Kanye West celebró la fiesta nacional de EE. UU. el pasado 4 de julio contándole a sus treinta millones de seguidores en Twitter que quiere ser presidente. Desde entonces, el país lleva un mes preguntándose si West va en serio, si es una operación de marketing, si se trata de un delirio o de una sutil estratagema para beneficiar a Donald Trump. Puede que sea todas esas cosas o puede que no sea ninguna. Con Kanye West, nunca se sabe.
Es verdaderamente difícil que Kanye West sea presidente de EE. UU., principalmente porque en los últimos cuarenta años ningún candidato presidencial de un partido que no sea el Demócrata o el Republicano ha logrado ganar aunque solo sea un estado. Eso, sin embargo, no quiere decir que su candidatura no pueda afectar al resultado electoral. Una encuesta otorgaba a West un 2% del voto en julio, y en las pasadas presidenciales el resultado en seis estados clave que decidieron las elecciones estuvo en menos de un 2% de diferencia.
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