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La proclamación de la República Popular China fue la fundación del Estado actual bajo el liderazgo del Partido Comunista. En 1949, después de más de veinte años de guerra civil, los comunistas controlaban la mayor parte del país. Entonces el líder del Partido Comunista, Mao Zedong, anunció el establecimiento de una nueva república. El 1 de octubre, las masas se congregaron en la plaza de Tiananmén de Pekín, donde Mao proclamó la nueva República Popular China. Por su parte, los nacionalistas del Kuomintang, que lideraban el Gobierno de la República de China, tuvieron que retirarse a Taiwán y a otras islas cercanas.
Un nuevo día nacional
El movimiento de Mao iba más allá de la revolución prometida por el Kuomintang ante la caída del Imperio chino décadas antes. Sin embargo, para ponerlo en marcha tenía que deshacerse de los nacionalistas y superar las batallas internas del Partido Comunista. Antes de proclamar la República Popular, Mao y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, órgano asesor del Gobierno, habían decidido la estructura del nuevo Estado, y redactaron una ley que determinaba los poderes del régimen y el Programa Común de objetivos urgentes. China quedaría bajo el mando absoluto del Partido, cuyo poder sería canalizado mediante las organizaciones regionales, coordinadas por un Comité Central.
El discurso fundacional de Mao estableció el nuevo Gobierno Popular Central de la República Popular China bajo el mandato del Partido Comunista. Tuvo lugar en una multitudinaria ceremonia frente a las puertas de la Ciudad Prohibida de Pekín —la nueva capital del país en sustitución de Nankín—, en plena plaza de Tiananmén, centro neurálgico del Estado chino y del viejo imperio.
Desde aquel emplazamiento, cerca de donde había vivido el último emperador, Mao se convirtió en la figura que empezaría a guiar a la nación china hacia su nuevo destino. El dictador, a su muerte en 1976, gobernaría más tiempo que cualquiera de sus predecesores de la dinastía Qing y sucesores comunistas, y acumuló un poder que ningún gobernante chino ha vuelto a tener.
Durante la ceremonia de proclamación sonó el nuevo himno nacional de China, la Marcha de los Voluntarios, y se izó la nueva bandera nacional. El diseño muestra un fondo rojo con una gran estrella amarilla, en representación del Partido Comunista, en torno a la cual brillan otras cuatro estrellas que simbolizan las cuatro clases sociales: trabajadores, campesinos, la pequeña burguesía y la burguesía urbana. El acto concluyó con un saludo de veintiún cañones y el primer desfile público del Ejército Popular de Liberación, brazo militar del Partido Comunista, y la jornada se convirtió en el nuevo Día Nacional.
Por su parte, con la derrota, los nacionalistas liderados por Chiang Kai-shek abandonaron el continente y se refugiaron en la isla de Taiwán. Desde allí persiste hasta la actualidad el último territorio de la antigua República de China. A cientos de kilómetros, al otro lado del estrecho, el nuevo Gobierno de la República Popular empezaba a reformar y reconstruir un país de entonces quinientos millones de personas.
De la proclamación a la nueva China
La estabilidad del nuevo Estado se basaba en su músculo militar, y al Ejército Popular de Liberación se le encomendó la misión de garantizar la supremacía del Partido. Así, el territorio chino fue dividido en seis regiones militares, una estructura que permitió que surgieran poderosos dirigentes regionales como el gobernador de Manchuria, Gao Gang, o el mariscal Peng Dehuai, que llegó a ser ministro de Defensa. Ambos terminaron siendo víctimas de las purgas del régimen por sus críticas hacia las políticas de Mao.
Entre las prioridades de la nueva agenda comunista estaba la reconstrucción económica. Para ello, China le solicitó asistencia a su vecina geográfica e ideológica: la Unión Soviética. En sus primeros años al frente de la República Popular, Mao también puso en marcha una reforma agraria que redistribuyó la propiedad de la tierra a los campesinos y causó el asesinato de millones de propietarios entre 1949 y 1953, cuando se aplicó la colectivización agraria.
Mao también llevó a cabo diversas reformas sociales. La Ley del Matrimonio de 1950 puso fin a la familia feudal y otorgaba mayores libertades a las mujeres, y hubo una intensa y beneficiosa política de alfabetización, pues sólo un 20% de los chinos podía leer antes de 1949. Asimismo, el Partido Comunista trabajó para restablecer la integridad territorial del país. Con todo, los medios y consecuencias de las políticas de Mao también provocaron la muerte de millones de personas por inanición o por la persecución política, y la verdadera transformación económica de China llegaría décadas después de su muerte.



