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El ecofeminismo es una corriente y movimiento social y político que integra el ecologismo y el feminismo, al asociar la opresión que sufren las mujeres y otros colectivos con la sobreexplotación y la destrucción del planeta. El término fue acuñado en 1974 por la escritora francesa Françoise d’Eaubonne, quien explicó que la explotación y opresión de la sociedad patriarcal capitalista se extiende también al medioambiente. La teoría fue desarrollada especialmente en Estados Unidos durante el último tercio del siglo XX y se ha aplicado a numerosos movimientos por todo el mundo.
Qué promulga el ecofeminismo
El ecofeminismo explica que la necesidad de explotación del capitalismo lleva a la dominación por razón de género, clase, raza, especies y de la naturaleza. En 1993, las teóricas estadounidenses Greta Gaard y Lori Gruen publicaron el ensayo pionero Ecofeminismo, hacia la justicia global y la salud planetaria. Sostienen que ideologías como el racismo, sexismo, clasismo, imperialismo y el especismo se refuerzan mutuamente, creando sistemas de explotación que se extienden a las personas, la tierra y los animales. Así, la cultura de explotación y obtención de beneficios económicos creada por el sistema patriarcal y capitalista deriva en la sobreexplotación de la naturaleza y la mercantilización del cuerpo de la mujer.
En concreto, un informe publicado en 2020 por la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza documentó la relación entre el deterioro medioambiental y el aumento de la violencia de género. Concluye que el aumento de la presión ambiental y la falta de recursos básicos aumenta la explotación de la mujer a través de prostitución forzada, agresiones sexuales, tráfico sexual o el matrimonio infantil y forzado. Asimismo, aumenta la violencia contra las mujeres activistas medioambientales. Por otro lado, Carme Valls i Llobet, doctora especializada en endocrinología y medicina con perspectiva de género, ha estudiado que la contaminación afecta más a las mujeres y su salud reproductiva, e incrementa la aparición de enfermedades como la fibromialgia y el síndrome de la fatiga crónica.
Clásico o constructivista
Existen varias corrientes en el ecofeminismo, entre las que destacan el clásico y el constructivista. Todas mantienen que hay relación entre la dominación patriarcal de la mujer y de la naturaleza. Sin embargo, el ecofeminismo clásico es esencialista y espiritualista, pues entiende que las mujeres están más cerca de la naturaleza por sus características intrínsecas como la capacidad de crear vida y un carácter más intuitivo. Considera que el ser humano se ha separado de la naturaleza y se ha perdido la espiritualidad, y equipara el cuerpo femenino con la Madre Tierra. Esta visión del ecofeminismo ha sido criticada por corrientes posteriores por su carácter biologicista, pues perjudica las pretensiones de emancipación de la mujer.
Precisamente, el ecofeminismo constructivista considera que el clásico ve imposible superar el sistema de dominación de las mujeres y supone un retroceso en debates sobre sus derechos sexuales y reproductivos. En cambio, explica la relación entre la dominación de la mujer y del medioambiente a través de la construcción histórica de las identidades de género. Al ser tradicionalmente relegada al hogar y los cuidados, se ha visto más integrada con la naturaleza y, por tanto, más consciente de su deterioro. De esta corriente han surgido otras dos. El ecofeminismo materialista se centra en las desigualdades estructurales y sus consecuencias en la mujer y la naturaleza, y el ecofeminismo ilustrado propone aplicar los principios de libertad, igualdad y fraternidad, junto con la sostenibilidad y la “ecojusticia” con el Sur Global.
Movimientos en Asia, África y América Latina
El ecofeminismo está más presente en países en desarrollo. Esto se debe a la relación histórica de la mujer con la naturaleza y al impacto medioambiental y la sobreexplotación por parte de los países industriales ricos. Una exponente en Asia es la filósofa y activista india Vandana Shiva. Shiva participó en el Movimiento Chipko en 1973, un movimiento de mujeres campesinas y artesanas que consiguió reducir la tala de bosques en el Himalaya, y fundó el movimiento agroecológico Navdanya. En África destaca la política y activista keniana Wangari Muta Maathai. Maathai fundó en 1977 el Movimiento Cinturón Verde, una organización que busca proteger el medioambiente mientras mejora las condiciones de vida de las mujeres en el país. Para 2020, la organización había plantado más de 51 millones de árboles en Kenia.
Por su parte, el ecofeminismo latinoamericano se relaciona con el indigenismo y el afrofeminismo. Las mujeres indígenas han sido las principales actoras en la lucha contra la discriminación de sus pueblos, la violación de sus derechos y la destrucción de sus territorios históricos. Resaltan Berta Cáceres, líder lenca hondureña que fue asesinada por su labor activista, o Francia Márquez, abogada, activista y actual vicepresidenta de Colombia, que luchó contra la explotación minera ilegal que afectaba a las comunidades afrodescendientes. Por su parte, en Europa destaca la filósofa y escritora Alicia Puleo, quien ha hecho aportes como las propuestas del ecofeminismo ilustrado y del principio de justicia en el movimiento.