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El rap, rimas cargadas de política

El rap, rimas cargadas de política
Public Enemy en una de sus actuaciones en Hamburgo, en el año 2000. Fuente: Wikimedia Commons

La música es una herramienta única para movilizar a la sociedad y expresar reivindicaciones políticas, y el rap no es una excepción. Desde su nacimiento en la década de los setenta, el género no ha dejado de evolucionar y de servir de instrumento para canalizar demandas sociales. Surgió en Nueva York, donde las comunidades marginadas de afroamericanos y latinos lo usaron para denunciar las injusticias que vivían en los barrios más desfavorecidos, y luego se expandió al resto del mundo. Al final de este artículo se incluye una lista de reproducción con las canciones más representativas del género.

El rap puede considerarse mainstream: un fenómeno de masas aceptado por la industria musical. Sin embargo, en sus inicios fue una música nacida en los márgenes, la alternativa de los barrios más desfavorecidos frente a la escena musical  mayoritaria. La época eran los setenta, el punto de partida fue Nueva York. En aquella época, el género dominante en las principales salas era la música disco, cuyos multitudinarios eventos habían surgido alrededor de un ambiente exclusivo. Eran fiestas a las que no podían acceder los habitantes de los barrios bajos, mayoritariamente afroamericanos y puertorriqueños.

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Fue en estos barrios, concretamente en el Bronx, donde varios artistas comenzaron a experimentar con vinilos y a mezclar diferentes influencias musicales, buscando un sonido propio que animara la escena musical del barrio. De ahí surgió el hip hop: las mezclas de discos de los DJs, el baile break dance de los B-boys y las rimas de los MCs —o “maestros de ceremonias”—, que son el rap propiamente dicho, el medio narrativo del hip hop. 

Con todo, la rima como forma de resistencia entre los afroamericanos se remonta a la época de la esclavitud. Hunde sus raíces en las tradiciones africanas, donde los griots, narradores ambulantes de historias, contaban con la importante función social de atesorar la memoria de sus pueblos. Los raperos usaron el hip hop para hablar de sus complejas condiciones de vida en los guetos invisibilizados de la gran ciudad y protestar contra la pobreza, la marginación y las desigualdades entre las que se habían criado.

Politizado desde su nacimiento

Desde sus inicios, el hip hop se convirtió en un vehículo de transmisión y generación de conciencia social y política. Posiblemente, la primera canción de rap político fuera The Message (‘El mensaje’), de la banda Grandmaster Flash & The Furious Five’s, en 1983. El diario Los Ángeles Times la describió como “música del gueto para el gueto, política sin hablar de política”. El compositor y líder de la banda, el MC Melle Mel, puso así la primera piedra de un camino que seguirían muchos otros raperos, usando sus rimas para denunciar la violencia, la opresión y las injusticias contra afroamericanos y latinos. El rap pronto se convirtió en un termómetro de la política estadounidense: en su evolución pueden leerse también los cambios que ha vivido la población más desfavorecida de EE. UU. en las últimas décadas.

Carátula de The Message, de Grandmaster Flash & The Furious Five’s. Fuente: Flickr

Así fue en la década de los ochenta, durante las dos legislaturas del presidente republicano Ronald Reagan. Reagan impulsó políticas económicas neoliberales y una agresiva guerra contra las drogas que multiplicó los encarcelamientos vinculados al tráfico y consumo de estupefacientes. Estas medidas multiplicaron la violencia y las desigualdades socioeconómicas de las clases más bajas de EE. UU., afectando especialmente a la población afroamericana. La inversión pública y los servicios sociales se degradaron, los salarios se redujeron y el desempleo se multiplicó, así como las tasas de pobreza, los problemas de drogas,  los encarcelamientos y la represión policial.

En esta época surgieron algunas de las bandas de rap más reivindicativas. Su mensaje de transformación social y política era muy explícito, dando voz a los menos escuchados. Una de ellas fue Public Enemy, cuyo cantante, Chuck D, llegó a calificar el rap como “la CNN de los negros”: un medio para informar y politizar a los jóvenes afroamericanos. Con temas como Fight the power (‘Lucha contra el poder’), denunciaron el racismo institucional y animaron al pueblo a rebelarse contra el sistema. Otras bandas fueron The Last Poets, con When the Revolution comes (‘Cuando llegue la revolución’); West Coast All Stars, con We’re all in the same gang (‘Estamos todos en la misma banda’); o Intelligent Hoodlum, con Arrest the president (‘Arresten al presidente’). 

Gánsteres y héroes

El rap político tomaría tintes más radicales a partir de 1986, con la fundación de la banda N.W.A. Esta banda fue pionera en el rap gangsta, un subgénero caracterizado por hablar explícitamente de drogas, sexo y violencia con un desprecio total a la autoridad estatal. Los miembros de N.W.A., criados en la ciudad californiana de Compton —el Bronx de la costa oeste—, revolucionarían la escena en 1988 con el tema Fuck da Police (‘Que le jodan a la policía’). En él, hablaban de las deplorables condiciones económicas y de la violencia policial que sufrían los afroamericanos solo por su color de piel. La letra también defendía responder con violencia a esa marginación, lo que llegó a  encender las alarmas del FBI. Por canciones como esta, la prensa y las autoridades estadounidenses han perseguido y acusado al rap en numerosas ocasiones de promover la violencia en las comunidades negras y de ser la causa, y no la consecuencia, del problema.

Sin embargo, las bandas de hip hop pretendían educar y movilizar a los jóvenes para reducir la violencia dentro de sus propias comunidades. Un ejemplo de ello es el tema Self Destruction (‘Autodestrucción’), que compuso el artista KRS-One junto a raperos de las dos costas de EE. UU., tradicionalmente enfrentadas. El fenómeno alcanzó la cumbre en los noventa con artistas como 2Pac, Mos Def, De la Soul, Ice Cube, o The Fugees. Las raperas, como MC Lyte, Queen Latifa o Lauryn Hill —integrante de The Fugees— o Hurricane G, introdujeron en sus letras las reivindicaciones de las mujeres afroamericanas y latinas y denunciaron la misoginia dentro del hip hop. Las reivindicaciones sociales de los raperos incluso salieron de las fronteras del país. Algunas bandas, como Harlem World Crew, se posicionaron sobre el conflicto contra Irán, participaron en iniciativas contra el apartheid sudafricano o criticaron las condiciones de la cárcel de Guantánamo.

Pero el mensaje político del rap no bebía solo de sus experiencias vitales en el gueto, sino que se alimentaba de las ideas de activistas afroamericanos como Malcom X y Maya Angelou, y de la militancia en los Panteras Negras, movimiento surgido en los sesenta para defender los derechos de los afroamericanos de EE. UU. El peso de esta herencia se aprecia claramente en la figura del rapero 2Pac (Tupac Shakur). Asesinado en un tiroteo en 1996, 2Pac era hijo de dos miembros de los Panteras Negras, y es aún hoy un símbolo de la resistencia afroamericana y de la lucha contra las desigualdades económicas y de raza en EE. UU., y uno de los raperos que más discos ha vendido de la historia.

El camino hasta la Casa Blanca

Para finales de los noventa y principios de los 2000, el rap era ya tan popular que se comercializaba a través de canales musicales como la MTV, lo que provocó que fuera perdiendo su mensaje político. A las discográficas y emisoras de radio importantes, en su mayor parte en manos de grandes empresarios blancos, no les interesaba promocionar mensajes antisistema, y apostaron por temas que hablaban sobre la fiesta, las drogas, el lujo y el derroche.

Por si fuera poco, la llegada al poder de Barack Obama, el primer presidente afroamericano de la historia, en 2009, trajo optimismo a la comunidad afroamericana. La percepción de las relaciones raciales en EE. UU. mejoró y el activismo afroamericano se redujo. El rap apoyó a Obama y este incluso invitó a la Casa Blanca a los raperos Common y Jay-Z. El presidente incluso confesó escuchar música del polémico Lil’ Wayne, conocido por sus letras relacionadas con la droga y la violencia y que entonces estaba encarcelado por un robo. Todo ello habría sido impensable hasta entonces para una opinión pública y unas estructuras de poder dominadas por blancos.

Manifestación en contra de la violencia policial en EE. UU. en 2015. Fuente: Johnny Silvercloud (Flickr)

No obstante, hacia 2015 el optimismo fue desapareciendo al hacerse patente que la violencia y la discriminación contra los afroamericanos no había desaparecido a pesar de que un presidente negro ocupara la Casa Blanca. El Movimiento Black Lives Matter, que criticaba la violencia policial contra los negros, había nacido en nacido en 2013 y estaba entonces en auge. Siguiendo su empuje, el rap político volvió a tomar fuerza. 

Desde entonces el rap en EE. UU. se ha vuelto a llenar de activismo político, con artistas como Kendrick Lamar, también salido de Compton. En su álbum To pimp a Butterfly, pueden encontrarse temas como Mortal Man (‘Hombre mortal’) en el que cita a Mandela y que incluye una entrevista a 2Pac. Otra de sus canciones, Alright (‘Bien’), que se ha convertido en un himno para los activistas del Black Lives Matter. Otros artistas como M.I.ARun the Jewels y, ya en la era Trump, Childish Gambino, con su tema This is America (‘Esto es América’), cargaron sus letras con temas como la violencia policial, el racismo o la esclavitud, y otros más actuales como el feminismo, las fronteras, la crisis de refugiados o las críticas al sistema judicial

El desembarco del rap en las banlieues de Francia

El primer país fuera de EE. UU. en el que caló el rap político fue Francia. El mensaje de los hijos de los guetos estadounidenses atrajo pronto a muchos franceses originarios de las antiguas colonias de Francia en África y el Caribe, porque les conectaba con su propia experiencia vital de racismo y exclusión social. No en vano, la cuna del rap francés fueron los barrios desfavorecidos del extrarradio de París: las denominadas banlieues, y en concreto Seine-Saint-Denis. El rap llegó a Francia a principios de los ochenta, con las primeras giras de artistas estadounidenses por Europa. No obstante, lo que de verdad propagó el rap en el país fue la aparición de radios libres y el lanzamiento de un programa dedicado al hip hop en una de las principales cadenas de televisión del país, la TF1. Ello permitió que el rap de las banlieues inaugurara un estilo propio.

A partir de ahí, el rap crecería hasta hacer de Francia el segundo país más prolífico de la historia del género, alcanzando su clímax en los noventa. Los raperos franceses denunciaban la islamofobia, el racismo, la violencia policial, el desempleo y, en general, las discriminaciones de raza y clase que sufrían los franceses de origen africano, magrebí o caribeño. Las letras también abordaban la corrupción, las políticas migratorias, las prácticas neocoloniales de Francia en África y la manipulación de los medios de comunicación. Al igual que había ocurrido en EE. UU., el rap fue acusados de dividir a la sociedad y de promover la violencia en las banlieues. Entre los artistas comprometidos más importantes del país se encuentran IAM, Suprême NTM —fervientes defensores del panafricanismo—, 2bal, Assassin, Ministère AMER o Keny Arkana, rapera de origen argentino de letras explícitamente antisistema. Asimismo, y gracias a la emisora de radio MCM, el rap se extendió desde Francia a los países del África francoparlante, conectando a la diáspora africana con sus orígenes y al rap con sus fuentes ancestrales

El rap árabe, versos desde la intifada

El mundo árabe, y en particular Palestina, ha sido también una tierra fértil para el rap político. Su mayor exponente son los árabes israelíes DAM, los inventores del género en lengua árabe. Los fundadores de la banda comenzaron a rapear en 1998 —en los albores de la segunda intifada palestina contra Israel—,  inspirados por 2pac, Public Enemy, y por los textos antirracistas de Malcom X y Maya Angelou

El caldo de cultivo del rap político palestino también fue un gueto: la ciudad israelí de Lod, conocida en el país por ser un núcleo de pobreza, drogas y violencia. Cómo israelíes de origen palestino, DAM denunció tanto la situación de los palestinos en los territorios ocupados como la discriminación sistemática que vivían los árabes israelíes con temas como Min Irhabi (‘¿Quién es el terrorista?’). Posteriormente, y de mano de la cantante palestina Maysa Daw, el grupo ha incluido en sus canciones temas como el el feminismo, criticando el matrimonio o el rol tradicional de la mujer en la sociedad árabe, han animado a la participación electoral de los árabes en las elecciones israelíes y han apoyado al movimiento LGBT y al Black Lives Matter.

El rap hispanohablante: rimas por la revolución

También en España y América Latina el rap encontró cómo expandirse entre los más de 480 millones de hispanohablantes. En este caso, la mayor parte del rap político ha abrazado ideologías de izquierdas, feministas y anticoloniales. En España varios raperos han ocupado portadas de periódicos a raíz del contenido político de sus versos, como Los Chikos del Maíz, por sus críticas a la corona o por ser acusados de apoyar el terrorismo. Por esta misma razón el rapero Valtonyc huyó a Bélgica en 2018, cuando iba ser llevado a juicio acusado de injuriar a la Corona y enaltecimiento del terrorismo. En protesta por su caso, otros artistas se unieron para elaborar un tema en contra de la monarquía y a favor de la libertad de expresión. Otro caso similar es el de Pablo Hásel, condenado a varios meses de prisión en 2020 por enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona. El rap feminista español también se encuentra en pleno auge, con bandas como IRA o Tríbade, cuyas letras hablan del movimiento okupa, el debate alrededor de la prostitución o la LGTBIfobia.

En América Latina, el amplio abanico de rap político incluye, por ejemplo, a los venezolanos Hijo de Lobo Caza y Muchocumo, ambos a favor del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez. En el Caribe destacan los cubanos Aldeanos, muy críticos con el régimen castrista y con la situación económica de Cuba, algo por lo que llegaron a ser acusados de estar financiados por la CIA. Más al sur, las letras de la chilena Ana Tijoux hablan de los derechos indígenas, de feminismo y ecologismo, y las argentinas Sara Hebe y Actitud María Marta son defensoras de las Madres de Plaza de Mayo, una asociación que lucha por recuperar la memoria de los desaparecidos durante la dictadura de Rafael Videla en los setenta. También puede encontrarse rap político en México, con bandas como Facto, que se han posicionado en contra de la violencia en el país y han denunciado la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014.

El rap, una herramienta política inagotable

El rap ya forma parte de la música más comercial. Es un género tan popular que el rapero estadounidense Kanye West incluso se ha presentado a presidente en las elecciones de noviembre de 2020, una decisión que, aunque llamativa, ha tenido más de excentricidad personal y de marketing que de reivindicación política. Sin embargo, el potencial del rap como instrumento de comunicación política sigue vigente, alimentado por las desigualdades que siguen sin desaparecer y asentado por sus orígenes humildes como voz de los desheredados. De hecho, salvo unas pocas excepciones en la República Checa y Alemania, donde han surgido grupos de rap de extrema derecha, el rap político siempre se ha posicionado a favor de colectivos discriminados y en contra del racismo y de las políticas económicas neoliberales. Esa postura ha llevado a raperos a perder la vida, como el griego antifascista Pavlo Fyssas, asesinado por miembros del partido neonazi griego Amanecer Dorado en 2013. Pero también ha hecho del rap una herramienta para artistas reivindicativos que sigue cruzando fronteras, adaptándose a nuevos contextos y evolucionando con cada lengua en la que se rima. 

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