El mapa físico de Turquía está marcado por la situación del país en el cruce de dos continentes, Europa y Asia. El país está caracterizado por un relieve compacto y abrupto, con grandes cordilleras periféricas y grandes mesetas interiores entre los mares Egeo, Negro y Mediterráneo. Esta complejidad del relieve ha dado lugar a una amplia variedad de paisajes y regiones socioculturales que, a lo largo de la historia, han marcado la economía, política y sociedad del país.
La principal unidad del relieve turco es la península de Anatolia, que ocupa la mayor parte de la parte asiática del país y conforma su propia subplaca tectónica. Una península con grandes semejanzas con la península ibérica. Se trata de un bloque macizo elevado que da lugar a una extensa meseta interior seca y continentalizada con varias cuencas interiores y rodeada por cordilleras periféricas.
En la costa del mar Negro, al norte del mapa físico de Turquía, se encuentra una cadena montañosa que discurre paralela a la costa y que se conoce como los montes Pónticos o Alpes Pónticos. En esta zona las montañas, muy próximas a la costa, atrapan la humedad del mar Negro, constituyendo una región conocida por su clima húmedo y sus densos bosques.
Al sur, la meseta de Anatolia queda limitada por los montes Tauro que se ramifican hacia el este en dos subcordilleras: el Antitauro, que va desde la costa mediterránea al noreste hasta tocar con los montes Pónticos y el monte Ararat (donde la mitología sitúa el arca de Noé); y el Tauro oriental, que se dirige hacia la frontera con Irán e Irak. Entre estas cordilleras del mapa físico de Turquía y los montes Pónticos queda una extensa meseta, el Altiplano armenio, donde se encuentra el extenso lago Van y el nacimiento de los ríos Tigris y Éufrates, que luego atraviesan el Tauro oriental camino a la llanura mesopotámica.
En el franco occidental, la meseta de Anatolia no está cerrada por ninguna cordillera propiamente dicha, sino por la transición de la meseta a la costa que da un relieve igualmente montañoso. Esta es la parte más recortada de la costa, con numerosas penínsulas e islas de lo que antaño fue un paisaje montañoso ahora sumergido bajo el Egeo.
La parte Europea de Turquía no es tan montañosa, destacando sólo la sierra de Istranca, de escasa altitud comparada con el resto del mapa físico país. Esta parte europea, Tracia, queda separada de Anatolia por el mar de Mármara y los estrechos de Dardanelos y el Bósforo. Tracia, junto con Anatolia, son los núcleos del actual Estado turco, mientras que las regiones montañosas del este-sudeste son el territorio kurdo, rico en agua, pero discriminado políticamente por Ankara.
El relieve de Turquía ha sido clave en su historia, política, economía y sociedad. El entorno abrupto ha dificultado la comunicación y la unificación política del país, dando lugar a la fragmentación de Anatolia en regiones socioculturales diferentes. La zona costera del mar Negro, por ejemplo, ha estado históricamente aislada del resto del país debido a la dificultad del acceso por tierra. Por otro lado, las montañas han sido una fuente importante de recursos naturales tan importantes como el agua, que juega un papel fundamental en la política exterior turca en Oriente Próximo.