A comienzos de la década de los sesenta, casi un tercio de los trabajadores asalariados de Estados Unidos estaba afiliado a algún sindicato. Tras el colapso del crack del 29, el país vivió su particular resurgimiento sindical tras la II Guerra Mundial y la enorme expansión industrial y de los sectores productivos.
En 1955, por ejemplo, nació la American Federation of Labor and Congress of Industrial Organizations (AFL-CIO), que de forma casi inmediata se consolidó como el sindicato más grande del país y que a día de hoy sigue siendo la principal organización de este tipo en Estados Unidos.
A partir de los años sesenta, sin embargo, el movimiento sindical comenzó un declive que ya dura seis décadas y que ha provocado una caída en la tasa de afiliación de casi veinte puntos: mientras que a comienzos de los años sesenta más de un 30% de los trabajadores asalariados de EE.UU. formaba parte de algún sindicato, en 1983 la cifra ya había bajado por debajo del 20%, y a cierre de 2020 este porcentaje apenas se situaba en el 10,3%.
Pese a la fuerte mitología creada en torno al emprendimiento norteamericano, Estados Unidos es el país de la OCDE donde menos trabajadores por cuenta propia se registran, apenas un 6,3% de la fuerza laboral. Por contra, cerca de 140 millones de los casi 150 millones de trabajadores que hay en el país son asalariados, y de ellos solo cerca de 14 millones se encuentra afiliado a algún sindicato.
Existen, además, fuertes desequilibrios territoriales y sectoriales dentro de las estadísticas de afiliación del país. Algunos estados como Texas, Arkansas o Utah tienen una tasa de sindicación por debajo del 4%, mientras que otros como Nueva York o Hawái superan el 22%. De la misma forma, existe una enorme diferencia entre el volumen de sindicación que se registra en el sector público (34,8%) y el privado (6,3%).
El descenso continuado de los ratios de sindicación de las últimas décadas contrasta, eso sí, con la percepción que aún mantiene gran parte de la población norteamericana sobre los sindicados. Según una encuesta del Pew Research Centre, casi un 60% de los adultos de EE.UU. considera que esta caída de la afiliación es una mala noticia tanto para el país como para los propios trabajadores.
La llegada de la pandemia y el tremendo impacto que ha tenido la crisis sanitaria en el mundo del trabajo tampoco han supuesto un cambio demasiado importante para la sindicación en Estados Unidos, al menos en términos generales. Pese a la Gran Dimisión —el abandono masivo de puestos de trabajo— y los importantes movimientos sindicales en grandes empresas como Amazon o Starbucks, los datos del Bureau of Labor Statistics (BLS) —que sí que están actualizados hasta 2021 y que son muy similares a los que ofrece la OCDE— señalan que durante el año pasado la sindicación siguió cayendo en el país norteamericano, tanto en términos absolutos como porcentuales.
En total, el número de trabajadores sindicados descendió durante el año pasado en más de 240.000 personas, y la tasa de afiliación bajo en medio punto porcentual.







