En el complejo mapa de Oriente Próximo, pocos elementos son más importantes para entender las lógicas que dominan la región como sus dos estrechos marítimos: Ormuz y Bab al Mandeb. Estos angostos pasos, cuellos de botella situados a cada lado de la península arábiga, conectan continentes y mares, son claves para controlar el tráfico de recursos energéticos y constituyen zonas de paso de algunas de las rutas comerciales más importantes del mundo.
Son, también, dos de las principales zonas de disputa geopolítica de las potencias de la región, así como de otros países que ven estos enclaves como elementos estratégicos para defender sus intereses internacionales.
En Yibuti, junto al estrecho de Bab al Mandeb, existen de hecho varias bases militares de países como China, Francia, Arabia Saudí o Estados Unidos, que también mantiene instalaciones militares cerca del golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.
Frente a ellos, Irán, el gran rival de Israel y sus aliados en la región, también ha construido un arco de influencia que conecta ambos cuellos de botella: primero, desde sus propias costas y aguas territoriales en el estrecho Ormuz y el golfo Pérsico. Después, y tras puentear la península arábiga, desde el territorio controlado por las milicias hutíes —aliado de la república islámica— en Yemen, muy cercano a Bab al Mandeb.
Una pinza geopolítica que se sustenta en el llamado Eje de la Resistencia, una alianza informal que se extiende por la media luna chií y que está compuesto por los regímenes sirio e iraní y por organizaciones paramilitares de Líbano, Irak, Yemen o Palestina.
Ormuz y el flujo mundial de petróleo y gas
Situados entre Irán y Omán, los apenas 34 kilómetros de ancho que tiene el estrecho de Ormuz son un paso obligado para todos los hidrocarburos que se extraen en el golfo Pérsico, donde se acumulan nada menos que dos tercios de las reservas mundiales probadas de petróleo y un tercio de las de gas.
Irán, antagonista de Occidente e Israel desde la revolución de 1979, utiliza su extenso litoral para vigilar de cerca la comercialización de unos recursos indispensables para la estabilidad de las principales potencias globales. En los años ochenta, los ataques contra petroleros y cargueros en estas aguas ya fueron habituales durante la larga guerra que mantuvieron la república islámica e Irak. En la actualidad, la detención, embargo y secuestro de embarcaciones es también un movimiento común del régimen iraní —muy dependiente también de la exportaciones de hidrocarburos— para contrarrestar las sanciones internacionales.
Bab al Mandeb, la puerta al mar Rojo
Aún más estrecho que Ormuz, el cruce de Bab al Mandeb es la puerta de paso de todas las rutas que unen el océano Índico y Asia con el mar Mediterráneo y Europa a través del canal de Suez. De la misma forma que sucede con Ormuz, en los años setenta este cuello de botella ya fue protagonista destacado durante otro conflicto armado en la región, la guerra de Yom Kipur de 1973, que enfrentó a una coalición liderada por Egipto y Siria contra Israel.
El ataque de la coalición árabe incluyó un bloqueó del estrecho de Bab al Mandeb con el objetivo de frenar el suministro de petróleo que llegaba a Israel desde Irán, por aquel entonces aliado occidental. Junto a esto, los países de la OPEP anunciaron subidas de precios, recortes de producción y un embargo petrolero que se extendió varios meses y que impactó de lleno a países como Estados Unidos o Países Bajos.
Durante los últimos meses, los ataques hutíes contra buques mercantes en el mar Rojo como respuesta a la guerra en Gaza han vuelto a poner en evidencia la importancia de unas aguas enclaustradas entre dos cuellos de botella —Bab al Mandeb y el canal de Suez— y por las que transita el 12% del comercio mundial y el 30% del tráfico de contenedores.
Ormuz, Bab al Mandeb y el comercio internacional
Tanto el estrecho de Ormuz como el de Bab al Mandeb son escenarios de las rencillas geopolíticas de los países que tienen acceso de una u otra forma a sus aguas. Pero tal y como se ha visto, su importancia trasciende la región: en ellos confluyen algunas de las rutas marítimas más sensibles para la navegación global, incluida la gran ruta de circunnavegación que une los principales puertos del planeta y que atraviesa los grandes cuellos de botella del mundo.
Los dos estrechos de Oriente Próximo se encuentran de hecho a medio camino entre los centros productivos de Asia oriental y los mercados de consumo de Europa y Norteamérica. Una cadena de abastecimiento que parte de las fábricas de China y cruza el océano Índico hasta los yacimientos de gas y petróleo que se esperan tras el estrecho de Ormuz. Desde ahí, la ruta continúa hacia el estrecho de Bab al Mandeb y cruza el mar Rojo y el canal de Suez hasta llegar a los enclaves comerciales europeos, desde donde salta también a Norteamérica y sus grandes puertos del este.


