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“No, no les protegería. De hecho, animaría [a Rusia] a hacer lo que le diera la gana. Deben pagar sus deudas”. La postura de Donald Trump en febrero sobre si defendería de un ataque ruso a los países europeos que no gasten lo suficiente en defensa encendió las alarmas entre los miembros de la OTAN. Temen que Estados Unidos incumpla el compromiso de defenderlos si Trump regresa a la Casa Blanca en 2025. Incluso John Bolton, su exasesor de seguridad nacional, planteó la posibilidad de que Washington abandonara la organización si el magnate republicano ganaba las elecciones presidenciales de noviembre.
Sin embargo, el miedo se ha convertido en necesidad. La posibilidad de que Trump recupere el poder, más aún tras el pasado “supermartes” de las primarias estadounidenses, ha forzado a Europa a buscar su autonomía en materia de defensa. En febrero, el canciller alemán, Olaf Scholz, instó a sus vecinos a producir armamento “en masa”. El presidente francés, Emmanuel Macron, fue más allá y pidió a sus aliados que se prepararan para una guerra con Rusia. La Unión Europea ha asumido que, tarde o temprano, tendrá que defenderse sola.
Europa no puede confiar en Trump para defenderse
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