Kaliningrado es un pequeño óblast de la Federación Rusa que constituye el territorio más occidental del país. Cuenta con unos 15.100 km² (algo menos que la provincia de Toledo en España) y una población inferior al millón de personas, que además se encuentra en pleno declive demográfico. La singularidad de Kaliningrado está en que se trata de un enclave de Rusia en el mapa del mar Báltico que se sitúa entre Polonia y Lituania, dos países de la Unión Europea y la OTAN, por lo que no cuenta con acceso directo al resto del coloso euroasiático.
En torno a la mitad de la población del óblast de Kaliningrado se localiza en la ciudad homónima, la antigua Königsberg, ciudad históricamente alemana y corazón de la antigua Prusia desde la cual se conformó la moderna Alemania. No obstante, tras la II Guerra Mundial el territorio paso a manos de la URSS, que lo integró en Rusia y lo rusificó. Tras la descomposición de la URSS, Kaliningrado quedó aislado del resto de Rusia, convirtiéndose en una avanzadilla rusa en Europa occidental y a la vez en un enclave difícil de proteger de la influencia occidental.
De este modo, Kaliningrado tiene dos formas de conectarse con el mapa del resto de Rusia: por un lado, bordeando el mar Báltico hasta San Petersburgo; por el otro, a través del territorio de las repúblicas bálticas y Bielorrusia. Esta posición deja a Kaliningrado en una situación privilegiada para favorecer la integración entre Rusia y la más próspera Unión Europea, pero también la hace muy vulnerable a las malas relaciones entre ambos.
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