Economía y Desarrollo África

Rusia en la carrera comercial por África

Rusia en la carrera comercial por África
Firma de las negociaciones entre Rusia y la República de Sudáfrica. Fuente: Kremlin

África no está solamente en el punto de mira de EE. UU., China y Europa. Rusia, aunque más silenciosamente, se está apuntando a la competición por conseguir las oportunidades de negocio que ofrece el continente. Sin embargo, está tomando un rumbo distinto al de sus competidores: aunque los intercambios comerciales han ido creciendo poco a poco, el verdadero nicho de negocio de Rusia en África se encuentra en el terreno militar.

Con la entrada de Rusia en el continente africano, sus cifras de comercio e inversiones, todavía lejanas a las de sus competidores, han crecido exponencialmente en la última década. Rusia se está especializando no solo en la exportación de armas y equipos militares, sino también en servicios militares a través de empresas militares privadas que operan en distintos países africanos. En muchas ocasiones, la firma de estos convenios militares ha sido la estrategia previa a la firma de otros tratados comerciales.

Hay varias razones que explican la reanudación de las relaciones ruso-africanas. Por un lado, Moscú no quiere quedarse atrás en la carrera que la mayoría de las potencias económicas han iniciado por repartirse los contratos comerciales con África. Por otro, la necesidad real de Rusia de buscar nuevos socios económicos tras las sanciones impuestas desde los países occidentales.

La Unión Soviética en África

Durante la Unión Soviética, los lazos que se establecieron entre el bloque comunista y las recientemente independizadas naciones africanas llegaron a ser tan sólidos que se materializaron en colaboraciones militares, económicas y hasta educativas. Fue a partir de los años 50, con el comienzo de las guerras de independencia, cuando la URSS comenzó a prestar ayuda política, económica y armamentística a las nuevas naciones que estaban surgiendo por “solidaridad antiimperialista”. Sin embargo, aunque el motivo declarado era, efectivamente, esa política antiimperialista, el motivo real tenía más que ver con los intereses geoestratégicos en la lógica competitiva de la Guerra Fría. De hecho, la URSS dependía de varios puertos africanos para su ejército y de recursos naturales como el cobalto zambiano o la bauxita guineana para su desarrollo industrial. Por ello, siempre se mostró favorable a la liberación de estas naciones durante la Conferencia de Bandung de 1955 o con la posterior firma en 1960 de la declaración de garantía de independencia de las colonias.

Para ampliar: “La Conferencia de Bandung, el nacimiento del altermundismo”, Fernando Rey en El Orden Mundial, 2016

En los años 60, la URSS adquirió un papel aún más relevante en África: mostró abiertamente su apoyo a Patrice Lumumba en el Congo y participó activamente en la guerra de Angola contra la invasión sudafricana y, más tarde, en Etiopía. El apoyo en estas ocasiones iba desde la ayuda militar y política a los ejércitos de liberación nacional hasta el plano económico: se llegó a crear un comité afro-asiático de solidaridad y Moscú firmó cientos de acuerdos de cooperación económica con múltiples países. Además, la URSS sabía que, para poder competir con EE. UU., era fundamental ganarle a su vez la batalla cultural. Por ello puso en marcha un programa de concesión de becas a estudiantes africanos, del cual se beneficiaron alrededor de 50.000 estudiantes que fueron a estudiar a la Unión Soviética.

Con el colapso de la URSS a principios de los 90, la política comercial y militar en el continente africano se replegó. La crisis económica de aquellos años y su giro hacia una economía de mercado marcaron no solo el fin de esas ayudas, sino una nueva Rusia con el propósito de crear alianzas políticas totalmente alejadas de la antigua política exterior soviética. Los países africanos quedaron fuera de estos nuevos planes y el intercambio económico y las misiones diplomáticas terminaron drásticamente. Rusia abandonaba el continente por un periodo de cerca de dos décadas.

Para ampliar: “Russia’s policy towards Africa”, Vladimir Shubin, 2013

La vuelta de Rusia a África

A comienzos del siglo XXI, las relaciones entre Rusia y África se reanudaron tímidamente. Ya en su visita oficial por el continente en 2009, el presidente ruso Dimitri Medvédev admitió que Rusia había descuidado África durante demasiado tiempo. Desde entonces, el gigante euroasiático no ha dejado de aumentar sus conexiones con Gobiernos africanos y los datos demuestran que hay una clara intención de volver a África. El ritmo de incremento de la inversión directa rusa en el continente creció un 185% entre 2005 y 2015; solo en 2017 el comercio entre Rusia y los países africanos crecía un 25%. El pistoletazo de salida a esta carrera imparable fue la entrada de Sudáfrica en 2010 en el grupo de los llamados BRICS. Desde entonces, la firma de intercambios y acuerdos en el plano económico y militar no ha dejado de aumentar, aunque todavía está muy lejos de alcanzar las cifras de China. Además de acuerdos comerciales, Rusia ha sido una de las grandes potencias que más deuda ha condonado recientemente a varios países africanos, calculada en torno a unos 20.000 millones de dólares, en su estrategia de acercamiento al continente.

Los presidentes de los BRICS durante la última cumbre celebrada en julio de 2018 en Sudáfrica. Fuente: Kremlin

Si durante la época soviética la motivación de estas relaciones era principalmente —aunque no solo— ideológica, actualmente Rusia busca en África recursos, un potencial nuevo mercado y, sobre todo, aliados políticos. Por un lado, Rusia no quiere quedarse atrás en la carrera entre EE. UU., China y Europa por repartirse el continente y sus recursos naturales y, por otro, con su trayectoria de crecimiento poblacional, África va camino de convertirse en un mercado con millones de consumidores nada desdeñable. Más recientemente, desde la imposición de sanciones por el conflicto de Ucrania, Rusia quiere dejar de depender del mercado occidental —aún es el principal proveedor de energía a Europa— y encontrar nuevos aliados geoestratégicos que la defiendan internacionalmente, como quedó patente con la abstención de buena parte de los países africanos durante la condena de la Asamblea General de la ONU a Rusia por el conflicto ucraniano.

Para ampliar: “Ucrania, un país dividido”, Pablo Andrés en El Orden Mundial, 2019

Desde que en 2013 Sudáfrica y Rusia firmaran una declaración conjunta para comenzar una colaboración económica, la maquinaria de la diplomacia energética por parte de empresas estatales rusas como Gazprom, Lukoil o Rostec es imparable. Por ello, el futuro nuclear de África llevará el sello ruso sin lugar a duda. En total, Rusia tiene firmados convenios de colaboración nuclear con hasta 16 países en toda África. La primera planta nuclear egipcia será posible en 2020 gracias a la inversión de la rusa Rosatom, controlada por el Kremlin, que también ha firmado contratos para la creación de plantas nucleares en Sudán, Nigeria, Sudáfrica —único país de la región que ya cuenta con energía nuclear— o, más recientemente, la República del Congo. África está en pleno proceso de desarrollo de la infraestructura necesaria con la que dotar de electricidad a su creciente población y Rusia se ha propuesto ser un socio indispensable de este negocio con un futuro más que asegurado.

En el terreno de los recursos naturales hay también, aunque no desde una posición tan fundamental, un diálogo fluido. Varias empresas rusas se han lanzado a invertir en minas sudafricanas: el grupo Renova invirtió en 2012 350 millones de dólares en minas de manganeso y Norilsk Nickel al poco tiempo haría lo mismo con 100 millones en la reconstrucción de una planta de cobre y níquel. La lista es larga y podríamos seguir hablando del capital ruso detrás de la apertura de minas de platino en Zimbabue o la importación de uranio desde Namibia. La pregunta sería por qué Rusia, que posee reservas propias —y extensas— de buena parte de los recursos naturales, se ha dedicado a establecer acuerdos para obtener mayores cantidades.

Inversiones de Rusia en África (2010). Fuente: Rianovosti

Hay una razón pragmática, pero que desde luego no es la primordial, y es que en ocasiones la extracción en África puede llegar a ser más barata que la producción nacional. El hecho de que controlar parte de estas minas e infraestructuras otorga a Rusia un control e influencia en la zona es otro elemento que considerar. Recientemente, el gigante ruso Gazprom, la mayor empresa pública rusa de gas, negociaba con Nigeria un posible acuerdo para controlar parte de los oleoductos y gasoductos transaharianos de Nigeria a Argelia. Pero la razón de más peso es que Rusia necesita mercados donde colocar toda su producción armamentística, aquello en lo que es mundialmente puntera, y, si el único medio de pago es mediante concesiones de explotación de recursos naturales o la apertura de otro tipo de acuerdos comerciales, desde luego no rechazará la oportunidad.

Cooperación militar y venta de armas

Rusia ha firmado al menos 19 acuerdos de cooperación militar con Gobiernos subsaharianos desde 2014. Fuente: Reddit

Reanudar la presencia en África teniendo como competidores a China o EE. UU. no es tarea fácil. Por ello, Rusia ha visto en la cooperación militar la brecha por donde comenzar su estrategia comercial. Desde 2014 ha firmado 19 acuerdos de este tipo, que incluyen desde la venta de armas y equipamiento a entrenamiento y formación militar a los ejércitos nacionales. De esta manera, Rusia, que actualmente es el segundo exportador mundial de armas, ha llegado a convertirse en uno de los principales exportadores de armas al continente y provee a muchos países que por sanciones humanitarias tienen vetado el acceso a los mercados internacionales. Es el caso, por ejemplo, de Sudán, cuyo presidente está acusado de crímenes contra la humanidad. Ello no ha impedido que Vladímir Putin haya realizado varias visitas oficiales al país, durante una de las cuales el presidente sudanés llegó a pedir ayuda a Rusia frente a los estadounidenses. El intercambio está siendo provechoso para ambos: mientras Sudán tiene acceso a un armamento que de otra manera le resultaría imposible, Rusia podría llegar a tener acceso a las reservas de petróleo y la posibilidad de abrir una base militar en Sudán, una localización estratégica que conecta el Magreb con el África subsahariana y que da acceso a los puertos sudaneses del mar Rojo.

La misma estrategia se repite en muchos otros países con embargos armamentísticos, como República Centroafricana, República Democrática del Congo o Mozambique, que recurren a Rusia para cuestiones militares a cambio de la venta de recursos naturales. En Nigeria Rusia hizo su entrada en 2014 cuando el país africano canceló varios contratos militares que poseía con EE. UU.; desde entonces es Rusia la que entrena a sus Fuerzas Armadas. Argelia es otro de los países donde Rusia se ha convertido en el principal proveedor de armas desde que en 2006 condonara la deuda histórica que Argelia había contraído con la URSS a cambio de la firma de un acuerdo para la compra de armas rusas por valor de 7.500 millones de dólares, que incluyen desde tanques a lanzamisiles. Seguir abriendo nuevas bases militares es otra de las estrategias de expansión en el continente que busca Moscú: en 2014 estuvo negociando —aunque finalmente fracasó— la posibilidad de abrir una base en Yibuti, y el Kremlin y el Gobierno de Eritrea acaban de firmar la construcción de una nueva base logística con acceso al mar Rojo.

Para ampliar: “El sistema antiaéreo S-400 y la diplomacia militar rusa”, Álvaro Conde en El Orden Mundial, 2018

Venta de armas rusas al África subsahariana entre 2000 y 2016. Fuente: Chatham House

Sin embargo, la estrategia militar rusa en África no se limita únicamente a la exportación armamentística; también hay un número creciente de fuerzas oficiales y de mercenarios desplegados en el continente. El número de fuerzas oficiales rusas que participan en operaciones de paz en África supera los efectivos franceses, británicos y estadounidenses en su conjunto. Además, hay otro factor que está cambiando verdaderamente el panorama militar de los Gobiernos africanos: la entrada de empresas militares privadas. Es cierto que Rusia ya había utilizado mercenarios en las guerras de Angola o Líbano de los 70. Pero cada vez con más frecuencia está empleando empresas militares privadas como instrumentos de una política exterior más discreta. Estas compañías intervienen en zonas de conflicto donde la presencia del ejército oficial podría ser más cuestionada, lo que libera a Rusia de la responsabilidad de estar participando de manera oficial. Durante los últimos años, han desempeñado un papel relevante en los conflictos de Ucrania y Siria y, paulatinamente, también en los países africanos.

Para ampliar: “La privatización de la defensa: compañías militares privadas y mercenarios”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2014

El grupo Wagner es la compañía rusa con mayor volumen y presencia en el territorio africano. Su relación con el Kremlin no está del todo definida, ya que no depende directamente del Gobierno, pero es evidente que poseen lazos estrechos, por lo que muchas veces se entiende como una rama no oficial del Ejército ruso. La República Centroafricana es uno de los principales países donde está desarrollando su actividad: en ella hay alrededor de 170 instructores militares rusos, de los cuales solo cinco son militares oficiales, además de unos 1.500 mercenarios rusos. Estos instructores de Wagner, que en ocasiones han llegado a aparecer en marchas militares sin portar una insignia oficial, forman al personal local en el manejo de armas o proporcionan seguridad personal al presidente centroafricano. Sin embargo, sus funciones van más allá de una simple formación y parecen estar participando en el intento de Rusia de mediar en el conflicto entre el Gobierno y los grupos rebeldes armados que se enfrentan en el país, algo que no está gustando nada a estos últimos, quienes lanzaron un ultimátum en octubre de 2018 para que los mercenarios rusos abandonaran el país. No obstante, no se puede saber con seguridad el alcance de las actividades del grupo en el país; de hecho, tres periodistas rusos que trataban de grabar imágenes y averiguar más acerca de Wagner fueron asesinados en la República Centroafricana en julio de 2018 en circunstancias sospechosas.

Ante el fracaso de las misiones internacionales de seguridad, otros Gobiernos africanos, como los del Congo o Burundi, también están contratando a estas empresas privadas para formar a sus propios ejércitos o defender instalaciones como minas. Patrol, la otra gran compañía militar rusa, aunque de menor tamaño que Wagner, está presente en estos países y garantiza la protección física de personalidades y autoridades. A pesar de que desde el Kremlin se trate de hacer todo lo posible por desvincular la actividad de estas empresas de la política exterior oficial rusa, no muchas veces lo consiguen, y es que la línea es delgada. No es desconocido que Putin apoya y colabora con el Gobierno libio de Jalifa Haftar, quien controla la mayor parte de las reservas de petróleo, y ha llegado a prestar asistencia militar por valor de 2.000 millones de dólares a instancias del líder libio. También se sabe que Wagner está presente en Libia, pero el hecho de que tras la última visita de Haftar a Moscú el 7 de noviembre de 2018 el jefe de las empresas privadas rusas, Yevgueni Prigozhin, estuviera presente durante la reunión desató la polémica, puesto que quedó en evidencia la estrecha relación que existe entre los militares privados y el Kremlin.

Rusia aún está lejos de igualar la presencia en el continente de sus rivales geopolíticos, a pesar del aumento de las relaciones comerciales en los últimos años. Pero tampoco es ese el objetivo de Rusia en África. La vuelta de Moscú al continente negro destaca por su carácter militar: Rusia quiere exportar aquello en lo que es puntera, su potencial militar, a un mercado en el que hasta hacía poco no había reparado; además, desde el Kremlin quieren asegurar sus intereses geopolíticos. Todo esto está conduciendo a Rusia a llevar una doble estrategia de venta militar e incremento de la presencia de empresas militares privadas rusas en territorio africano. Tras años de ausencia en el continente, Rusia quiere recuperar el tiempo perdido y está buscando su sitio en África, pero esta vez parece que ha venido para quedarse.

2 comentarios

  1. EL GRAN JUEGO DE AJEDREZ POR LAS GRANDES POTENCIAS EN ESTE MUNDO MODERNO CON SUS COLOSALES ARMAS QUE HAN DESTRUIDO TODO INCLUSIVE AL MUNDO CON SUS ARMAMENTOS NUCLEARES,

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    Guadalupe Gutierrez