Al acabar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y la Unión Soviética decidieron que el régimen nazi debía ser juzgado por el Holocausto y demás atrocidades cometidas. Para ello se reunieron en Londres en agosto de 1945 y, como habían acordado en Moscú, aprobaron el estatuto del Tribunal Militar Internacional (TMI) o Tribunal de Núremberg, que juzgaría a los dirigentes y funcionarios nazis. El TMI podía procesar a los acusados por crímenes de guerra, de agresión y contra la humanidad. En total se celebraron trece procesos que juzgaron a 611 nazis de los casi 5.000 que habían sido propuestos.
Los Aliados tenían motivos para elegir la ciudad alemana de Núremberg como sede de los juicios. Antes de la guerra había sido el lugar que más público reunieron los mítines del Partido Nazi y donde se aprobaron las Leyes Raciales contra los judíos en 1935. Aunque también influyó que el Palacio de Justicia de la ciudad fuese de los pocos edificios en Alemania que había sobrevivido a los bombardeos.
Penas de muerte y cadenas perpetuas
De los trece procesos que se celebraron en Núremberg, el más famoso fue el primero: el juicio contra veinticuatro oficiales nazis de alto rango. Entre ellos estaban el vicecanciller del Tercer Reich, Hermann Göring, el segundo líder del Partido Nazi, Rudolf Hess, y el ministro de Exteriores, Joachim von Ribbentrop, pero no los dirigentes Adolf Hitler, Heinrich Himmler y Joseph Goebbels, que se habían suicidado antes de acabar la guerra.
El juicio contra los veinticuatro comenzó el 20 de noviembre de 1945 y terminó con el veredicto del Tribunal de Núremberg en octubre de 1946: doce condenas de muerte, tres sentencias a cadena perpetua, cuatro sentencias de cárcel de entre diez y veinte años, y tres absoluciones. Las sentencias de dos de los veinticuatro, Robert Ley y Martin Bormann, no se ejecutaron porque el primero se había suicidado en la víspera del juicio y el segundo estaba desaparecido, aunque sí se le condenó.
El resto de juicios no tuvieron lugar en Núremberg, sino en los tribunales de los países aliados, que procesaron a cargos nazis de menor rango, como médicos y jueces. Para que todos los tribunales siguiesen las mismas normas, en diciembre de 1945 los aliados aprobaron en Berlín la Ley 10 del Consejo de Control Aliado para Alemania. Bajo esta ley, por ejemplo, Estados Unidos imputó a 177 personas y condenó a 97 en doce juicios posteriores a 1946, aunque a la larga miles de nazis lograron salir de Alemania y escapar de la justicia hasta refugiarse en otros países de Europa y América. Aún hoy, Canadá, Estados Unidos y Alemania buscan colaboradores del régimen nazi que hicieron posible el Holocausto.
El legado de los juicios de Núremberg
El mayor legado de los juicios de Núremberg fue su aporte al derecho internacional. Por primera vez en la historia se reconoció la responsabilidad penal de los individuos a nivel internacional, pues hasta entonces el Estado era el único responsable de cualquier delito. Sin embargo, a partir de Núremberg, cualquier persona que cometiese un crimen de guerra, de agresión o de lesa humanidad podía ser juzgada por un tribunal internacional. De hecho, Núremberg sirvió de precedente del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia y para Ruanda, y para la Corte Penal Internacional (CPI), que se creó en 1998 con el fin de juzgar a individuos responsables de crímenes internacionales graves.
Por otro lado, los juicios de Núremberg también ayudaron a tipificar antiguos delitos y a legislar otros nuevos. Si bien los crímenes de guerra, agresión y lesa humanidad ya existían antes de 1945, el estatuto del Tribunal de Núremberg fue el primero en regularlos en el contexto de una guerra. Gracias a ello, los crímenes internacionales pudieron desarrollarse y concretarse más. Núremberg, asimismo, contribuyó a tipificar el genocidio, de manera que la ONU aprobó la Convención para la Prevención y la Sanción de este delito en 1948. El resultado de todo ello es que hoy la CPI puede juzgar a individuos por crímenes de guerra, de agresión y de lesa humanidad, y por el propio genocidio.