Porcentaje de mujeres como empleados públicos

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El porcentaje de mujeres y hombres que son empleados públicos

Descripción del gráfico

El sector público es cosa de mujeres. Al menos en términos de representatividad en la mano de obra. En algunos países como Bélgica, Dinamarca, Noruega o Francia, más de la mitad de las mujeres trabajadoras son empleadas públicas, mientras que en el caso de los hombres la proporción ronda el cuarto (20-25%) del empleo total, tal y como muestran los datos del Banco Mundial de 2017. Las condiciones laborales parecen estar detrás de esta feminización del sector público: las mujeres normalmente prefieren jornadas flexibles, trayectorias y opciones profesionales diversas, estabilidad laboral y paquetes de beneficios —compensaciones no salariales como la seguridad social— generosos. No en vano, en hasta 16 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el sector público ofrece mejores oportunidades de conciliación entre la vida laboral y el cuidado infantil o familiar que el sector privado.

Otra de las razones que explican el peso de lo público en el trabajo femenino es el protagonismo que tienen las mujeres en algunos empleos eminentemente públicos como la enseñanza o la enfermería. De hecho, de toda la OCDE, Japón es el único país que cuenta con más hombres que mujeres en su sistema educativo (52% frente al 48%), mientras que en algunos países la balanza está claramente desequilibrada en favor de las profesoras (representan el 84% de la docencia en Letonia, el 83% en Rusia o el 75% en Suecia). Por último, el sector público también ha sido el más favorecido por las políticas de igualdad de género basadas en el mérito y la diversidad promovidas por los distintos Gobiernos.

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La diferencia en la importancia del empleo público para hombres y mujeres es más profunda en Europa, mientras que en América Latina, aunque las trabajadoras públicas siguen suponiendo una parte ligeramente mayor, la brecha se aplana. La principal razón es que la incorporación de la mujer al mercado laboral no está tan extendida como en Europa (la tasa de participación laboral femenina se ha estancado en el 53%) y, de las que trabajan, la mayoría (el 78%) lo hacen en sectores de baja productividad como la limpieza o el cuidado doméstico, lo que repercute en su remuneración y cobertura de la seguridad social.

Por otro lado, que las mujeres consigan acceder al empleo público con facilidad en Europa no significa que también gocen de igualdad salarial. De hecho, aunque la brecha es mayor en el sector privado, las empleadas públicas cobran un 20% menos que sus compañeros varones en países como España, Portugal o Noruega. Esta diferencia puede deberse al número de horas trabajadas por parte de cada género —las mujeres se decantan en mayor medida por las medias jornadas—, la formación del trabajador o el puesto ocupado, pero también refleja las diferencias que existen entre cada género a la hora de acceder a la educación, conciliar la vida laboral con la doméstica o ascender. 

La brecha salarial de género en los sectores público y privado

De hecho, según también datos del Banco Mundial de 2017, a medida que crece el sueldo de los trabajadores los hombres van aumentando su proporción. En Portugal, por ejemplo, las mujeres suponen el 82% del quintil peor remunerado de los trabajadores públicos, mientras que en el quintil mejor parado ya son el 58%. En el sector privado es aún peor (61% frente a 27%). Es lo que se conoce como techo de cristal, el fenómeno que conduce a que la mayoría de puestos de responsabilidad tengan nombres masculinos. 

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