El sistema antiaéreo S-400 y la diplomacia militar rusa

La exportación del arma defensiva rusa más avanzada que existe se ha convertido en una importante herramienta diplomática y arma política en manos del Kremlin, además de una fuente de ingresos nada desdeñable. La comercialización de los S-400 es una manera eficaz con la que Rusia consigue una influencia geoestratégica notable a la vez que aleja a países de la órbita de Washington.
GeopolíticaRusia y espacio postsoviético
El sistema antiaéreo S-400 y la diplomacia militar rusa
Acto de las fuerzas navales estadounidenses frente a dos lanzadores de S-400 Triumf. Fuente: Marina de EE. UU.

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Tras la descomposición de la URSS en los primeros años noventa, uno de los sectores que más sufrió la crisis posterior fue la industria armamentística rusa. No solo había desaparecido prácticamente todo el mercado interno, sino que muchos de los destinos de las exportaciones se esfumaron tras la caída del telón de acero, con los consiguientes efectos económicos, sociales y geopolíticos para Rusia. No obstante, con la entrada del nuevo siglo y la prioridad que la nueva Administración de Putin le dio —sobre todo a partir del 2010—, Rusia parece haber recuperado buena parte del poderío militar e influencia geoestratégica que en el pasado ostentó. En la actualidad, es el segundo mayor exportador de armas del mundo —solo superado por EE. UU. — con una cuota de mercado superior al 20%.

El mejor ejemplo es el sistema S-400 Triumf —conocido en la OTAN como SA-21 Gruñón—, el sistema de defensa antiaérea integral de fabricación rusa más avanzado de su clase. Cuenta con toda clase de herramientas —lanzadores, radares, antenas…— y tiene automatizados casi todos los procesos de combate —rastrea y destruye varias docenas de objetivos simultáneamente: aeronaves, misiles, drones…—. Es, en definitiva, la joya actual de la corona rusa en lo que a material bélico defensivo se refiere, y Moscú lo está exportando a diferentes países, con lo que consigue anotarse tantos geopolíticos muy valiosos.

Oficialmente, el S-400 está capacitado para destruir objetivos de todo tipo —incluidos los aerodinámicos y los misiles de crucero— a distancias de hasta 400 km y alturas de hasta 30 km. Tiene un tiempo de despliegue de cinco a diez minutos y se considera dos veces más eficaz que su predecesor. Fuente: La Nación

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Álvaro Conde

Madrid, 1994. Graduado en Relaciones Internacionales (inglés) por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Máster en Economía Política por la Universidad de Ámsterdam (UvA). Especial interés en temas de energía, cambio climático y geoeconomía. Siempre curioso.