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Sabios que viajaban en la Antigüedad, universidades y monasterios medievales, sociedades científicas modernas, organizaciones como la Unesco… La cooperación ha marcado el progreso científico y tecnológico global. También sirve como termómetro geopolítico. En la Guerra Fría, el intercambio científico entre los bloques comunista y capitalista se vio muy restringido. La ciencia traía progreso, pero también ventaja estratégica: las armas nucleares o la carrera espacial simbolizaron esa rivalidad.
Con mejores relaciones en los años setenta, ambos bloques comenzaron a colaborar en materia espacial. Los resultados, mediante experimentos en el propio espacio, fueron grandes avances en la medicina, la lucha contra el cambio climático o tecnologías avanzadas como el GPS. Hoy en día, sin embargo, las tensiones entre Estados Unidos y China, el auge de India, la invasión rusa de Ucrania, el brexit o la autonomía estratégica europea están mermando la cooperación científica internacional. Esto podría desacelerar el progreso social y frenar nuevos avances: es decir, provocar un “invierno tecnológico”.
La ciencia como arma geopolítica
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