La reforma de las pensiones de Macron que puede provocar unos nuevos Chalecos Amarillos

Francia vive las mayores protestas en décadas contra una impopular reforma de las pensiones. El Gobierno la ha aprobado sin votación en la Asamblea y ahora se enfrenta a varias mociones de censura. Pero la verdadera amenaza está en la calle, donde los sindicatos no descartan recurrir a la violencia.
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La reforma de las pensiones de Macron que puede provocar unos nuevos Chalecos Amarillos
Fuente: elaboración propia

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Hace mes y medio que Francia está en pie de guerra. Las ocho jornadas de huelga general y una asistencia récord a las manifestaciones muestran el rechazo que suscita la reforma de las pensiones propuesta por el Gobierno. Pero la oposición de más del 65% de los franceses no ha bastado para impedir que el 16 de marzo la primera ministra, Élisabeth Borne, impusiera la reforma sin someterla al voto de la Asamblea Nacional.
Pocas horas después de la aprobación de la norma se convocó una concentración espontánea en la Place de la Concorde parisina, ante el edificio de la Asamblea. Subido a un camión del sindicato Sud-Rail, uno de sus dirigentes tomaba el micrófono con una alegría poco disimulada: “¡Por fin nos han metido el 49.3, por fin podemos ir a la pelea!”.
El artículo 49.3 de la Constitución francesa permite al Ejecutivo imponer una reforma sin una mayoría parlamentaria. Borne ha recurrido al 49.3 once veces. De hecho, su Gobierno es el segundo que más ha usado este mecanismo desde la fundación de la V República en 1958. Se extiende la idea de que el presidente, Emmanuel Macron, dirige una “monarquía presidencial”. Ante esta deriva, los franceses se han plantado.
Las pensiones, un debate polémico en Francia
Lejos de apagarse con la prolongación de las huelgas, la determinación de los trabajadores, pensionistas y estudiantes ha aumentado en los últimos días. No solo está encima de la mesa la calidad democrática del país. El conflicto tiene una importante lectura de clase. El Gobierno justifica esta reforma, que retrasa la edad de jubilación de los 62 a los 64 años, con el argumento de que si la población vive más debe trabajar más. Sin embargo, la esperanza de vida de los franceses es menor cuanto más baja es su clase social: del 5% de varones más pobres solo el 75% llega a los 62 años, mientras que del 5% más rico llegan a esa edad el 95%. Con una inflación del 6,2% en febrero, los trabajadores más desfavorecidos y con los empleos más duros ven como sus pensiones ca...

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Arsenio Cuenca

Licenciado en Sociología por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). Máster 1 en Geopolítica y Máster 2 en Ciberestrategia por el Instituto Francés de Geopolítica (París). Doctorando de la EPHE/CNRS (París). Estudio los extremismos, internet y la intersección entre ambos.