La Unión Europea ya está recuperada de la pandemia de coronavirus, al menos en términos macroeconómicos. Solo un país de los veintisiete, Chequia, todavía no ha conseguido recuperar su PIB anterior a la crisis sanitaria —Alemania lo consiguió, pero ha vuelto a caer por debajo tras entrar en recesión—, mientras que otros indicadores como el paro también registran una mejor situación que a la que había a cierre de 2019, pocas semanas antes de que comenzasen los cierres masivos y el cese de la actividad.
Sin embargo, si se analiza la situación del espacio comunitario por regiones, no todas han avanzado con el mismo ritmo, de la misma forma que no todas partían de la misma situación cuando llegó el virus. Así se puede comprobar si se atiende a la evolución que ha experimentado durante los últimos tres años el mapa del desempleo en la Unión Europea: entre 2019 y 2022, las regiones donde más ha descendido el paro se concentran en Grecia, España, Italia y Francia, los países del sur comunitario que precisamente arrastran algunas de las tasas de desempleo más altas y estructurales de la Unión Europea.
En Italia, por ejemplo, todas las regiones han mejorado sin excepción sus tasas de desempleo, siendo Calabria el caso más paradigmático: antes de la llegada de la pandemia, esta región del sur del país, una de las más empobrecidas y con menor desarrollo, tenía a un 21% de su fuerza laboral en paro, mientras que ahora el porcentaje se sitúa por debajo del 15%.
La tendencia se repite en el resto del espacio comunitario: las regiones NUTS 2 —una de las subdivisiones territoriales que usa Eurostat para elaborar sus estadísticas— que tenían peores tasas de paro allá por 2019 son por lo general las que más han conseguido mejorar su situación, con zonas de Grecia en donde se han llegado a reducir a la mitad tasas de paro superiores al 24%.
En España, por su parte, solo tres regiones han empeorado su situación respecto de 2019: la ciudad autónoma de Ceuta, Navarra y la Comunidad de Madrid. En la región capitalina, que también ha perdido población en los últimos tiempos, el paro ha subido más de medio punto porcentual y ya se situaba, a cierra de 2022, por encima del 11%.
Por su parte, la regiones de la Unión Europea donde más han empeorado los datos de paro se concentran en países del centro continental como Chequia, Eslovaquia, Austria o Hungría, y en otros del este como Bulgaria y Rumania. También hay cifras peores en los bálticos y zonas de de Finlandia y Suecia. En la mayoría de casos, y salvo contadas excepciones, todas estas regiones partían de situaciones de pleno empelo o con tasas muy bajas e inferiores a la media comunitaria. Además, los aumentos en las tasas de paro no han sido especialmente pronunciados en estos lugares, generalmente menores a un punto porcentual.
De esta forma, el cierre de la brecha laboral que tradicionalmente ha dividido el espacio comunitario, donde ya se registra la tasa de paro más baja de su historia, está mucho más relacionado con una mejora de las zonas que más sufrían el desempleo estructural y la falta de oportunidades que con un deterioro de las regiones más dinámicas y con un mercado de trabajo más asentado.