Más de seiscientos años fue lo que duró el Imperio portugués, el primer gran imperio de la era moderna. Gracias a sus innovadoras técnicas de navegación, el descubrimiento de nuevas rutas comerciales y su motivación por alcanzar nuevos territorios, el Imperio portugués llegó a estar presente en Europa, América, África y Asia. Además, fue uno de los imperios coloniales europeos más longevos, ya que ejerció control sobre sus territorios de ultramar desde 1415 hasta 1999.
Aunque sus raíces provienen de siglos anteriores, el Imperio portugués se inicia en el 1415 cuando consiguen el control de Ceuta, en el norte de África. Durante este siglo los portugueses inician la exploración de la costa oeste de África con el objetivo de cartografiar nuevos territorios y encontrar nuevos puntos de comercio. Los primeros descubrimientos de los portugueses fueron Madeira en 1419 y las islas Azores en 1427. Estos territorios proporcionaron a Portugal recursos naturales como madera y azúcar pero, además, les permitieron establecer bases para apoyar sus expediciones.
Durante la exploración de las costas africanas, los portugueses establecieron puestos comerciales en territorios como Senegal, Gambia, Guinea y Cabo Verde, donde se intercambiaban oro, marfil y esclavos. Las misiones marítimas continuaron y en 1487 el portugués Bartolomeu Dias consiguió rodear por primera vez África tras superar el Cabo de Buena Esperanza.
Los avances territoriales logrados por el Imperio portugués coincidieron en el tiempo con el descubrimiento de América por parte del reino de España en 1492. Así, los Reyes Católicos y el rey de Portugal, conscientes de que la disputa por el control de los nuevos territorios podían ocasionar una nueva guerra, decidieron dividir el mundo en dos mitades mediante el Tratado de Tordesillas. Así, la parte situada al este sería para los españoles y los territorios al oeste de la línea para los portugueses.
Tras la firma del tratado, y facilitado por la una nueva ruta marítima, el portugués Vasco da Gama rodeó el continente africano, navegó el océano Índico y alcanzó la ciudad india de Calicut en 1498. La llegada de los portugueses a Asia supuso el principio de una era de prosperidad y poder para el Imperio portugués. Así, en 1510 convirtieron a la ciudad de Goa en la India, en la capital del Imperio en Asia. Más tarde, en 1511, se hicieron con el control del puerto de Malaca, en el estrecho que separa Malasia e Indonesia, lo que les permitió controlar el comercio de especies hacia Europa. Unos años más tarde, en 1515, los portugueses se hicieron también con el control del estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico. Con el proceso de expansión, los portugueses llegaron a Macao en 1557, donde establecieron un enclave comercial.
El Imperio portugués no se limitó a territorios africanos y asiáticos, también mandó tripulaciones a las Américas. Fue en el año 1500 cuando Pedro Álvares Cabral desembarcó en Brasil, cuyo potencial agrícola hizo que la metrópoli estableciera grandes plantaciones de azúcar, convirtiendo este recurso en la nueva fuente de riqueza para los portugueses.
Todos estos logros hicieron del siglo XVI el siglo de oro para el Imperio portugués. Durante este período tuvieron el control de territorios como Ceilán (actual Sri Lanka), India, Malasia, Timor Oriental, Formosa (actual Taiwán), Macao, las islas Molucas, Angola, Mozambique e incluso presencia en Nagasaki.
A pesar de las victorias en el extranjero, a finales de siglo el Imperio se enfrentó a una crisis interna. Con la muerte del rey Sebastián I sin descendencia, el trono quedó vacante y el siguiente en la lista de sucesión, el cardenal Enrique, también falleció. Así, Felipe II, rey de la monarquía hispánica e hijo de Isabel de Portugal, aprovechó la ocasión y reclamó su derecho al trono portugués. Pero, no iba a ser tan sencillo, ambas coronas iniciaron una guerra de sucesión que acabó con la victoria de la corona española. Así, en 1580 Felipe II unificó ambos reinos bajo la Unión Ibérica.
Esta unión no gustó a los portugueses, quienes vieron cómo los enemigos de España ahora atacaban también sus territorios. De hecho, Holanda arrebató a Portugal territorios como Malaca y Ceilán. Las pérdidas territoriales y el descontento general por la unión con los españoles provocó una rebelión que logró la independencia de Portugal en 1640. Tras su emancipación, los portugueses se centraron en mantener y explotar Brasil, su colonia más valiosa.
En el siglo XVIII, y en el contexto de las guerras napoleónicas, Portugal fue conquistada por las tropas francesas en 1807. Ante esta invasión la familia real se exilió en Río de Janeiro. Con el fin del Imperio Napoleónico, el rey Juan VI volvió a Portugal en 1821, dejando a su hijo, Pedro I de Braganza, como regente de Brasil. En 1821 Pedro I declaró la independencia de Brasil y se autoproclamó emperador. Así, el Imperio portugués perdía su colonia más importante.
Esta gran pérdida motivó a Portugal a pedir al resto de potencias en la Conferencia de Berlín (1885) que se le permitiera expandirse hacia el interior de los territorios que ya poseía de Angola y Mozambique. A su vez, también explicó su plan de unir el océano Atlántico y el Pacífico a través del llamado ‘Mapa Rosa’, que incluía los actuales Zambia y Zimbabwe. Sin embargo, estos intereses chocaron con los de su aliado histórico, Reino Unido. En 1890 los ingleses presentaron un ultimátum a los portugueses, quienes aceptaron y retiraron las tropas de las tierras disputadas. A pesar de ello, Portugal sí mantuvo sus otras colonias africanas durante el siglo XIX.
El siglo XX en Portugal estuvo caracterizado por la dictadura conservadora y nacionalista de Antonio de Oliveira Salazar. Durante este régimen, en la década de los sesenta, comenzaron las guerras de independencia en territorios como Angola, Mozambique o Guinea Bissau, lo que debilitó a Portugal.
En 1974, la conocida como Revolución de los Claveles acabó con la dictadura más larga de Europa y estableció un gobierno formado por militares progresistas. Este nuevo Gobierno apoyó la independencia de las colonias africanas y para 1975, Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe ya eran territorios independientes. No fue hasta 1999, con la entrega de Macao a China, que se puso fin al Imperio portugués.







