Cartografía Geopolítica Antártida y Ártico

Las disputas territoriales en el Ártico

Descripción del mapa

¿De quién es el Ártico? La respuesta a esta pregunta puede variar según la persona a la que te dirijas, especialmente si es un danés, un canadiense, un ruso, un noruego o un estadounidense. En los últimos años el calentamiento global está derritiendo el hielo del Polo Norte, posibilitando la extracción de los recursos del Ártico e incluso acortando rutas marítimas que podrían cambiar los ritmos del comercio mundial.

En 2008, el Instituto Geológico de Estados Unidos calculó que 90.000 millones de barriles de petróleo y 44.000 millones de gas natural se encuentran escondidos bajo la menguante banquisa Ártica, lo que supone un 13% y un 30%, respectivamente, de las reservas mundiales de ambos recursos. Desde entonces, el interés geopolítico de la región se ha disparado.

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Pero esa no es la única oportunidad que, paradójicamente, está brindando el deshielo a los países ribereños del Ártico. El calentamiento global está derritiendo los casquetes polares, provocando así que aparezcan nuevas rutas marítimas navegables durante cada vez más meses al año. En concreto, el paso que une los océanos Atlántico y Pacífico a través del Ártico recibe el nombre del ruta marítima del Norte, una alternativa a las travesías que cruzan los Canales de Suez y Panamá que permite ahorrar tiempo, combustible y dinero.

Por todo ello, Dinamarca, Canadá, Rusia, Noruega y Estados Unidos mantienen una tensa lucha que se libra a través de reclamaciones territoriales. La Convención de Derecho Marino establece que la soberanía de un país abarca hasta 320 kilómetros más allá de su costa. Sin embargo, si la plataforma continental a la que pertenece sobrepasa ese límite, la Comisión Internacional para los Límites de la Placa Continental de Naciones Unidas puede aumentar su territorio marítimo. Este matiz ha convertido la sierra de Lomonósov, un sistema montañoso del fondo marino ártico, en uno de los puntos más codiciados del globo, y Canadá, Rusia y Dinamarca demandan que dicha montaña es en realidad una extensión de su plataforma continental.

Por su parte, la escasez de reservas de hidrocarburos de Noruega obliga al país nórdico a mirar al Ártico, donde rivaliza sobre todo con Dinamarca y Rusia. Mientras, Estados Unidos, desde que se hizo con Alaska en 1867, reclama un trozo del pastel ártico que entra en disputa con el canadiense.

Pero no todos los países sumidos en la contienda son, en realidad, naciones árticas. De hecho, el último invitado a este escenario es China. Aunque el gigante asiático no sostiene ninguna reclamación territorial sobre la zona, los chinos están aumentando su presencia en la zona a través de acuerdos con Rusia y una fuerte inversión en Groenlandia, rica en minerales muy utilizados en la industria tecnológica.

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