¿Qué es la penicilina?

El médico militar escocés Alexander Fleming descubrió la penicilina por casualidad en 1928. Con la Segunda Guerra Mundial marcó un antes y un después: desde entonces ha salvado más vidas que cualquier otro medicamento. El logro les valdría el Nobel de Medicina a Fleming y otros dos científicos
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¿Qué es la penicilina?
Frasco de penicilina. Fuente: Prefeitura de Itapevi (Flickr)

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La penicilina es un conjunto de antibióticos producidos a partir del hongo penicillium que sirven para curar y prevenir infecciones bacterianas potencialmente mortales. Aunque un uso excesivo favorece que las bacterias se hagan resistentes al hongo, ha salvado más vidas que cualquier otro medicamento, y en general los antibióticos han prolongado la esperanza de vida de los humanos. Muchas muertes durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se debieron a infecciones por neumonía o heridas de bala. En la Segunda, ese porcentaje se desplomó gracias al descubrimiento de la penicilina.

La penicilina, un golpe de suerte buscada

El ser humano ha utilizado plantas y hongos para tratar enfermedades desde hace milenios. Ya en el siglo XIX, científicos europeos descubrieron que algunas sustancias podían matar bacterias. Las numerosas bajas por infecciones durante la Primera Guerra Mundial llevaron al escocés Alexander Fleming a buscar prevenir esas muertes, para lo cual estudió la bacteria estafilococo. El 28 de septiembre de 1928, de regreso en su laboratorio tras un viaje, vio algo extraño en sus recipientes: allí donde el hongo penicillium había contaminado la muestra, los gérmenes habían desaparecido. Así descubrió que dicho moho producía una sustancia que mataba a las bacterias del estafilococo, pero también del estreptococo, meningococos y el bacilo de la difteria. La cepa que descubrió resultaría la bactericida más efectiva.

Sin embargo, pasaron diez años hasta que Fleming y sus compañeros se dieron cuenta de la importancia del descubrimiento. Cuando el científico publicó su estudio en el British Journal of Experimental Pathology en 1929, sugirió que la penicilina podría servir como bactericida, pero se inclinó más por su capacidad para aislar los cultivos en el laboratorio. Durante una década se empleó solo como desinfectante tópico de heridas superficiales y herramienta de investigación, hasta que los experimentos de Cecil George Paine demostraron su efectividad al tratar la oftalmía en bebés y adultos.

La necesidad de curar a los heridos durante la Segunda Guerra Mundial reavivó la investigación de la penicilina. Los científicos de la Universidad de Oxford Ernst Boris Chain, Howard Walter y Norman Heatley consiguieron purificar el hongo en 1939 con la participación de un grupo de mujeres, las “chicas de la penicilina”. En mayo de 1940 probaron la eficacia del principio activo en ocho ratones, a los que infectaron con estreptococos. Solo sobrevivieron los que habían recibido el antibiótico. Tras ello, se probó el descubrimiento en humanos. Aunque el primer paciente falleció, en otros cinco resultó eficaz.

La guerra impulsó la cura

En plena guerra mundial, ni el Gobierno ni la industria británicos podían producir en masa la penicilina, por lo que Florey y Heatley cruzaron el Atlántico en busca de ayuda. El Comité de Investigación Médica de Estados Unidos prometió apoyo gubernamental para las farmacéuticas que desarrollaran métodos de producción a gran escala del antibiótico. La farmacéutica estadounidense Pfizer se convirtió en la principal productora. El Gobierno estadounidense organizó la distribución y lo reservó sobre todo para el uso militar. En Oxford, Florey produjo penicilina de forma independiente para ayudar al Ejército británico.

Londres y Washington se preocuparon por que la fórmula de la penicilina no cayera en manos enemigas, pero la información se acabó filtrando a través de los medios de comunicación. Los ingleses no quisieron patentar los métodos de cultivo y purificación del hongo porque lo consideraban un bien común de la humanidad, mientras que las farmacéuticas estadounidenses sí registraron sus procesos.

En honor al descubrimiento, Fleming, Chain y Florey recibieron el Premio Nobel de Medicina en 1945. Fleming acumuló el mérito porque el Reino Unido necesitaba un héroe: el escocés tenía mejor perfil que Chain, judío alemán, y Florey, australiano. En el discurso de agradecimiento, los científicos reconocieron que la Segunda Guerra Mundial había propiciado la era de los antibióticos.

Con el tiempo, las enfermedades infecciosas como la neumonía, la tuberculosis o la gastroenteritis dejaron de ser la principal causa de muerte en Europa, y se amplió el uso de la penicilina para tratar infecciones respiratorias, auditivas, cutáneas o gingivales, y dolencias como la difteria. También se utiliza como herramienta de trabajo en los laboratorios. Ahora se estima que la penicilina y los antibióticos descubiertos después casi han duplicado la esperanza de vida de la humanidad.

Ana Montes

Madrid, 1998. Máster en Relaciones Internacionales y Diplomacia en la Escuela Diplomática. Política e intrahistoria.