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El rapero Kanye West, ¿presidente de Estados Unidos?

El rapero Kanye West, ¿presidente de Estados Unidos?
Fuente: abdou abdou (Flickr)

El rapero y empresario Kanye West se presenta a presidente de los Estados Unidos con un discurso algo inconexo y fuertemente religioso. Dice que ya no apoya a Trump, y algunos republicanos esperan que su candidatura dañe electoralmente al demócrata Joe Biden disputándole el voto afroamericano. West está teniendo dificultades hasta para que su nombre aparezca en la papeleta en algunos estados, pero la gran duda, sin embargo, es hasta qué punto está el artista comprometido con sus ambiciones políticas y si está dispuesto a llegar hasta el final.

Kanye West celebró la fiesta nacional de EE. UU. el pasado 4 de julio contándole a sus treinta millones de seguidores en Twitter que quiere ser presidente. Desde entonces, el país lleva un mes preguntándose si West va en serio, si es una operación de marketing, si se trata de un delirio o de una sutil estratagema para beneficiar a Donald Trump. Puede que sea todas esas cosas o puede que no sea ninguna. Con Kanye West, nunca se sabe. 

Es verdaderamente difícil que Kanye West sea presidente de EE. UU., principalmente porque en los últimos cuarenta años ningún candidato presidencial de un partido que no sea el Demócrata o el Republicano ha logrado ganar aunque solo sea un estado. Eso, sin embargo, no quiere decir que su candidatura no pueda afectar al resultado electoral. Una encuesta otorgaba a West un 2% del voto en julio, y en las pasadas presidenciales el resultado en seis estados clave que decidieron las elecciones estuvo en menos de un 2% de diferencia.

Kanye West: un perfil político

El político Kanye West tiene en su haber dos cualidades que son el sueño de cualquier candidato a presidente en Estados Unidos: una enorme fortuna y el hecho de que todo el mundo sabe quién es. Puede parecer obvio, pero la capacidad de recaudar los fondos necesarios y la de que los votantes conozcan tu nombre antes de ir a las urnas son las dos pruebas básicas de la viabilidad de una candidatura en EE. UU.

Kanye no sólo es un artista de talla mundial que vende millones de discos, sino que además tiene una marca de ropa que facturó mil millones de euros el año pasado. Se puede permitir contratar todo el personal necesario y pagar toda la publicidad del mundo. Y si no fuera ya muy conocido por su éxito profesional, su vida con su esposa Kim Kardashian es parte del exitoso reality que ella protagoniza desde hace trece años.

A pesar de su fama, West no ha hablado mucho de política durante su carrera. Es cierto que en 2005, durante un telemaratón a favor de las víctimas del huracán Katrina, levantó una enorme polémica cuando dijo sobre el entonces presidente George Bush que “no le importan los negros”, lo que el propio Bush define como “uno de los momentos más bajos” de su mandato. Sin embargo, Kanye reconoce que no ha votado una sola vez en su vida, y tras lo de Bush se mantuvo alejado de la política hasta que ofreció su apoyo a Donald Trump en 2016. Ahora dice que “se ha quitado la gorra roja” de los simpatizantes de Trump, pero sigue siendo mucho más amable con el presidente que con su rival demócrata Joe Biden.

El 74% de los estadounidenses cree que la candidatura de Kanye es una campaña publicitaria, y solo un 18% cree que va en serio. Fuente: YouGov

Kanye West considera racista que los demócratas den por seguro el voto negro y más aún que se le acuse a él de robarle votos a Biden: “mis padres no lucharon para que la gente blanca me dijera a qué persona blanca puedo votar”. El artista dice estar convencido de que puede ganar a Biden y da por seguro que le quitará apoyos en la comunidad negra. Cree que su rival demócrata no ganará porque “no es especial”, a diferencia de él mismo, Trump, Barack Obama o Bill Clinton. 

¿En qué cree Kanye?

Como político Kanye es difícilmente clasificable. Hasta ahora solo ha celebrado un mitin, el pasado 20 de julio, al que llegó con un chaleco antibalas y sin micrófono. En él, Kanye formuló varias de sus creencias: dice que la marihuana debe ser gratuita y está en contra de la brutalidad policial, también quiere eliminar “los productos químicos” que hay en el desodorante y en la pasta de dientes. No le importa además reconocer que hay temas, como la política fiscal, en los que todavía no ha pensado: “lo investigaré con los expertos más fuertes que sirvan a Dios y volveré con la mejor solución”. Porque, eso sí, Dios es muy importante en la candidatura de Kanye West.

El artista que revolucionó el hip hop y sirvió de puente con la música religiosa dice que es Dios quien “nombra” al presidente de EE. UU. y por eso se siente tranquilo. Con mucha diferencia su tema favorito es el aborto y, aunque no está muy claro si quiere ilegalizarlo, emplea buena parte de su tiempo en denunciar sus efectos en las comunidades negras. Él mismo se echó a llorar durante su mitin cuando contó que al principio su padre no quería tenerle y que además él mismo y su mujer se plantearon interrumpir el embarazo de su primera hija. Ahora dice que cada persona que tiene un hijo debería recibir un millón de dólares.

La religión también ha influido en su opinión sobre la futura vacuna del coronavirus, que considera “la marca del diablo” que “nos impedirá traspasar las puertas del cielo”. También comparte, a lo Miguel Bosé, la teoría de que en realidad lo que se busca con la vacuna es meter microchips en el cuerpo de la población. Puede que la vacuna no le parezca una cuestión tan urgente porque él ya ha pasado el coronavirus, pero a pesar de esto obligó a todos los asistentes a su mitin a firmar un documento eximiéndole de responsabilidad si se contagiaban.

Hace ya años que Kanye West se embarcó en un viaje religioso. Su último disco es Jesus is King (‘Jesús es el Rey’, 2019), pero también ha publicado Jesus is Born (‘Jesús ha nacido’, 2019) o Yeezus (2013). Además, prácticamente cada semana celebra sus “servicios dominicales”: un espectáculo musical con un coro gospel que va cambiado de sede y es retransmitido en redes sociales; a veces incluso se celebra en una iglesia con un sermón propiamente dicho. Ahora Kanye asegura que Dios le ha invitado a presentarse y su candidata a vicepresidenta es Michelle Tidball, una desconocida predicadora que trabaja en una clínica dental de Cody, Wisconsin, donde Kanye tiene su rancho.

A pesar de su crítica a George Bush en 2005 durante el huracán Katrina, hoy Kanye no tiene problema en predicar junto al telepredicador Joel Osteen, el mismo que se negó a abrir su megaiglesia para acoger a las víctimas del huracán Harvey en 2017. Osteen y Kanye comparten su afiliación al polémico “credo de la prosperidad”, que sostiene que la fe cristiana tiene beneficios materiales durante esta vida: si eres rico algo estarás haciendo bien. El pastor Joel Osteen no es tan rico como Kanye, pero sí tiene más de treinta millones de euros.

Está muy poco claro que el candidato West pueda aprovechar estos contactos y disputarle a Trump su absoluto dominio del voto blanco evangélico, pero su candidatura tiene retos más inmediatos y menos ambiciosos que ese y que tienen que ver con su credibilidad y con su capacidad administrativa.

Los grandes retos del candidato Kanye West

Más allá de la indudable atención que ha logrado despertar, el candidato West tiene ahora que demostrar que su campaña es algo más que un ejercicio de vanidad, la promoción de un nuevo disco o simplemente una locura. Y también necesita una infraestructura electoral que ahora mismo no posee y que, a diferencia por ejemplo de Trump en 2016, debe construir, porque no tiene a un gran partido detrás que le vaya a hacer el trabajo.

En la política estadounidense la vida fuera de los partidos Republicano y Demócrata es muy dura. West se presenta por el llamado “Partido del Cumpleaños”, que ha bautizado así porque, en su opinión, “si ganamos, todos los días será tu cumpleaños”. El problema es que cada uno de los cincuenta estados del país tiene sus propias leyes electorales y condiciones especiales para presentarte. Solo conseguir que tu nombre salga en la papeleta y estés legalmente cualificado para ser candidato conlleva un proceso administrativo arduo y caro. Una señal de que Kanye no se toma del todo en broma su candidatura es que ya ha empezado a gastarse dinero, por ejemplo, en pagar a empresas que recogen las firmas necesarias para avalar su candidatura en varios estados, aunque ya va tarde en muchos de ellos. 

Le han cerrado ya el plazo en algunos como Massachusetts, Texas o Florida, y en otros donde sí ha presentado las firmas no está muy claro que sean válidas. West ha tenido que renunciar a presentarse en Nueva Jersey, por ejemplo, porque le han denunciado por irregularidades en los avales, y han surgido dudas en otros estados. Aún así, Kanye sigue intentando cumplir los requisitos necesarios para ser candidato en otros estados políticamente muy relevantes como Wisconsin u Ohio, donde la elección puede decantarse por un puñado de votos. 

Parece claro que West podrá participar en algunos estados y en otros no, haciendo poco menos que imposible una victoria pero permitiéndole cierto nivel de influencia. Muchos expertos señalan que puede tener apoyos entre los votantes afroamericanos, aunque más que dañar a Biden, West puede atraer a las urnas a nuevos votantes desconectados de la política pero que le tienen aprecio como artista. Aún así, Kanye parece estar recibiendo ayuda de algunos republicanos que esperan que el rapero le dispute algunos apoyos al candidato demócrata. 

Con todo, más allá de las importantes cuestiones administrativas, el gran reto de la candidatura de Kanye West es el propio Kanye West. ¿Va a ir con esto hasta el final? El artista le ha dedicado hasta ahora poco tiempo a su candidatura y no tiene la agenda asfixiante que suelen tener los presidenciables. Si quisiera, con su dinero, podría montar una campaña enormemente competitiva, pero ¿quiere de verdad hacerlo, o es todo fruto de un impulso?

La propia mujer de West ha recordado recientemente que el artista sufre un trastorno bipolar y que están intentando ayudarle, pero que el candidato es mayor de edad y no pueden obligarle a nada. Kanye se ha manifestado en el pasado a veces a favor y a veces en contra de la medicación psiquiátrica, pero nadie sabe a ciencia cierta cuál es su situación actual. Después del famoso mitin en el que lloró contando que se habían planteado abortar durante el embarazo de su primera hija, West denunció en redes sociales que su esposa quería “encerrarle” en una clínica mental por ello. Desde entonces, ha borrado el contenido y se ha disculpado.

El público estadounidense está más que acostumbrado a los dramas que rodean la vida del matrimonio West-Kardashian, y un debate nacional sobre la relación entre política y salud mental sería muy positivo, pero es inevitable que estas noticias afecten a la viabilidad de Kanye como candidato. A pesar de esto, él suena tan confiado como siempre: ya les ha pedido a Trump y Biden que “se retiren elegantemente”, y dice que no teme la derrota, porque sería la voluntad de Dios. Aún así, recuerda, “como todo lo que he hecho en mi vida, lo hago para ganar”.