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Marwán Barguti sigue en la cárcel, pero su nombre ha vuelto a salir. Fue secretario general del partido secular Fatá en Cisjordania en 1996, dirigente de la milicia asociada Tazim y es uno de los principales reclusos palestinos en Israel. Su nombre ha sonado en todas las listas de intercambio de prisioneros desde que fue arrestado en 2002 y condenado a cinco cadenas perpetuas en 2004 por supuestos cargos en asesinatos durante la segunda intifada. El grupo islamista Hamás, rival de Fatá, ha pedido su liberación como parte de cualquier acuerdo para liberar a los rehenes israelíes y terminar la guerra en Gaza.
Apodado como el “Mandela palestino”, Barguti podría ser clave en la política nacional palestina. Es una de las únicas figuras de consenso entre Fatá y Hamás, y cuenta con una gran popularidad entre la población. Es improbable que lo libere el Gobierno de Benjamín Netanyahu, el más ultraderechista de la historia. Pero no sería la primera vez que Israel termina negociando con un líder palestino al que consideró terrorista, como fue el caso del expresidente palestino Yasir Arafat en los Acuerdos de Oslo de 1993.
Una figura para el consenso palestino
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