Los planes de la Comisión Europea para revertir la prohibición de los coches con motores de combustión desafían sus políticas verdes.

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¿Qué tienes que saber?
· La Unión Europea da marcha atrás a la prohibición de los coches de gasolina y diésel. La Comisión Europea permitirá a los fabricantes vender vehículos híbridos enchufables y eléctricos con extensores de autonomía después de 2035. La industria automovilística europea reclamó mayor flexibilidad ante los elevados costes, los retrasos en la transición hacia los vehículos eléctricos y la deficiente infraestructura de recarga.
· Estados Unidos, Reino Unido y Canadá también han revaluado este año su apuesta por los coches eléctricos. Trump emitió una orden ejecutiva que eliminaba las normas de eficiencia y emisiones para nuevos vehículos. En Canadá, el Gobierno pausó los objetivos de ventas de coches eléctricos para 2026. Y en el Reino Unido, el Ejecutivo encabezado por Keir Starmer relajó esos objetivos.
· Mientras tanto, los grandes fabricantes han ralentizado la producción de vehículos eléctricos. General Motors, Ford y Stellantis han anunciado que cambiarán su estrategia de ventas hacia los coches de gasolina y diésel, que generan más beneficios. GM incluso despidió en los últimos meses a miles de trabajadores en sus fábricas de automóviles eléctricos.
🔌 China domina el mercado de los coches eléctricos. El gigante asiático se convirtió en 2023 en el mayor exportador de automóviles a nivel mundial, y sus marcas ―BYD, MG y Nio― están ganando terreno en Europa gracias a la venta de vehículos eléctricos. Descubre más sobre el peso de China en la industria del automóvil europea aquí.

¿Por qué es importante?
· Las últimas decisiones de la UE responden al contexto político actual. La guerra comercial iniciada por Trump y la competencia de los vehículos eléctricos chinos han debilitado a la industria automovilística de Europa, uno de sus pilares económicos. Bruselas busca proteger a los fabricantes europeos en un mundo cada vez más proteccionista y competitivo.
· Sin embargo, esta medida afecta de lleno a la política climática de la UE. La prohibición de los motores de combustión se consideraba un aspecto esencial del Pacto Verde Europeo. El giro de Bruselas revela ahora un cambio de prioridades en su agenda política, marcada por un enfoque más pragmático y realista en el plano internacional.
· El fin de la prohibición de los coches de gasolina y diésel refleja los equilibrios de poder dentro de la UE. La medida supone un triunfo para el Partido Popular Europeo (PPE) ―el grupo de la derecha tradicional― y la ultraderecha, que rechaza las políticas verdes de Bruselas. También beneficia a Alemania, la mayor economía de Europa y su principal productor de coches.
¿Qué cabe esperar?
· La apuesta por los vehículos de gasolina y diésel será perjudicial para Europa a largo plazo. Esta estrategia retrasará todavía más el desarrollo de los vehículos eléctricos europeos y agrandará la brecha entre China y la UE. Como resultado, los fabricantes chinos seguirán aumentando su cuota en el mercado europeo de coches eléctricos.
· Eliminar la prohibición de los motores de combustión no resolverá los problemas de la industria automovilística europea. La UE carece de una política industrial plenamente integrada para impulsar su competitividad. De igual manera, deberá abordar la dependencia de China en el suministro de software, baterías y materias primas, y la inversión en infraestructura clave.
· Además, esto socavará el liderazgo climático de la Unión Europea a nivel global. Si la UE renuncia a sus compromisos climáticos, le resultará más difícil exigir a otros países que reduzcan sus emisiones. Asimismo, se agravarán las divisiones internas entre Alemania e Italia, que son potencias del automóvil, y países como España y Francia, que apoyan la prohibición.
UE-Mercosur: un acuerdo comercial en el aire
Las reticencias de Francia e Italia amenazan con bloquear un pacto que lleva veinticinco años negociándose.
Las tres claves
· La UE y el Mercosur están llamados a firmar su acuerdo comercial este sábado en Brasil. El pacto crearía la mayor zona de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores. Con él, la Unión busca exportar sobre todo automóviles y maquinaria industrial a cambio de carne, soja, cereales y minerales críticos procedentes de América del Sur.
· Pero las dudas de Francia han puesto en peligro el acuerdo. El primer ministro Sébastien Lecornu ha pedido aplazar su votación en el Consejo de la UE. Francia e Italia temen que el acuerdo genere malestar en sus agricultores con la importación de productos más baratos. Su oposición podría bloquear el pacto, ya que se requiere el apoyo de al menos el 55% de los miembros y que estos países representen como mínimo el 65% de la población de la UE.
· Un acuerdo fallido con el Mercosur sería un duro golpe para la UE. Si el texto no se aprueba antes de fin de año, es probable que naufrague, ya que Paraguay ―más escéptica con el acuerdo― sucederá en 2026 a Brasil en la presidencia del Mercosur. La credibilidad internacional de Bruselas quedaría dañada y fracasaría su intento de diversificar alianzas para distanciarse de Estados Unidos y reducir su dependencia comercial de China.
China lucha contra su declive demográfico
El Gobierno chino hizo públicas nuevas medidas para frenar el descenso de la natalidad. China ha perdido población durante tres años consecutivos.
Las tres claves
· China ha anunciado que cubrirá todos los gastos relacionados con el parto en 2026. Esta medida se suma a los beneficios por maternidad y los subsidios a la vivienda para animar a las parejas a tener hijos. China quiere revertir su declive demográfico, incentivado por la política del hijo único. A Pekín le preocupa que la caída de su población lastre a la economía.
· El declive demográfico de China ilustra la crisis de natalidad que sufre Asia Oriental. Las cifras de población también están cayendo en otros lugares de la región como Japón, Corea del Sur o Taiwán. Todos ellos comparten modelos de desarrollo económico, culturales y sociales que han acelerado la caída de la natalidad y el envejecimiento de la población.
· No está claro que estas medidas de China vayan a funcionar. Los incentivos económicos, por sí solos, no sirven para impulsar la natalidad. La crisis demográfica obedece también a factores estructurales como el elevado coste de la vivienda, la educación y los cuidados, los problemas para conciliar la vida laboral y familiar, y los cambios en las prioridades de los jóvenes, que anteponen su carrera profesional a la familia y al matrimonio.