Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) son una coalición militar que combatió en la guerra civil contra el extinto régimen de Bashar al Asad. Liderada por los grupos militantes kurdos, las FDS nacieron en 2015 como unión entre las antiguas Unidades de Protección Popular (YPG) kurdas y milicias árabes, turcomanas y cristianas para combatir a Dáesh. Hoy en día son el principal actor en el norte y este de Siria, con casi un tercio del territorio sirio bajo su control.
Contra Asad y Dáesh
El movimiento kurdo en Siria se organizó en 2003 en el Partido de la Unión Democrática (PYD, por sus siglas en kurdo). Con el estallido de la guerra civil en 2011, el PYD operaría a través de las milicias del YPG y las Unidades Femeninas de Protección (YPJ), su versión integrada por mujeres. Durante los primeros años del conflicto se erigieron como otro grupo contrario al régimen, pero en enero de 2015 se produjo un punto de inflexión: las milicias kurdas resistieron el avance de Dáesh, impidiendo la caída de la ciudad de Kobane. Desde entonces, se convertirían en el principal pilar de la ofensiva contra el terrorismo.
Con el apoyo de Estados Unidos, tanto en armamento como en coordinación con sus fuerzas especiales y aviación, en octubre de 2015 se formarían las Fuerzas Democráticas Sirias. Originalmente formadas en un 80% por kurdos, estas incluyeron a combatientes árabes, turcomanos y miembros de minorías religiosas como los yazidíes. La ofensiva contra Dáesh terminaría en marzo de 2019 con la derrota del grupo yihadista y el fin del autoproclamado califato tras la toma del pueblo de Baguz, en la frontera con Irak.
La recuperación territorial trajo consigo una nueva realidad para los combatientes yihadistas: las prisiones. Las Fuerzas Democráticas Sirias crearon cuatro prisiones para Dáesh, distintas de las prisiones civiles, y al menos veinticuatro instalaciones informales para prisioneros a la espera de juicio. En total, más de 11.000 combatientes masculinos permanecen bajo la custodia de las FDS en su sistema penitenciario. Además, casi 58.000 familiares de las filas del grupo terrorista permanecen en dos campos de detención al aire libre.
Rojava: el sueño de la autonomía
En paralelo al objetivo de combatir a Dáesh, las Fuerzas Democrátias Sirias tenían una segunda propuesta: la creación y reconocimiento de Rojava, el proyecto de autonomía política kurda en Siria. La revolución de Rojava se levantaba sobre una visión de liberación e inclusión con tres principios impulsada por Abdalá Ocalan, fundador del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Turquía: confederalismo democrático, sostenibilidad ecológica y equidad de género.
En el caso de Siria, la de facto región autónoma del Kurdistán se sitúa en la zona más fértil del país y es impulsada por reclamos independentistas. Su modelo económico bebe de la economía social y el ecofeminismo con proyectos basados en el comunalismo y el cooperativismo. En esa línea, las mujeres juegan un papel fundamental en la estructura institucional, política, económica y militar de la región, al integrar las YPJ y formar parte de todos los órganos de decisión.
Las Fuerzas Democráticas Sirias ante el futuro del país
En las Fuerzas Democráticas Sirias también hay antiguos combatientes del PKK, considerado grupo terrorista por la vecina Turquía. Esta cercanía, unida al miedo a que los kurdos dinamitasen la mecha del independentismo, ha provocado que Turquía considere a las FDS como una prolongación de la insurgencia separatista kurda con siglas diferentes y, por ende, terroristas.
Las desavenencias turcas con las Fuerzas Democráticas Sirias se han materializado en operaciones como Escudo del Éufrates en 2016 o Rama del olivo en 2018, después de que los kurdos intentasen unir los cantones de Kobane y Yazira con Afrin, que permanecía aislado. A estos ataques les siguió la operación Manantial de Paz en 2019, que junto con la instrumentalización de su apoyo a grupos rebeldes como el Hayat Tahrir al Sham (HTS) han tenido como meta evitar que los kurdos consolidasen un corredor terrestre en su frontera.
Por su parte, el apoyo de Estados Unidos a los kurdos está en decadencia desde 2019, cuando el presidente Donald Trump anunció la retirada de sus fuerzas de Siria durante su primer mandato. Si bien no se retiraron todas las tropas, el segundo gobierno del magnate traerá consigo la incógnita de si esta vez saldrá de Siria dejando a los kurdos solos ante una Turquía que, de nuevo, parece estar preparada para intervenir.
El propio Trump ha afirmado que Turquía ha sido el artífice de la ofensiva rebelde que ha tumbado la dictadura de Asad. La caída del régimen ha abierto una puerta hacia una nueva configuración en Oriente Próximo, una en la que Turquía no sólo busca asegurar su frontera y debilitar el control kurdo en Siria, sino ganar influencia regional. Con noticias de tropas agrupándose en la frontera, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan tiene asegurado su apoyo a HTS y la connivencia de una Unión Europea que busca contener la inmigración.
Con la caída del régimen, los kurdos avanzaron cruzando el Éufrates —la barrera natural que separaba su región— hacia el centro del país. Al mismo tiempo, los rebeldes proturcos del Ejército Nacional Sirio iniciaron una ofensiva en la ciudad de Manjib, disputada con las FDS, y Turquía ha bombardeado Kobane. Pese a estas disputas, HTS ha manifestado no tener como objetivo los territorios kurdos, y se espera que una delegación de las FDS se desplace a Damasco para alcanzar un acuerdo político que promueva una Siria democrática y pluralista. Así, de momento, el papel de las FDS en el futuro del país está por definirse.