El riesgo sistémico es la probabilidad de que un sistema financiero, una industria o una economía colapsen a partir de uno de sus componentes. La clave para entender su alcance es la interdependencia: a mayor vínculo entre componentes, mayor riesgo de que el fallo en uno de ellos se contagie a los demás, generando una reacción en cadena. Igual que en el cuerpo humano una afección en un órgano puede afectar a otros, o un problema en la sangre puede afectar a todos, un fallo en un banco o en el conjunto del sistema bancario puede arrastrar a los sectores económicos que dependen de ellos. Frente a la incertidumbre que supone, Gobiernos y organizaciones internacionales han llevado a cabo esfuerzos para predecir y mitigar el riesgo sistémico, en especial desde la crisis en 2008.
¿Riesgo sistémico o sistemático?
El riesgo sistémico no debe confundirse con el riesgo sistemático, más general e identificable. También conocido como riesgo de mercado, es el riesgo que acarrea el mercado en sí, pero por factores externos, como la situación política. A diferencia del riesgo sistémico, donde una caída imprevista de una entidad puede colapsar un sector entero, el riesgo sistemático siempre está presente debido a la incertidumbre que conlleva el propio mercado. Además, suele afectar en diferentes medidas a todos los sectores de la economía, mientras que el alcance del riesgo sistémico está determinado por la interrelación entre sectores. Por eso a este se le considera más difícil de anticipar, tanto para determinar si surgirá como para estimar su alcance.
Un riesgo sistémico en un sector financiero, a su vez, puede ser parte de un riesgo sistemático. Un ejemplo fue la caída de Lehman Brothers en 2008. La integración del hasta entonces cuarto banco de inversiones más grande de Estados Unidos en la economía del país hizo que su caída tuviese repercusiones en todo el mercado de capitales, provocando la caída de otras entidades financieras. Merrill Lynch y Bear Stearns, entre otras, tuvieron que ser adquiridas, mientras que la aseguradora AIG fue rescatada por la Reserva Federal estadounidense. La caída de Lehman Brothers está relacionada con riesgos sistemáticos como la burbuja inmobiliaria y la posterior crisis financiera, pero lo que hace del ejemplo un riesgo sistémico es su repentina caída y sus repercusiones en los propios mercados financieros.
La intervención cura, pero no erradica
Desde la crisis financiera mundial de 2008, tanto Gobiernos como organizaciones internacionales han emprendido un papel más activo para mitigar los riesgos sistémicos. Por ejemplo, tras los efectos de la caída de Lehman Brothers, el Gobierno de Estados Unidos decidió rescatar compañías consideradas too big to fail (‘demasiado grandes para quebrar’), es decir, aquellas entidades financieras cuya caída sería capaz de hacer colapsar el sistema financiero. Una de ellas fue AIG, con préstamos de hasta 180.000 millones de dólares.
También se han establecido marcos regulatorios y grupos especializados para anticipar los riesgos sistémicos. En Estados Unidos, la Ley Dodd-Frank de Reforma de Wall Street y Protección al Consumidor de 2010 pretende prevenir las conductas de riesgo que llevaron a la crisis, y se enfoca en entidades clave para el sistema financiero. La Unión Europea creó ese mismo año la Junta Europea de Riesgo Sistémico (JERS) para prevenir y mitigar el fenómeno. Asimismo, han surgido indicadores para medir características que indiquen un posible evento sistémico. Un ejemplo es el SRISK europeo, que mide la fortaleza y la capacidad de las entidades bancarias para afrontar una hipotética crisis. No obstante, aunque todas estas medidas de prevención permiten responder mejor, no impiden que puedan existir nuevos riesgos sistémicos por el avance en el comportamiento de la economía.








Interesantes sobre este tema son los ensayos de Taleb, como The Black Swann o Antifragile