Cinco años después de las últimas elecciones comunitarias, y tras haber vivido durante la anterior legislatura una pandemia y el inicio de la guerra de Ucrania, cerca de 360 millones de personas volverán a votar en unas elecciones de la Unión Europea. Los comicios, unos de los más masivos del mundo, se celebran entre el 6 y 9 de junio y culminarán con la elección de 720 nuevos eurodiputados que actuarán como representantes de los ciudadanos de los 27 Estados miembros.
Esta heterogeneidad de nacionalidades y orígenes no evita que existan temas que se hayan vuelto prioritarios en la agenda política de todo el espacio comunitario, dominando la campaña de los partidos europeos y las formaciones nacionales asociadas: de la guerra en Ucrania y la defensa común europea a la cuestión migratoria, pasando por los derechos de las minorías o el acceso a la vivienda.
El que no se independiza es porque no puede
El acceso a la vivienda se ha convertido en los últimos años en un problema estructural en países como España, donde los jóvenes tienen que gastar un 94% de su salario si se quieren independizar en solitario. Sin embargo, la crisis inflacionista que se vive desde el fin de la pandemia de coronavirus ha generalizado (o cronificado) este problema en todo el espacio comunitario, donde un 31% de los inquilinos está en riesgo de pobreza y donde la población destina, de media, un 19% de su renta a gastos relacionados con la vivienda.
Cambio de tendencia económica
Cerca de tres lustros después de la crisis financiera global y la del euro, la economía sigue siendo una de las principales preocupaciones de los ciudadanos europeos, que vieron cómo el coronavirus y la invasión de Ucrania revivían muchos de los temores de la anterior recesión. Desde entonces, eso sí, las tornas han cambiado sensiblemente en el espacio comunitario: hoy son los Estados centroeuropeos y del norte, especialmente Alemania, los que sufren las turbulencias económicas, mientras que el sur crece más que sus socios más ricos, también en términos de empleo.
La fortaleza europea
El crecimiento de la extrema derecha europea en los últimos años se ha sustentado en una agenda cargada de temas identitarios, pero ningún elemento es tan común como el ataque indiscriminado contra la población migrante. Las formaciones xenófobas, que se espera que vuelvan a crecer en resultados en las elecciones de 2024, han conseguido retorcer y contaminar el debate hasta el punto de que sus tesis han terminado siendo asumidas tanto por los partidos mainstream como por las propias instituciones europeas.
De hecho, el nuevo Pacto de Migración y Asilo aprobado por el Parlamento Europeo en abril de 2024 añadió nuevas piedras en el gran muro que rodea la fortaleza europea: el texto restringe y endurece las condiciones de entrada y devolución al tiempo que se consolida el modelo de externalización del control migratorio.
El factor demográfico
Otro punto donde las formaciones de extrema derecha también han conseguido insertar sus postulados es en el declive demográfico del espacio comunitario, donde la baja natalidad y el envejecimiento de la población arrojan datos cada vez más preocupantes. Lejos de las políticas natalistas de base xenófoba y de la supuesta desintegración de la familia tradicional, el verdadero origen del problema se encuentra en la situación económica que atraviesan los jóvenes en edad de tener hijos.
En general, la precariedad laboral, el desempleo y la incertidumbre económica son algunos de los principales factores que frenan la natalidad en el espacio comunitario. Países del sur como España, Grecia o Italia, donde los indicadores socioeconómicos para la juventud tienen algunos de los peores resultados, son también los que tienen las tasas de fertilidad más bajas.
El pacto ¿verde?
Las políticas climáticas y de transición energética han sido una de las grandes apuestas de Bruselas en los últimos años. Sin embargo, el retraso y la obstrucción a estas medidas se ha vuelto igual de habitual en el ámbito comunitario, donde decisiones como catalogar como verdes la energía nuclear y sobre todo el gas natural alejan aún más la posibilidad de cumplir los objetivos del Acuerdo de París.
La desigualdad de género
Las políticas de igualdad son también otros de los grandes caballos de batalla de las formaciones reaccionarias y de extrema derecha. Y es que si en el ámbito público sigue existiendo una gran desigualdad de salarios y de acceso a puestos de responsabilidad, en el ámbito privado la brecha se dispara: el 80% de las mujeres europeas emplea más de la mitad de los días de la semana en realizar alguna tarea en el hogar, frente al 63% de hombres.
Una guerra a las puertas de Europa
La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 no solo ha terminado revitalizando a la OTAN, una organización disfuncional y en clara decadencia hasta la agresión del régimen de Putin contra el país vecino. El ámbito de la seguridad y la defensa también se ha convertido, durante los dos últimos años, en asunto prioritario para las instituciones europeas.
En este sentido, la nueva propuesta europea de defensa de la Comisión Europea de marzo de 2024 aboga por aumentar el gasto militar, pero también por reorientar la industria europea de las armas y el consumo interno: el negocio de la guerra siempre ha sido boyante en el Viejo Continente, con varias empresas entre las más importantes del mundo, pero en 2022 la Unión Europea todavía compraba un 80% de su armamento en el mercado exterior.










