La energía limpia es aquella que no contamina ni produce residuos en su proceso de producción. Habitualmente se confunde con las energías renovables, pero algunas limpias son finitas, y producir algunas renovables contamina, por lo que no siempre coinciden. Los objetivos de usar energía limpia son preservar el medioambiente y paliar la escasez de energías no renovables. Ante el aumento de la demanda de energía y los plazos de caducidad del gas y el petróleo en las próximas décadas, esta alternativa proporciona beneficios económicos y ambientales.
Por un lado, como los recursos de las energías limpias pueden reponerse de forma natural, los costes de extracción son nulos, a diferencia de lo que ocurre con el gas o el petróleo. A su vez, las energías limpias facilitan la independencia energética de los países e impulsan la creación de empleo y el crecimiento de las economías locales. Por otro lado, son ecológicas, es decir, no emiten residuos contaminantes; suelen ser ilimitadas, ya que la mayoría se obtienen de recursos de la naturaleza que se regeneran rápido, y son seguras, pues desmantelar las plantas es sencillo y no requiere custodiar recursos tóxicos.
Energía limpia o renovable: conceptos distintos, pero relacionados
Los conceptos de energía limpia y renovable suelen ir juntos, pero no significan lo mismo. Algunas energías renovables pueden contaminar, como el biodiesel o el biogás, que proceden de fuentes naturales infinitas pero en su combustión emiten gases contaminantes a la atmósfera. También hay energías limpias que proceden de fuentes finitas y, sobre todo, energías limpias que además son renovables. Estas, también llamadas energías verdes, incluyen la eólica, solar fotovoltaica, hidroeléctrica, el hidrógeno verde, biomasa, la geotérmica o la mareomotriz.
La más usada de estas es la energía hidroeléctrica, que representa un 44% de la capacidad mundial de generación eléctrica renovable. Le siguen la solar y la eólica con un 28% y un 27%, respectivamente. Sin embargo, aunque la producción de energía hidroeléctrica no emite gases de efecto invernadero, favorece la industrialización relacionada con la construcción de represas y la deforestación, dos elementos que dañan al medioambiente. Por tanto, se considera renovable, pero no necesariamente limpia.
Hacia la transición energética
En sus perspectivas para 2050, la Agencia Internacional de Energías Renovables subraya la importancia de adoptar energía limpia para conseguir los objetivos del Acuerdo de París y descarbonizar la economía global. Además, estableció ese año como límite para lograr las cero emisiones netas de CO2 a nivel mundial, es decir, acercarnos lo máximo posible a no emitir gases de efecto invernadero, excepto por algunas emisiones residuales que absorbe la atmósfera.
Por su parte, la Unión Europea cuenta con dos instrumentos clave para una transición energética sostenible: el Pacto Verde Europeo y el paquete de medidas Objetivo 55. Los Estados miembros se han comprometido a reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55% hasta 2030 teniendo en cuenta los niveles de 1990. El objetivo es conseguir una economía descarbonizada y basada en energías renovables. Sin embargo, en ese esfuerzo, la Comisión Europea reconoció en la Nochevieja de 2021 la energía nuclear y el gas como fuentes limpias, una postura criticada por los ecologistas. Mientras tanto, los defensores de la energía nuclear argumentan que no causa residuos radiactivos de larga duración.
Aunque las energías renovables y limpias podrían reemplazar a los combustibles fósiles para 2050, queda mucho trabajo por hacer. El equilibrio requiere, entre otras, almacenar energía renovable para utilizarla cuando la demanda lo requiera, lo cual necesita una gran inversión en mejorar infraestructuras y un pacto energético mundial que involucre a países desarrollados y en desarrollo.