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Suscripción Cartografía Geopolítica América del Norte

La geopolítica de Estados Unidos

Descripción del mapa

Los Estados Unidos contiguos son los 48 estados del país situados entre México y Canadá, además del Distrito de Columbia. Esta parte del país es el corazón histórico, socio-cultural, político y económico del Estado. Alaska y Hawái, los dos únicos estados fuera de este territorio, no se incorporaron como estados hasta 1959 y tienen sus propias dinámicas e intereses diferenciados.

EE.UU. es un país que hay que leer de este a oeste —de derecha a izquierda—. La historia de EE.UU. como Estado se inicia en la costa este. Allí se fundaron las primeras colonias europeas y allí surgirá su modelo económico, político y social; pero acaba en la costa oeste, volcado al Pacífico y a las relaciones comerciales con Asia.

La división Norte-Sur en Estados Unidos no se corresponde con el norte y sur geográficos, sino con el norte y sur del momento de la independencia y las décadas posteriores. La división tiene un origen en el desarrollo de dos modelos socio-económicos diferentes desde el inicio de la colonización británica, a su vez originado por dos adaptaciones a dos entornos naturales diferentes.

Poco antes de la independencia de Estados Unidos, tres poderes coloniales se repartían la actual Norteamérica

El Sur se caracteriza por un clima subtropical húmedo. Su colonización fue iniciada en Jamestown (Virginia) en 1607 por una comunidad con numerosa presencia de nobles y sus sirvientes, y para 1619 ya había población negra —si bien la esclavitud no se instauró como tal hasta 1640—. El clima cálido y húmedo era perfecto para el desarrollo de las muy rentables plantaciones de algodón y tabaco, pero que requerían una gran mano de obra inexistente, lo cual favoreció el desarrollo de la esclavitud.

El Norte, con un clima continental, inició su colonización por los puritanos de Plymouth (Massachusetts), en 1620, formados por estratos sociales más bajos que en el Sur y que huían de la persecución religiosa en Inglaterra. El clima más frío no permitió el desarrollo de grandes plantaciones, que únicamente se dieron en algunas zonas costeras, pero la abundancia de tierras y la ausencia de mano de obra favoreció su mecanización y una temprana industrialización.

En el momento de la independencia de Estados Unidos, el Norte ya logró imponer buena parte de sus postulados ideológicos sobre el Sur. El Motín del Té de Boston, la declaración de la independencia en Filadelfia o la capitalidad de Filadelfia y Nueva York antes de la fundación de Washington, todo ello se desarrolló en esta región que desde el inicio ha llevado la voz cantante. No obstante, a la hora de fundar una nueva capital se eligió una ubicación en una zona entre los dos bloques, la actual Washington.

A mediados del siglo XIX ambas regiones habían proyectado sus respectivos modelos hacia el Misisipi, consolidando en líneas generales los conceptos actuales de Norte y Sur. La victoria del Norte sobre los sureños en la Guerra de Secesión supuso la difusión del modelo norteño y su cultura sobre los nuevos territorios, que la economía sureña quedase atascada hasta la actualidad y la cultura fuese relegada a una singularidad regional. Si bien el límite del Sur es variable y ha cambiado con el tiempo, suelen incluirse los antiguos estados de la Confederación o las antiguas áreas esclavistas. A partir de los años 60 del siglo XX, Maryland, Delaware y el Distrito de Columbia se integraron en el desarrollo de la megalópolis de BosWash y empezaron a comportarse socio-económicamente como regiones norteñas, por lo que frecuentemente han dejado de incluirse como parte del Sur.

Una vez finalizada la Guerra de Secesión se dio la definitiva consolidación de la colonización de las grandes llanuras, un inmenso espacio fértil que podía abastecer de materias primas a la industria del norte. En la actualidad es un inmenso espacio dominado por el sector primario y escasamente poblado, muy conservador, donde los grandes núcleos urbanos se encuentran en la periferia y donde también podemos hallar las principales cuencas petrolíferas de Estados Unidos. A su vez surgía Chicago como gran nodo de transporte entre las grandes llanuras y el noroeste. Más allá de las Rocosas se iniciaba la mitificada conquista del Oeste.

El siglo XIX fue la gran expansión de Estados Unidos hacia el oeste

En el avance hacia el oeste se incorporaron regiones con significativa presencia hispana, una comunidad que, aunque se vio sobrepasada por la llegada de inmigrantes anglófonos —sobre todo en California tras la Fiebre del Oro—, mantuvo unas estructuras sociales y territoriales que le permitieron integrar después a grupos de inmigrantes hispanos, y que, frente a otros grupos de inmigrantes, no se han diluido (tanto) en el grupo dominante de blancos anglosajones. Esta comunidad se encuentra en pleno crecimiento: en la actualidad representan el 18% de la población, pero serán en torno al 30% para 2050, lo que está causando profundos cambios, culturales, económicos y políticos. Al ser una comunidad más partidaria del Partido Demócrata que del Republicano hay una tendencia al vuelco electoral en estados tradicionalmente conservadores como Texas o Arizona.

De vuelta al noreste, la crisis industrial de los 70 tumbó su sistema industrial, y se dejó notar especialmente en la industria pesada que dominaba la región de los Grandes Lagos. Al este de los Apalaches las ciudades, apoyadas también en el comercio y los servicios e integradas en un gran eje urbano se recuperaron. Con todo han seguido siendo el centro político, económico, social y demográfico de Estados Unidos, aunque han ido perdiendo poder frente a la fachada pacífica y mantienen bolsas urbanas en crisis. El eje urbano es una región que ha mantenido desde los años 60 una fuerte vinculación progresista.

Los Grandes Lagos, por su parte, no se recuperaron de la crisis industrial —con la excepción de algunos grandes centros urbanos como Chicago—, y tras décadas de abandono político han dejado de lado al tradicional partido obrero —demócratas— y se han ido volviendo una región políticamente más conservadora y temerosa del auge del sur hispano, de ahí su importancia en el vuelco electoral de 2016 que dio la victoria a Donald Trump.

Las dinámicas Norte-Sur se siguen percibiendo en las pautas de voto. Mientras que el Norte y la costa oeste son tradicionalmente afines al Partido Demócrata, el Sur y el centro-oeste son importantes feudos republicanos.

Con el desarrollo de internet y el vuelco de la economía mundial hacia Asia-Pacífico la costa oeste ha sido la gran beneficiada. Allí se encuentra Silicon Valley, el mayor centro tecnológico del mundo, pero cuyos problemas de concentración han llevado al desarrollo de nuevos polos tecnológicos en los grandes núcleos urbanos de la costa oeste y hacia el desértico interior, donde el suelo y la mano de obra son más baratos.

El área donde se está produciendo el mayor crecimiento de la población hispana coincide con el Cinturón del Sol. Esta inmensa franja de California a Texas y de allí al sur de Florida es hacia donde se está deslocalizando la industria tecnológica gracias a un bajo coste del suelo y de la mano de obra hispana —frecuentemente inmigrantes en situación irregular, el atractivo climático para la mano de obra cualificada del norte industrial, formando una de la regiones de mayor crecimiento y desarrollo tecnológico de EE. UU. 

En el lado opuesto se encuentran las reservas indias, las tierras que los pueblos indígenas han conseguido preservar. Algunas reservas son inmensas, como la de los navajo, lo que les ha permitido tener una posición de cierta fuerza, pero la mayoría de los pueblos indígenas poseen pequeñas extensiones aisladas. Las reservas han quedado como espacios marginales, lejos de los ejes de desarrollo, muy atrasadas, con altas tasas de mortalidad y alcoholismo y malos resultados escolares.