Son muchas las dudas que ha generado la transición en Siria. A la incertidumbre generada por la repentina caída de la dictadura de los Asad, tras más de cincuenta años y trece de guerra civil, se unen los vínculos históricos de la principal organización rebelde, Hayat Tahrir al Sham (HTS), y de su líder, Abu Mohamed al Yolani, con Al Qaeda.
Sin embargo, hay motivos para el optimismo. Siria ya tiene un nuevo Gobierno de Salvación Nacional, una continuación del Ejecutivo que gobernaba en la zona rebelde de Idlib desde 2017 y que mezcla perfiles tecnocráticos y salafistas, encabezado por el primer ministro Mohammed al Bashir. En cuanto a HTS, llevaba años distanciándose de Al Qaeda, con la que rompió en 2016.
Las diferencias entre HTS y Al Qaeda no son solo cosméticas: implican cambios doctrinales respecto a la protección de las minorías religiosas y las prioridades estratégicas. Como Hamás en Palestina, HTS no tiene ningún interés en una “yihad global”, como Al Qaeda. Por el contrario, su prioridad ha sido derrocar a Asad, y no tendría sentido que Yolani se alejara ahora de una estrategia que se ha demostrado exitosa. Además, HTS lleva desde 2014 combatiendo a Dáesh, y Al Qaeda ya cuenta con otra filial en Siria.
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