El mar Báltico es un vasto mar interior situado en el norte de Europa conectado al mar del Norte a través de una serie de pasos marítimos: los estrechos daneses (Gran Belt, Pequeño Belt y Øresund), que desembocan en el estrecho de Kattegat y, a su vez, en el de Skagerrak, antes de alcanzar el mar vecino. Con una extensión de 433.000 kilómetros cuadrados, el mar Báltico baña las costas de Dinamarca, Suecia, Finlandia, Rusia, los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), Polonia y Alemania, influyendo en la geopolítica de toda la región.
Desde la Edad Media, este mar ha sido un eje comercial y de poder para distintas civilizaciones. La Liga Hanseática, una red de ciudades mercantiles germanas, monopolizó el comercio en la región durante siglos, mientras que la Orden Teutónica expandió su dominio en territorios que hoy corresponden a Polonia y los Estados bálticos. En el siglo XVII, el Imperio sueco emergió como una gran potencia en la región, llegando a controlar gran parte de sus costas y convirtiéndose en un actor clave en la política europea.
Sin embargo, tras la Gran Guerra del Norte (1700-1721), Rusia logró arrebatarle gran parte de sus territorios y asumió el papel de principal potencia báltica. Finalmente sería desde Prusia, con núcleo en el actual Kaliningrado, desde donde se iniciaría el proceso para la unificación alemana.
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