Y dado el peso económico del gigante asiático más las presiones sobre sus aliados potenciales, Taiwán tiene cada vez menos “aliados diplomáticos”: apenas una docena de Estados pequeños o medianos, la mayoría naciones isleñas del Pacífico o economías modestas de Latinoamérica, frente a los veintinueve países que mantenían relaciones diplomáticas antes de 1995. Los pesos pesados globales, como Estados Unidos o la Unión Europea, se limitan a establecer relaciones económicas y contactos políticos, pero sin reconocer la estatalidad de Taiwán.
Aun así, Estados Unidos mantiene una calculada “ambigüedad estratégica” sobre la postura que adoptaría en caso de una agresión bélica china contra Taiwán. El presidente Joe Biden ha sido más vocal que sus antecesores en ese sentido, declarando en varias ocasiones que su país intervendría militarmente en defensa de la isla. Pero el panorama es mucho menos claro ante el posible regreso de una nueva Administración de Donald Trump, o incluso si Kamala Harris sucede a Biden en la Casa Blanca.
Qué está haciendo Taiwán
La esfera cultural es sólo uno de los muchos ámbitos en los que el Gobierno de Taiwán está tratando de prepararse para una agresión china. La primera medida, y quizá la más importante, es la reducción del papel ceremonial del Ejército taiwanés y la preparación de las tropas, sobre todo de las fuerzas especiales, para acciones de combate más enfocadas en la defensa de la isla frente a una invasión.
Además, las autoridades están reforzando la defensa civil, para que las infraestructuras y servicios públicos sean capaces de funcionar en época de guerra. Entre las reformas previstas está aumentar tanto el personal disponible como las reservas estratégicas de alimentos, agua y recursos, y reforzar las comunicaciones de respaldo por si las principales son interrumpidas por el atacante. “Si hay una guerra en Taiwán, nuestro ejército tendrá que luchar, pero queremos que la sociedad pueda sobrevivir y funcionar tan normalmente como sea posible”, ha declarado un alto funcionario taiwanés al Financial Times.
“Taiwán es autosuficiente en comida, pero nuestro punto débil es la energía”, explica Ou Si-fu, analista principal del Instituto para la Investigación en la Defensa Nacional y la Seguridad de Taipéi. Asegura que el país tiene reservas de petróleo para 180 días, pero gas natural sólo para dos semanas. Aun así, este experto cree que una invasión victoriosa no está asegurada. “Los ataques aéreos y con misiles por sí solos no pueden quebrar la resistencia de Taiwán. Todo dependería de qué tipo de invasión tuviera lugar”, dice, señalando que las fuerzas taiwanesas harían “todo lo posible por alargar la lucha” a la espera de recibir ayuda de sus aliados, como Estados Unidos y Japón.
Convivir con lo inconcebible
Los Gobiernos nacionalistas han acompañado esas medidas con un aumento del militarismo. El anterior Ejecutivo de Tsai Ing-wen expandió el servicio militar obligatorio e incrementó el presupuesto de defensa hasta el 2,38% del PIB, así como la producción local de armamento. Su sucesor, Lai Ching-te, ha vuelto a aumentar el gasto militar hasta un 2,45% del PIB. Las encuestas recientes sugieren que existe un apoyo mayoritario a estas medidas, pero gran parte de la ciudadanía es reacia a formar parte de los preparativos, y los voluntarios y reservistas siguen siendo muy escasos. Según datos del Ministerio de Defensa taiwanés, sólo un 6% de los jóvenes disponibles se ha sumado a la fuerza de apoyo creada el año pasado.
En ciudades como Taipéi hay una extraña familiaridad con la posibilidad de una guerra. Las señales que indican la proximidad de un refugio antiaéreo son frecuentes y están en lugares como zonas de columpios o fachadas de edificios de oficinas. “Cada parque tiene refugios con agua y comida”, dice Ou. La mayoría de los taiwaneses convive con esta amenaza con total normalidad, a menudo sin pensar en ella en el día a día.
Ahora, tanto las autoridades como una parte de la intelectualidad de la isla quieren romper esa inacción. Buscan que sus compatriotas cobren conciencia de que a veces lo inconcebible acaba ocurriendo, como muestra la invasión rusa de Ucrania, un ejemplo que funcionarios taiwaneses traen a colación una y otra vez en sus encuentros con periodistas. “Lo que aprendimos de la guerra de Ucrania es que la voluntad de luchar lo es todo”, concluye. “Eso es lo que necesitamos de nuestra gente: resiliencia”.