El 17 de octubre, Francia vivió una jornada de protesta contra el encarecimiento de la vida y el abandono de los servicios públicos. En las manifestaciones confluyeron diversos sectores de las clases trabajadoras, agricultores y funcionarios públicos afectados por la precariedad laboral. En redes se hablaba del regreso de los chalecos amarillos, movimiento social de marcado carácter violento y descentralizado que movilizó a amplios sectores de la sociedad entre 2018 y 2019. A esta convocatoria se sumó el estudiantado francés, movilizado desde principios de mes contra el deterioro de la educación pública.
Este tipo de protestas se enmarcan en un contexto más amplio de movimientos sociales que, si bien están logrando movilizar a la juventud de manera masiva en muchas partes del mundo, no logran victorias de calado. Esto se debe a las carencias que presentan las formas de articular la lucha en nuestra época, marcada por el debilitamiento de los lazos interpersonales, del rol de las formaciones políticas como espacios de socialización y de una sustitución de la esfera pública por el activismo en redes sociales. Así está sucediendo en Francia: la falta de estructuras organizativas en las protestas y la negativa del poder político a escuchar las demandas complican su éxito, como ya sucedió en el pasado.
El origen de las protestas
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento







