Quién gana y quién pierde con el abandono de Estados Unidos a los kurdos

Tras la retirada de las tropas estadounidenses de las zonas gobernadas por milicias kurdas y la entrada de Turquía en territorio nacional sirio para combatirlos, se han producido enormes movimientos de alianzas y estrategias de cara a un posible final de la guerra en Siria. A la espera de cómo se desarrollen las conversaciones a nivel diplomático y si se respeta el alto el fuego a nivel militar, lo que parece claro es que el Kurdistán sirio vuelve a estar, siete años después, en manos de Bashar al Asad.
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Quién gana y quién pierde con el abandono de Estados Unidos a los kurdos
Miembros de las Fuerzas Democráticas Sirias. Fuente: Kurdishstruggle en Flickr

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Cuando en marzo de 2011 comienza el conflicto civil en Siria, los partidos dominantes en la sociedad kurda siria como el Partido de la Unión Democrática (PYD) y su milicia, las Unidades de Protección Popular (YPG), no se suman de inmediato a las movilizaciones contra el Gobierno. Pese a que esta situación suscitó cierta sospecha en que pudiera haber algún tipo de alianza con el Estado, finalmente la mayoría de las agrupaciones kurdas y sus milicias pasaron a formar parte de ese amplio grupo considerado la oposición siria. Aun así, en el transcurso del conflicto, las YPG han luchado tanto contra el Gobierno de Asad como contra milicias yihadistas, incluido Dáesh, o hasta contra grupos rebeldes como el Ejército Libre Sirio.
Para ampliar: “Definiendo el Kurdistán”, Gemma Roquet en El Orden Mundial, 2017
Estados Unidos entra en la guerra   
La Administración Obama decidió en 2014 intervenir en la guerra de Siria con el objetivo declarado de luchar contra el terrorismo de Dáesh. Sin embargo, las malas experiencias en Irak y Afganistán suscitaban recelo entre la clase política y el electorado estadounidenses, por lo que el Gobierno prefirió optar por buscar un aliado local antes que desplegar un amplio contingente militar sobre el terreno. La alianza con las YPG era la mejor opción, porque eran los kurdos quienes estaban luchando más frontalmente contra Dáesh y porque así Estados Unidos evitaba aparecer apoyando directamente a las milicias opositoras al Gobierno de Asad. Por su parte, las YPG vieron como esa alianza les podía ayudar en sus aspiraciones nacionalistas. Sin embargo, que Turquía, aliada de EE. UU. en la OTAN, considerara a las YPG como un grupo terrorista —argumentando que son la filial siria del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), considerado un grupo terrorista tanto por Turquía como por Estados Unidos y la Unión Europea— complicaba esta alianza táctica y traería problemas ya desde ese momento.
Para ampliar: “El PKK, el partido qu...

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Carlos Palomino

Gran Canaria, 1996. Graduado en Periodismo en la UCM y máster de Mundo Árabe e Islámico en la UB. Interesado en las zonas en conflicto y geopolítica, especialmente de la zona del Magreb y Oriente Próximo.