Pasados diez años desde que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, haya firmado la solicitud de acceso a la Unión Europea a raíz de la invasión rusa, el país probablemente continuará fuera del bloque. Es lo normal: Ucrania no va a ingresar a corto plazo y, salvo giro inesperado, tampoco lo hará por vía exprés. El Gobierno ucraniano clama por una entrada rápida, pero es imposible.
Un 67% de los ucranianos quieren entrar en la UE. Kiev busca separarse de la influencia rusa y encontrar protección bajo el techo de Bruselas. Y en medio de la guerra, casi todos los Estados miembros apoyan este camino, incluidos España o Italia, aunque otros dudan, como los Países Bajos. Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que los ucranianos son “parte de la familia europea”.
Pero el proceso de adhesión es largo y complejo, y saltárselo para Ucrania sería un agravio comparativo respecto a los cinco países que llevan años haciendo fila. El Kremlin no quiere a Ucrania en la OTAN, pero no parece muy preocupado por que se sume a la UE. El problema no es ese: Kiev no está preparada para acceder a la Unión porque no cumple con los criterios de Copenhague, aquellos que marcan que un país pueda ponerse la camiseta azul con estrellas amarillas y ser bienvenido en el club.
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