Un crimen de lesa humanidad es un acto cometido con la intención de causar sufrimiento como parte de un ataque sistematizado o generalizado contra la población civil. Para la ONU y la comunidad internacional se trata de uno de los cuatro crímenes de mayor trascendencia, junto al genocidio, los crímenes de guerra y la agresión, y los juzga por lo general la Corte Penal Internacional (CPI). Pueden cometerse en tiempos de guerra o de paz y no existe un límite de tiempo para denunciarlos o perseguirlos.
De los Estados al derecho internacional
Existe un debate sobre cuándo surgió la idea del crimen de lesa humanidad. Algunos juristas sitúan su origen en la explotación belga del Congo a finales del siglo XIX y principios del XX. Otros apuntan a la declaración británica, francesa y rusa tras la matanza de cientos de miles de armenios por parte del Imperio otomano en 1915. En cualquier caso, el crimen se codificó por primera vez en los Tribunales de Núremberg y Tokio tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, dependía de haberse cometido vinculado a los otros crímenes que estaban bajo la jurisdicción del tribunal, como los crímenes de guerra o la agresión.
Décadas después, los estatutos de los Tribunales Penales para Ruanda y la Antigua Yugoslavia siguieron desarrollando el concepto de crimen de lesa humanidad y cómo debería perseguirse. Este proceso culminó en 1998, con la creación de la Corte Penal Internacional y la firma del Estatuto de Roma, que entró en vigor en 2002. Bajo su artículo 7, los crímenes de lesa humanidad son: asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o traslado forzoso, privación de libertad fuera del derecho internacional, tortura, violación u otros crímenes sexuales, persecución por motivos discriminatorios, desaparición forzada, apartheid y otros actos considerados inhumanos. No obstante, distintos Estados ya se habían pronunciado contra estos crímenes, por lo que la prohibición derivó de esa costumbre hasta formalizarse en el derecho internacional.
Actos graves, sistemáticos y conscientes
Un crimen de lesa humanidad cuenta con tres elementos. Primero, se trata de actos físicos graves, que violan los derechos fundamentales de la persona. En segundo lugar, deben cometerse como parte de un ataque sistemático o generalizado contra la población civil. Esto puede ocurrir de manera simultánea, como pasó durante el apartheid sudafricano, donde la política de segregación racial fue impuesta a toda la población. También puede ser la suma de casos individuales, como los asesinatos y la esclavitud sexual de cientos de personas en Uganda por parte del Ejército de Resistencia del Señor.
Por último, el agresor ha de ser consciente de su ataque contra la población civil y de su función en ello. Estos tienen que ser el resultado de cumplir una política del Estado o de una organización paralela, pero, a diferencia del genocidio, el crimen de lesa humanidad no requiere la intención de erradicar a un grupo. La intención de cometer los actos contra la sociedad civil es suficiente.
Los crímenes de lesa humanidad no prescriben
Para que los presuntos responsables puedan ser juzgados, no hay límite de tiempo para denunciar o perseguir un crimen de lesa humanidad. Por ejemplo, el expresidente de Sudán, Omar al Bashir, tiene dos órdenes de detención emitidas en 2009 y 2010 por su papel en el conflicto de Darfur entre 2003 y 2008. El caso continúa en etapa preliminar hasta que Al Bashir sea arrestado o se presente ante la CPI en La Haya.
Además, los crímenes de lesa humanidad pueden ser denunciados y perseguidos en cualquier país. En teoría, su gravedad permite que cualquier Estado, sin necesidad de que las víctimas o responsables tengan su nacionalidad, o que ocurran en su territorio, pueda acusar y condenar estos crímenes bajo su sistema legal. Sin embargo, esto suele ser algo excepcional, dada la labor complementaria de la CPI.




