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Es enero de 1964. Stanley Kubrick, el popular cineasta, lanza su última película ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. La cinta retrata la incompetencia del poder estadounidense y la capacidad destructiva de la bomba atómica. El momento no fue casual. Dos años antes, en plena Guerra Fría, la crisis de los misiles de Cuba casi provoca un conflicto nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Con su particular ironía, la obra de Kubrick confirmaba la advertencia sobre los peligros de la tecnología nuclear.
Seis décadas después, Oppenheimer ha adquirido un trasfondo similar. La nueva producción de Christopher Nolan se ha convertido sin querer en un reflejo del mundo actual. A través de la figura de Robert Oppenheimer, el físico teórico que lideró el desarrollo de la bomba atómica para Estados Unidos, la película protagonizada por Cillian Murphy escenifica dos realidades de fondo. Por un lado, la incertidumbre de un mundo cambiante. Por otro, los riesgos que plantea el desarrollo tecnológico descontrolado.
Dos mundos en conflicto
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