Una burbuja económica consiste en el aumento del precio de un producto o un activo muy superior a su valor razonable. A esta subida desenfrenada suele seguirle una bajada igual de rápida, por la cual la burbuja estalla y puede llevar a una recesión. Existen en general cuatro tipos de burbuja económica: bursátil, del mercado de activos, del mercado de crédito y de materias primas, que se desarrollan en distintas etapas. Sin embargo, aunque las burbujas están ligadas a la especulación, son difíciles de identificar porque sus causas no se conocen con exactitud.
Especulación como trasfondo
Las burbujas económicas suelen resultar de la especulación de los inversores, pero el por qué de esta especulación no está claro. Las causas de las burbujas pueden ir desde aspectos del contexto económico, como la política monetaria y los tipos de interés, hasta factores psicológicos del comportamiento de los inversores, como la “teoría del más tonto”. Sin embargo, no existe un acuerdo entre los expertos. Además, la especulación no siempre está detrás de la burbuja, pues también juegan un papel las modas y tendencias del mercado. En cualquier caso, las burbujas suelen ser identificadas tras su caída.
El economista estadounidense Hyman Minsky, pionero en el estudio de las causas de inestabilidad financiera, identifica cinco etapas de las burbujas: desplazamiento, boom, euforia, toma de beneficios y pánico. Primero, tras identificar un nuevo paradigma, como nuevas tecnologías o bajos tipos de interés, los inversores empiezan a invertir. A esto le sigue el boom o auge, donde los precios empiezan a subir y los inversores aumentan. Cuando la subida de precios se dispara, da paso a la fase de euforia.
A medida que los precios alcanzan valores récord, algunos inversores identifican las señales de advertencia y venden su inversión antes de que esta pierda valor cuando la burbuja estalle. A esta fase se la llama la “toma de beneficios”. Por último está el pánico, donde uno o varios acontecimientos provocan la caída del valor del bien. Ante las posibles pérdidas, los inversores entran en pánico y empiezan a vender sus productos o activos en un intento de limitarlas. Cuando la cantidad de bienes satura a la de inversores dispuestos a comprar al precio inflado, la burbuja estalla con una caída estrepitosa del precio del bien.
Burbujas económicas: de tulipanes a hipotecas
Las burbujas económicas pueden darse con cualquier producto o activo. Estas pueden implicar acciones o activos financieros de empresas, conocidas como burbujas bursátiles. Por ejemplo, en la burbuja de las puntocom de finales del siglo XX, los precios de las acciones de startups tecnológicos se dispararon, pese a sus beneficios limitados. También puede ocurrir una burbuja del mercado de activos fuera del mercado de valores, como las divisas. Un ejemplo podría ser el auge y reciente caída del valor de las criptomonedas como Bitcoin y Ethereum. Otro tipo de burbuja económica es la del mercado de préstamos y crédito, como con los bonos hipotecarios en la burbuja inmobiliaria de 2008 en Estados Unidos.
Las burbujas económicas también pueden implicar el mercado de materias primas. La “tulipomanía” de 1634 a 1637, por ejemplo, se generó tras una euforia en la venta de bulbos de tulipanes en Países Bajos. El aumento en la demanda de bulbos de tulipanes, en especial de variedades raras, disparó sus precios, impulsado también por la venta de futuros bulbos que aún no se habían recolectado. La burbuja estalló al fallar una gran venta de tulipanes en la que no apareció el comprador, y esa evidencia de que los precios de los tulipanes estaban injustificados marcó el inicio del pánico. Otro ejemplo podría ser la caída de los precios del petróleo en un futuro donde las energías renovables se vuelvan protagonistas.
Con todo, el alcance de los daños causados por una burbuja económica varía según el sector involucrado, el grado de participación de inversores o cuánta deuda facilita las inversiones. La burbuja inmobiliaria de 2008, por ejemplo, llevo al estallido de la crisis financiera global. El aumento de la demanda de la vivienda por la bajada de intereses y la permisividad de los bancos multiplicó el precio de las hipotecas de manera desorbitada. La estabilización del mercado, con la consecuente subida de tipos, desencadeno una cadena de impagos entre 2007 y 2008 que desplomó los precios de las viviendas y los bonos hipotecarios.





