La energía nuclear puede regresar al podio energético tras años de críticas y cierres de centrales. Combustibles fósiles cada vez más caros, el desafío de la guerra en Ucrania a la seguridad energética y la necesidad de avanzar en los compromisos climáticos le han dado una oportunidad única. Francia, China o Estados Unidos, que anunció ayer la primera ganancia neta de una fusión nuclear, ya no son los únicos países que confían en esta energía: se han sumado Polonia o Kenia, e incluso algunos que la rechazaban, como Japón o Alemania, apuestan por recuperarla.
La ONU también considera que la energía nuclear debe ser una fuente para descarbonizar el planeta. Sin embargo, no servirá para salvar esta crisis. Aunque aporta seguridad de suministro y no emite gases contaminantes, es cada vez más cara, tarda mucho hasta que una nueva central pueda empezar a producir, y los reactores ya activos están envejeciendo, limitando el suministro en países como Francia. No se trata de descartar el recurso, pero sí de asumir que frente a este invierno no podemos esperar un milagro nuclear.
La crisis energética como oportunidad para la nuclear
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