Europa es uno de los centros neurálgicos de la navegación mundial. Por los mares y océanos que rodean el continente circulan algunas de las rutas marítimas más transitas del mundo, sus costas cuentan con algunos de los puertos más importantes y las cifras sobre comercio demuestran la importancia del transporte marítimo para el desarrollo de la región: solo en la Unión Europea, un 77% del comercio extracomunitario se realiza por vía marítima.
Los primeros indicios de rutas marítimas consolidadas en Europa tienen al menos 4.000 años de antigüedad, cuando los mercaderes y navegantes minoicos y fenicios establecieron las primeras conexiones entre las poblaciones que se repartían a lo largo de la costa mediterránea europea.
Desde entonces, el desarrollo del continente se ha mantenido estrechamente vinculado a la navegación: la exploración marina y el dominio militar de los océanos han sido los grandes sostenes de los imperios de ultramar nacidos en Europa, mientras que los caladeros de pesca han servido como alimento durante siglos a la población de la región, con su consiguiente impacto: en la actualidad, el Mediterráneo y el Mar Negro son dos de las zonas pesqueras más sobreexplotadas del mundo.
A nivel global, Europa se sitúa como uno de los principales nodos de la gran ruta de circunnavegación mundial, una gran cadena de suministro que conecta los grandes polos industriales y productivos con los principales mercados de consumo. Las mercancías parten de las fábricas localizadas en el sudeste asiático, atraviesan el estrecho de Malaca y el océano Índico y se adentran en el mar Rojo por el estrecho de Bab al Mandeb hasta llegar al mar Mediterráneo tras cruzar el canal de Suez.
Esta ruta es, parcialmente, la misma que siguen los recursos energéticos que se extraen en el Golfo Pérsico, desde donde los barcos petroleros y metaneros abastecen el mix energético europeo. El transporte marítimo es de hecho una pieza clave en el plan energético de Europa, muy limitada a nivel de yacimientos y recursos y dependientes de la importación de materias primas.
Desde Europa, la gran ruta de circunnavegación también conecta el Viejo Continente con los puertos americanos, sobre todo los que se sitúan en la costa este de Estados Unidos y que dan acceso a los potentes mercados del país.
A nivel portuario, De los 100 puertos más grandes que existen en el mundo unos veinte se sitúan en el Viejo Continente. Entre ellos están el de Hamburgo, Amberes, Róterdam, Valencia o el Pireo, conectados con las principales rutas marítimas y donde gestionan millones de contenedores todos los años.
En los últimos años, China, la gran potencia marítima del mundo, ha aumentado su presencia en muchos de los puertos europeos mediante potentes inversiones y operaciones diplomáticas, adquiriendo en algunos casos gran parte del control de las infraestructuras.
Europa también es uno de los centros de la navegación recreativa. El Mediterráneo y la región de la Macaronesia (Canarias, Madeira, Azores y Cabo Verde) son de hecho el segundo destino turístico de cruceros más popular del mundo, solo por detrás del Caribe.