Por qué la vuelta de Trump despertará a Europa

Donald Trump ha amenazado con no defender a sus socios europeos y con sabotear la OTAN si regresa al poder. Su posible vuelta y la amenaza de Rusia han convencido a la Unión Europea de desarrollar su autonomía en defensa. El camino estará repleto de dificultades, pero será imparable.
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Por qué la vuelta de Trump despertará a Europa
Fuente: elaboración propia con imágenes de Wikimedia Commons

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“No, no les protegería. De hecho, animaría [a Rusia] a hacer lo que le diera la gana. Deben pagar sus deudas”. La postura de Donald Trump en febrero sobre si defendería de un ataque ruso a los países europeos que no gasten lo suficiente en defensa encendió las alarmas entre los miembros de la OTAN. Temen que Estados Unidos incumpla el compromiso de defenderlos si Trump regresa a la Casa Blanca en 2025. Incluso John Bolton, su exasesor de seguridad nacional, planteó la posibilidad de que Washington abandonara la organización si el magnate republicano ganaba las elecciones presidenciales de noviembre.

Sin embargo, el miedo se ha convertido en necesidad. La posibilidad de que Trump recupere el poder, más aún tras el pasado “supermartes” de las primarias estadounidenses, ha forzado a Europa a buscar su autonomía en materia de defensa. En febrero, el canciller alemán, Olaf Scholz, instó a sus vecinos a producir armamento “en masa”. El presidente francés, Emmanuel Macron, fue más allá y pidió a sus aliados que se prepararan para una guerra con Rusia. La Unión Europea ha asumido que, tarde o temprano, tendrá que defenderse sola.

Europa no puede confiar en Trump para defenderse

La defensa de Europa ha dependido de Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La devastación del conflicto y la amenaza de la Unión Soviética hicieron que Washington impulsara la creación de la OTAN en 1949 para evitar la expansión del comunismo por Europa Occidental. La alianza militar se construyó sobre el principio de defensa colectiva, que establece que un ataque armado contra un Estado miembro supone una agresión contra todos. Este precepto ha garantizado la protección estadounidense a sus aliados europeos frente a amenazas externas. Bajo el paraguas nuclear de Estados Unidos, estos países redujeron el gasto en defensa, lo cual se agravó con la crisis económica de 2008.

El resultado ha sido un peso desmesurado de Estados Unidos en la OTAN. En 2023, el 69% de su presupuesto corría a cargo de Washington. Esta asimetría en las contribuciones ha generado recelos entre sus presidentes. Ya en los años cincuenta, Dwight Eisenhower se quejó de que los europeos se aprovechaban de la defensa estadounidense. Sin embargo, ninguno ha sido tan beligerante como Trump.

El líder republicano fue el primer presidente que cuestionó la vocación atlantista de Estados Unidos. Durante su mandato, recriminó a sus socios que no cumplieran con el compromiso acordado en la cumbre de la OTAN de 2014 de gastar un mínimo del 2% del PIB en defensa. De hecho, sólo once de los 31 países miembros en 2023 alcanzaron ese objetivo. Ante esta situación, Trump ha amenazado con no cumplir sus compromisos con la Alianza si vuelve al poder. También existe el riesgo de que intente sacar a Estados Unidos de la organización, o que retire a su embajadora o interrumpa las aportaciones para sabotearla. 

De esta forma, Trump le ha demostrado a Europa que no puede fiar su defensa en Estados Unidos. Incluso aunque perdiera las elecciones en noviembre, su movimiento seguirá siendo fuerte dentro del Partido Republicano, lo que condicionará las relaciones transatlánticas. A eso se suma que Washington ha cambiado sus prioridades geopolíticas en las últimas décadas, priorizando Oriente Próximo y el Indo-Pacífico, en especial China, sobre los asuntos europeos.

La autonomía europea: de deseo a obligación

Pero Trump no es la única preocupación en Europa. La otra cara es Rusia. La anexión de Crimea en 2014 y la invasión de Ucrania desde 2022 han acabado con la ilusión de una paz indefinida en el Viejo Continente. El riesgo de que Washington no defienda militarmente a sus aliados europeos ante un hipotético ataque de Moscú les ha dejado sin más alternativa que la autonomía estratégica.

El objetivo de la autonomía no es nuevo. Quien más ha abogado por este enfoque europeísta ha sido Francia. En 2019, Macron declaró la “muerte cerebral” de la OTAN y sugirió un mayor distanciamiento de Washington. Sin embargo, la guerra en Ucrania y el posible regreso de Trump han sido el detonante definitivo. Desde entonces, los países europeos se han puesto manos a la obra. La UE lanzó en el mismo 2022 la Brújula Estratégica, en un primer intento para definir una estrategia conjunta de defensa.

Los planes europeos se han centrado en tres objetivos: aumentar el gasto militar, potenciar su industria de defensa y mejorar la coordinación en la compra de armamento. Está previsto que en 2024 dieciocho países de la OTAN superen el objetivo mínimo de inversión en defensa, entre los que no está España. Junto a esto, la UE lanzó el pasado martes su estrategia para desarrollar la industria de defensa. La propuesta de la Comisión Europea incluye 1.500 millones de euros para incrementar la producción industrial y pretende impulsar la adquisición conjunta de material bélico. En esta línea, el comisario de Mercado Interior de la UE, Thierry Breton, propuso un fondo de 100.000 millones para estimular la producción armamentística.

Difícil, pero imparable

La UE deberá sortear dificultades para lograr la autonomía en defensa. La primera es su dependencia de las importaciones de semiconductores y materias primas. Para contrarrestarlo, la Ley de Chips de 2023 pretende duplicar su cuota de mercado para 2030. Otro problema es la influencia estadounidense. Pese a que Washington insta a los países europeos a que inviertan más en seguridad, ha boicoteado sus esfuerzos para desarrollar una industria de defensa conjunta desde el final de la Guerra Fría. Estados Unidos ha sostenido que socavaría la OTAN, pese a que fortalecería a sus socios y le permitiría centrarse en el Indo-Pacífico. El exsecretario de Defensa de Trump, James Mattis, se mostró escéptico por la creación de una plataforma para que los miembros de la UE desarrollen conjuntamente sus capacidades de defensa.

Esa falta de una estrategia unificada es la principal deficiencia de Europa en defensa. La idea ha estado presente desde los orígenes de la UE en los años cincuenta, pero las reticencias de los Estados a ceder su soberanía hicieron fracasar proyectos como la Comunidad Europea de Defensa. Como consecuencia, la política de defensa europea aglutina veintisiete estrategias nacionales diferentes, lo que ha generado duplicidades y conflictos entre países sobre el tipo de armamento y su suministro. Las disputas entre Francia y Alemania sobre los aviones de combate son el mejor ejemplo: mientras París apostaba por producir cazas, Berlín decidió comprar F-35 estadounidenses para reemplazar sus aviones Tornado.

Europa también padece la debilidad de su arsenal nuclear. Sólo Francia y el Reino Unido tienen armas de este tipo. Entre ambos suman unas 515 ojivas, lejos de las más de 5.000 de Estados Unidos o casi 6.000 de Rusia. Además, el armamento británico está asignado al Grupo de Planificación Nuclear de la OTAN, que determina la política sobre el uso de armas nucleares en la Alianza. Esto significa que sólo Francia podría desplegar su arsenal al margen de Washington. Esta desventaja estratégica ha provocado que figuras como el líder del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, hayan señalado la necesidad de establecer un escudo nuclear europeo para disuadir a Rusia. Todos estos obstáculos muestran que Europa tendrá un largo camino hacia su propia autonomía. Pero es un camino que, gracias a Trump, será imparable.

David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.