Putin necesita un mundo multipolar para derrotar a Estados Unidos

Extracto del libro ‘El porvenir del Viejo Mundo’, del profesor Óscar Vara, recién publicado por Ariel. Plantea que Europa puede dar un paso al frente en un mundo dominado por China y Estados Unidos y tras la invasión rusa de Ucrania.
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Putin necesita un mundo multipolar para derrotar a Estados Unidos
Fuente: elaboración propia con Midjourney y Wikimedia.

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En las relaciones internacionales desde la caída del muro de Berlín, Estados Unidos ha configurado en gran medida el terreno de juego. El mundo pasó de ser bipolar a ser unipolar en un plazo de tiempo demasiado breve. Pero los cambios que ha ido generando el proceso de la globalización han dado paso a una nueva narrativa. Una narrativa en la que está especialmente interesado el presidente ruso Vladímir Putin. No son pocos los discursos en los que Putin promociona esta nueva percepción de las naciones en el entorno global, incluso promoviendo debates sobre cómo trasladar esta nueva realidad al mundo del derecho internacional:

“En la actualidad, se está formando un sistema multipolar de relaciones internacionales. Es un proceso irreversible; está ocurriendo ante nuestros ojos y es de naturaleza objetiva. La posición de Rusia y de muchos otros países es que este orden mundial democrático y más justo debe construirse sobre la base del respeto y la confianza mutuos y, por supuesto, sobre los principios generalmente aceptados del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas”.

Aun cuando sus acciones contradigan de forma tan evidente estas palabras expresadas ante los participantes en el Foro Legal Internacional de San Petersburgo el 30 de junio de 2022 —es decir, cuatro meses después de haber dado la orden de atacar Ucrania—, no le falta razón a Putin cuando enfatiza que la marea del mundo ha cambiado ya hace unos cuantos lustros y que desde hace tiempo hay muchos indicios de que estamos asistiendo a «el ascenso de (una parte) del resto» (Wade, 2011). Algunos datos servirán para ilustrar este cambio: la participación en el PIB mundial de los países del G7 disminuyó desde el 65 por ciento en el año 2000 al 45 en 2021; mientras, China pasó de representar un 4 por ciento a alcanzar el 18 en ese mismo periodo; India lo aumentó del 1,4 al 3,3 por ciento, y la Federación rusa, que se quedaba en el 0,8, en 2021 casi llegaba al 1,9 por ciento.

Sin embargo, también es significativa la insistencia con la que el presidente ruso usa el concepto de multipolaridad con la intención de oponerlo, de forma maniquea, al concepto de unipolaridad, que se relaciona con la posición hegemónica de superpotencia que tiene Estados Unidos. En otro tiempo, la posibilidad de pasar por encima de la dinámica creada durante la Guerra Fría por el enfrentamiento de americanos y soviéticos favorecía un mundo con una organización política internacional de carácter multilateral, es decir, que fuera reflejo de un orden mundial basado en reglas, de tal manera que tendiera a la cooperación global a través de organizaciones mutuamente aceptadas por todos los países y que les harían quedar sujetos en sus relaciones a acuerdos internacionales.

Desde Rusia, hay una percepción negativa de cómo ha funcionado el armazón jurídico institucional internacional debido al comportamiento de Estados Unidos dentro de ese esquema. Como le hemos escuchado en diversas ocasiones a Putin, Estados Unidos suele recurrir a los foros internacionales cuando se producen conflictos que afectan a sus intereses, pero no duda en sortearlos y actuar de forma unilateral cuando sus intenciones son vetadas en esos mismos foros internacionales (por ejemplo, en las Naciones Unidas). En definitiva, Rusia critica que para Estados Unidos el multilateralismo sea una mera coartada para su acción unipolar en el mundo. Y no es que falten los ejemplos para respaldar esta afirmación: desde la invasión de la isla de Granada el 25 de octubre de 1983 hasta la invasión de Irak en 2003, o la intervención en Siria en 2014.

A pesar de reiterar su predisposición a llegar a acuerdos y a mantener relaciones amistosas y mutuamente beneficiosas en todos los continentes, Rusia nunca ha abandonado la intención de actuar como una potencia en el ámbito internacional. De hecho, en sus críticas subyace el lamento por no ser capaz de actuar de la misma manera, a nivel global, que la superpotencia económica y militar estadounidense, para así crear un equilibrio de fuerzas que le permita disfrutar de una parecida posición privilegiada. La invasión de Ucrania en febrero de 2022 demuestra la determinación de Rusia por proteger sus posibilidades de desempeñar un papel de potencia internacional, cuestión sobre la que el presidente Putin ya se había manifestado a lo largo de todo el año 2021, por ejemplo, en su discurso ante la Asamblea Federal rusa del 21 de abril, donde introdujo la idea de las líneas rojas que «el Occidente colectivo» no debía atreverse a traspasar:

“Realmente queremos mantener buenas relaciones con todos los implicados en el ámbito internacional, incluidos, por cierto, aquellos con los que últimamente no nos llevamos bien, por decirlo suavemente. No queremos quemar puentes. Pero si alguien confunde nuestras buenas intenciones con indiferencia o debilidad y pretende quemar, o incluso volar esos puentes, debe saber que la respuesta de Rusia será asimétrica, rápida y dura.

Quienes estén detrás de provocaciones que amenacen los intereses esenciales de nuestra seguridad se arrepentirán de lo que han hecho como no se han arrepentido de nada en mucho tiempo.

Al mismo tiempo, solo tengo que dejar claro que tenemos suficiente paciencia, responsabilidad, profesionalidad, confianza en nosotros mismos y seguridad en nuestra causa, así como sentido común, a la hora de tomar una decisión de cualquier tipo. Pero espero que a nadie se le ocurra cruzar la «línea roja» con respecto a Rusia. Nosotros mismos determinaremos en cada caso concreto dónde se trazará [esa línea]”.

¿Estaba el presidente Putin pensando en regresar a la versión multipolar del mundo de 1815 y del Concierto de las Naciones? ¿No estaba abogando el presidente ruso por un equilibrio de poderes entre las grandes potencias, y únicamente entre ellas, como la solución para conseguir la paz duradera en el mundo? ¿No es este objetivo claramente contradictorio con la idea de un mundo de relaciones internacionales multilaterales?

Hagamos algo de memoria: después de la derrota de Napoleón y cinco meses después de su abdicación, en septiembre de 1814, se puso en marcha la negociación de un tratado que vinculó a las grandes potencias europeas con el propósito de alcanzar la paz. En ellas estaban implicadas Austria, Prusia, Rusia y Gran Bretaña, aunque otras naciones europeas asistieron al congreso, que terminó en el verano del siguiente año. El gran muñidor de aquel acuerdo fue un conservador nacionalista, el príncipe Von Metternich, en el que Michael A. Orenstein, profesor de Estudios Rusos y de Europa del Este en la Universidad de Pensilvania, encuentra un precursor de Vladímir Putin.

Es cierto que la analogía por la que el profesor Orenstein trata de vincular las figuras históricas de Vladímir Putin con el príncipe Von Metternich tiene un punto de clara exageración. Al fin y al cabo, Metternich intentaba persuadir a Napoleón de que abandonara su clara determinación de invadir Europa y, en especial, de que lo hiciera con Austria (que era lo que realmente preocupaba al príncipe como embajador de esa nación en Francia). En el argumento de Orenstein, el papel de Napoleón lo desempeña la OTAN cuando crece como alianza incorporando nuevos socios que pertenecen a lo que, en términos de la multipolaridad entendida à la Putin, es la zona de influencia y seguridad de la nación rusa. Así, Vladímir Putin estaría lejos de ser un émulo de Adolf Hitler para encontrar su correlato en un Metternich que veía en Napoleón el peligro de un expansionismo territorial en Europa que solo podía acabar en el desastre (como Putin lo ve en la Alianza Atlántica).

La invasión de Ucrania, el sostenimiento de Lukashenko en Bielorrusia, la presencia rusa en Asia Central, ¿no tienen la vocación de fijar las zonas de influencia sobre las que Rusia se reserva el derecho de intervención y sobre las que reclama una influencia decisiva sobre su soberanía? ¿No es mejor, se debe preguntar Putin, que las grandes potencias tutelen el mundo? En este mundo posterior a la Guerra Fría, que ha perdido su dimensión unipolar, y en el que Estados Unidos contempla el ascenso y auge de otras potencias —incluso potencias regionales que pueden plantear retos de seguridad a nivel global—, es necesario un orden multipolar gestionado por los grandes. No se trataría de encontrar cómo recuperar la autoridad de las instituciones multilaterales, sino de iniciar una era de estricta multipolaridad en la que pocas potencias garanticen la paz y la estabilidad gracias a equilibrarse mutuamente.

Óscar Vara

Doctor en Fundamentos del Análisis Económico, investigador, autor y profesor en la UAM, la URJC y la Universidad San Pablo-CEU. Fundador del canal Geopolinomics en Youtube, donde analiza la geopolítica en clave económica.