Techo de cristal en la empresa pública y privada

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El techo de cristal en el sector público y privado

Descripción del gráfico

El término techo de cristal hace referencia a la barrera invisible que impide a las mujeres ascender y acceder a puestos de responsabilidad en su carrera laboral. El concepto apareció por primera vez en 1986 en un artículo publicado en The Wall Street Journal (glass ceiling barriers) y desde entonces se ha convertido en el término más usado para referirse a la discriminación que impide a las trabajadoras avanzar al mismo ritmo que sus compañeros varones.

En los últimos años la situación ha mejorado notablemente y algunos programas y leyes han conseguido despejar el camino de algunas mujeres, pero esos avances han quedado limitados principalmente al sector público, tal y como muestran los datos del Banco Mundial de 2017. De esta forma, si dividimos el número de trabajadores en cinco partes iguales (quintiles) en función del salario percibido, observaremos que a medida que el sueldo crece, la proporción de mujeres decrece. Es algo que sucede tanto en el sector público como en el privado, pero es en este último donde las mujeres ocupan una proporción mucho menor entre los mejor pagados.

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En concreto, si en España las mujeres suponen el 50% del quintil mejor pagado en el sector público (igualdad plena), en el privado son apenas el 27%. También ocurre que en la mayoría de países analizados, sobre todo los europeos, las trabajadoras son mayoría en el quintil público que menos cobra, un desajuste que se debe a la feminización del empleo público.

La principal causa de este techo de cristal son los prejuicios. La creencia de que las mujeres se comprometen menos con su trabajo debido a las cargas familiares (embarazo, cuidado de la familia) sigue estando muy arraigada en distintas sociedades. También se pone en tela de juicio su valía para cargos que requieren de liderazgo y autoridad, a lo que hay que añadir que la mayoría de empleadores y jefes, los que toman las decisiones sobre ascensos y promociones, son hombres, perpetuando así sesgos y obstáculos.

El porcentaje de mujeres y hombres que son empleados públicos

No en vano, casi la mitad de la población mundial creía en 2020 que los hombres son mejores líderes políticos (47,4%) y que también son más válidos para los negocios (41,4%), según un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El 86% de las mujeres está de acuerdo con al menos una de esas dos afirmaciones, lo que demuestra que las ideas machistas también están incrustadas en la opinión de ellas y que en ocasiones son las propias trabajadoras las que socavan sus oportunidades. Así, a partir de los doce años, las niñas comienzan a levantar menos la mano en clase que los niños, mientras que la elección de las opciones educativas también está condicionada por estos prejuicios: tan solo el 15% de los graduados en carreras científicas, tecnológicas o matemáticas son mujeres.

El techo de cristal también contribuye a la brecha salarial de género: si además de ocupar cargos peor remunerados, las mujeres copan en mayor medida por empleos a media jornada y alargan sus bajas por maternidad, el resultado acaba siendo que, como conjunto poblacional, cobren menos que los hombres. En la Unión Europea, por ejemplo, las trabajadoras cobran de media un 15% menos que los trabajadores.

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